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las chicas quieren divertirse

  1. #1
    ForoParalelo: Miembro Avatar de cypo
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    las chicas quieren divertirse

    que diría Cyndi Lauper. ¿ Pero qué clase de diversión tiene ser camarera de sol a sol?. A una mulata que conozco no parece importarle porque trabaja codo con codo con el macarra de su chico. Yo pienso si mejores prestaciones de dinero y ocio no serían más atractivas. Pero ellas lo quieren aquí y ahora. Lo que en el caso de la mulata me la pela porque nunca me interesó. Pero veo que si tienen carne cerca les da igual la esclavitud. Así que nos podemos devanar los sesos para darle vidilla a una tía. Pero es mejor que nos la demos nosotros. Primero porque las tías no tienen paciencia para las grandes empresas. Segundo porque son unas fracasadas natas que llaman diversión al porro y aburrimiento a un viaje académico por Europa. Por eso cierta persona que conozco viaja por Europa. Siempre le importó más la academia de la ciencia que la de la juerga. De cualquier modo, y dado que somos prescindibles, todo parece indicar que velar por el goce propio de la carnaca de mujer es más sensato que darle vidilla a una para ver si gozamos de la carnaca de una mujer. De una en concreto. Siempre vamos en pretérito y buscando perfeccionismos románticos para impresionar. Eso, lo contrario a la singularidad, y una apuesta cero cinismo por el futuro, hace poderosos a los pijos: su plutocentrismo expresable en tropecientas mil maneras. Yo sólo caigo en el monoputónverbenerocentrismo. Vamos, que me molan locas del coño. Una loca cada vez. Y las asfixiaría bajo la mesa camilla para proveerlas de un gran viaje...

    estoy depre, shures

    escribiré y escribiré y el floro me cargaré

  2. #2
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  3. #3
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    que diría Cyndi Lauper. ¿ Pero qué clase de diversión tiene ser camarera de sol a sol?. A una mulata que conozco no parece importarle porque trabaja codo con codo con el macarra de su chico. Yo pienso si mejores prestaciones de dinero y ocio no serían más atractivas. Pero ellas lo quieren aquí y ahora. Lo que en el caso de la mulata me la pela porque nunca me interesó. Pero veo que si tienen carne cerca les da igual la esclavitud. Así que nos podemos devanar los sesos para darle vidilla a una tía. Pero es mejor que nos la demos nosotros. Primero porque las tías no tienen paciencia para las grandes empresas. Segundo porque son unas fracasadas natas que llaman diversión al porro y aburrimiento a un viaje académico por Europa. Por eso cierta persona que conozco viaja por Europa. Siempre le importó más la academia de la ciencia que la de la juerga. De cualquier modo, y dado que somos prescindibles, todo parece indicar que velar por el goce propio de la carnaca de mujer es más sensato que darle vidilla a una para ver si gozamos de la carnaca de una mujer. De una en concreto. Siempre vamos en pretérito y buscando perfeccionismos románticos para impresionar. Eso, lo contrario a la singularidad, y una apuesta cero cinismo por el futuro, hace poderosos a los pijos: su plutocentrismo expresable en tropecientas mil maneras. Yo sólo caigo en el monoputónverbenerocentrismo. Vamos, que me molan locas del coño. Una loca cada vez. Y las asfixiaría bajo la mesa camilla para proveerlas de un gran viaje...
    El autentico y genuino.
    Si el sitio al que me llevas vale más de 20€ me piro con @freuidsamantha.
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  4. #4
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    la negra de turno ha crecido en la más terrible de las inmundicias y desde pequeña ha aprendido a rajar cuellos con tal de lamer la cáscara de un plátano, asi que si le das un trabajo precario lo coge con alegría

  5. #5
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    Sabias palabras...

  6. #6
    ForoParalelo: Miembro Avatar de Lampard
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    Todo esto para decirnos que no te hacen caso por pelma.
    Porque les escuese bien durito cuando las culian bien el pingao

  7. #7
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    Cita Iniciado por Lampard Ver mensaje
    Todo esto para decirnos que no te hacen caso por pelma.
    me la dejan de hacer. Tengo unos buenos acercamientos educados, simpáticos, comprensivo y hasta protector. Cuando se me enchochan me ACOJONO y pienso " de aquí no va a pasar". Entonces me encojo, me inhibo, ninguneo y... ¡ efectivo! de ahí no pasa...

    por eso quiero una que no espere a que la fusilen una y otra vez. Si tanto te molo, si te acuestas conmigo, si dices que no quieres decidir nada con tu vida sin consultarme... ¿ por qué coño no me das el toque de gracia para espabilarme? pues eso. Que no encuentro una que esté blancanieves free y que sólo use a su maléfica interior. Porque tiendo a caer enamorado de las switch sin darme cuenta. De algún modo a buscar las delicadas florecitas que tanto supuestamente odio.
    escribiré y escribiré y el floro me cargaré

  8. #8
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    Cita Iniciado por Enchorm Ver mensaje
    la negra de turno ha crecido en la más terrible de las inmundicias y desde pequeña ha aprendido a rajar cuellos con tal de lamer la cáscara de un plátano, asi que si le das un trabajo precario lo coge con alegría
    lamer, lamen bananas. La cáscara como si se las pones de cocos.
    escribiré y escribiré y el floro me cargaré

  9. #9
    ForoParalelo: Miembro Avatar de cypo
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    Cita Iniciado por Eltortuga Ver mensaje
    País nuncafollista,ya te saldrá alguna mujer
    si no es por el agujero. ¡ Será por bujeros!. Es por la disonancia. Necesito mujer con fuerza para pelear en la Res Pública pero vocación de dinamitera.
    escribiré y escribiré y el floro me cargaré

  10. #10
    ForoParalelo: Miembro Avatar de Padillakis
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    JUAN MANUEL DE PRADA ANTE EL PAPEL
    En la primavera de 1997, interesado en el joven autor de 26 años que había demos- trado una madurez desconcertante, conseguí hacerle una entrevista para la Radio Univer- sitaria de Salamanca, que, por una reforma radical en la emisora, nunca fue emitida. En octubre, de Prada obtuvo, a tan temprana edad, el Premio Planeta, convirtiéndose en lo que es ahora, un autor de primera fila en la literatura española, y un técnico de la emisora con sentido ético me llamó para entregarme la grabación. Me dirigí a la prensa para publi- car la entrevista, juzgando que sería bien recibida, pero no obtuve respuesta. Por fin, des- pués de tanto tiempo, he decidido dar a conocer aquella entrevista, que fue hecha en toda profundidad y que desvela ante nuestros ojos cómo son los comienzos de un autor joven y desconocido, que se ha convertido, por cierto, en el más controvertido ideológica y lite- rariamente de la actualidad.
    Juan Manuel apareció en el Café Novelty con aire de estudiante despistado, con su caminar desgarbado, con su bondad y su respuesta rápida. Era sencillo y tranquilo, a pesar de su castellano culto y su erudición, y tenía la mirada del amigo aplicado del instituto de toda la vida. En el estudio de radio, estaba como en el salón de casa.
    Muchos escritores han pensado siempre en sí mismos como en alguien que había nacido para escribir; es decir, que a sus propios ojos se sentían diferentes de los demás desde el principio. ¿Es ésa realmente la opinión que Juan Manuel de Prada tiene de sí mismo?
    Hombre, sí, ésa es una opinión yo creo fácilmente compartible por cualquier escritor, otra cosa es que luego haya escritores que a eso le intenten dar un contenido mesiánico, y considerar que porque han nacido para escribir tienen una misión especial y transcendental en su vida. Yo, sí, siempre he sabido que quería ser escritor, pero con la misma naturalidad con que otros saben que quieren ser fontaneros, o cirujanos, o jardineros, es decir, una vocación sin mayores pretensiones.
    En su novela Las Máscaras del Héroe escribió que toda literatura es plagio, fragmen- to que fue subrayado por don Gonzalo Torrente Ballester en la presentación del libro. ¿Bromeaba usted cuando usaba la palabra plagio?
    Bueno, sí, supongo que eso lo dirá Fernando Navales en algún pasaje de Las Máscaras del Héroe. Sí, digamos que bromeaba; en cualquier caso a estas cosas nunca hay que darles demasiada importancia. Virgilio reescribió la Ilíada para ofrecernos la Eneida, Shakespeare al parecer pirateó muchos párrafos de otras obras teatrales que introdujo en las suyas; tam- poco hay que tener un concepto demasiado purista de la literatura, en la literatura no se in- venta nunca nada, todo está inventado, y, como decía Eugenio D’Ors, todo lo que no es tradición es plagio. Es muy difícil, muy, muy difícil escribir algo sin contar con los pre- cedentes que uno tiene detrás.
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    ¿Dónde pondría entonces el límite para este plagio, o es que todo vale?
    Hombre, no, no, todo vale no, es decir, el plagio no vale, el plagio en un sentido es- tricto, es decir, copiar a otro escritor, eso no vale; lo que sí vale es, como te digo, el echar la vista atrás, como la echaba Virgilio hacia Homero.
    Hablando de esta intertextualidad a lo largo de la historia, uno de los autores que usted afirma que le han impresionado es Marcel Proust, aunque, como bien afirmó don Gonzalo Torrente, su forma de escribir no se parece nada a la de Proust, a pesar de que a usted le haya influido quizá en otros aspectos menos formales. Proust dijo que el genio consistía en la facultad de reflejar, y no en el valor intrínseco de la cosa reflejada.
    Sí, claro, por supuesto.
    Sin embargo, usted ha elegido unos temas muy concretos. ¿Qué importancia tiene el te- ma, o la elección del tema, y qué importancia le da usted a la forma? Es decir, usted ha ele- gido, por ejemplo, en Las Máscaras del Héroe, una época histórica muy importante para la literatura española; y sin embargo, si usted está de acuerdo con que lo importante no es la cosa, ¿por qué elige entonces un tema así, o el de Coños, por ejemplo?
    No, pero bueno, vamos a ver, lo que importa en literatura efectivamente es cómo cuen- tes las cosas, porque si tú tienes el mejor tema del mundo y no sabes escribir, pues no logras nada, no consigues nada a partir de ahí; la literatura tiene que transcender la reali- dad, es una manera de metamorfosear la realidad, entonces... Yo he leído grandes novelas con asuntos nimios, con asuntos sin ninguna importancia. Eso no quiere decir que haya que desdeñar el tema. El estilo edificado sobre la nada son pompas de jabón. Eso resultaría gro- tesco. Ahora, el mejor tema del mundo, sin un tratamiento adecuado, sin un tratamiento literario, pues tampoco alcanza esos niveles de literatura que uno espera encontrar en un libro.
    ¿Por qué cree usted que, cuando se anuncia una novela, se hace un breve resumen del argumento y nunca se hace mención de sus cualidades formales?
    Bueno, tampoco es exactamente así, hay veces que sí se hace mención a este aspecto, pero es normal, es decir, la literatura es un producto que, por fortuna o por desgracia, está metido en el mercado, está sujeto a las leyes de mercado, y lo que un editor busca es hacer simpático o atractivo ese producto, que se supone que es su misión; ya te digo, no sé si por fortuna o por desgracia, la literatura ya no es algo que transcurra solamente en el ga- binete de un escritor, sino que es una mercancía que entra en competición con otras mer- cancías y que está sujeta a la demanda, y a la oferta, y a todas estas historias; y quizá por eso sea.
    Usted ha colaborado en una experiencia consistente en restaurar una obra inaca- bada de uno de sus autores favoritos, Edgar Allan Poe. ¿Ha sido emocionante esta reciente experiencia tan borgiana de intentar ser Poe durante unas hojas?
    Sí, es una tarea muy interesante, muy divertida; a mí efectivamente Edgar Allan Poe ha sido un autor que me interesó mucho desde pequeño, y, entonces, digamos que enfren- tarme con un texto que él había empezado y que la muerte le impidió concluir, ha sido efectivamente muy agradable. También creo que me ha hecho ver que la literatura es un trabajo humilde y artesanal. Antes hablábamos de la tradición: un escritor es sobre todo un artesano. Y yo nunca he creído en esa imagen del escritor iluminado que viene a cam-
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    biar el mundo; en este sentido, digamos que esta tarea de completar un cuento de Poe me ha hecho sentirme mucho así, como un artesano que continúa una tradición. Eso a mí me parece que está muy bien, ¿no?
    ¿Y cómo surgió esta propuesta?
    Bueno, pues de una pequeña editorial de Barcelona, Ediciones Áltera; Al parecer llegó a sus manos este fragmento de un cuento de Poe, publicado en las Obras Completas de Poe en las ediciones americanas e inglesas, pero no en España –era inédito en España–, y, a partir de ese fragmento, se les ocurrió contactar con media docena de escritores es- pañoles, de todas las edades y estilos, desde Juan Perucho, a José Jiménez Lozano, a Gustavo Martín Garzo..., en fin, una serie de escritores; y nos propusieron concluirlo, cada uno sin ningún tipo de directriz, como nos apeteciese.
    ¿A qué escritor consideraría un genio entre sus coetáneos, si es que hay alguno?
    Hombre, considerar un genio... me parece una cosa excesiva. Salvo casos muy aisla- dos, como pueda ser el caso de Rimbaud, o alguien así, no creo que se pueda ser genio con menos de treinta años. Yo creo que un escritor, si acaso, sus primeras obras de fuste empieza a producirlas a partir de los cuarenta años, ¿no? Así es que ahora mismo no se puede saber, hay mucha confusión... Generalmente, todas las generaciones literarias em- piezan a trabajar en medio de una gran confusión; junto a escritores que el día de mañana van a ser potables, hay otros muchos que carecen de interés, lo que pasa que todavía no nos damos cuenta, porque sus primeras obras parece que intuyen algo, pero no sabemos si ese algo va a cuajar o no; de modo que ésa es una pregunta que no se puede responder.
    ¿Preferiría ser menos famoso para poder observar la realidad tal y como es?
    No; la realidad siempre se puede observar con las servidumbres de la fama –bueno, en este caso de la literatura, la fama yo creo que es una fama muy, muy relativa–. Eso da igual; lo peor de la fama, o de ser un escritor conocido y demás, son las pequeñas servidum- bres, gente que te llama para ir a dar una conferencia, y en fin, todas estos pequeños incon- venientes que tiene el trabajo literario. Pero, por lo demás, no; yo creo que simplemente te da una visión distinta, es una visión probablemente más adulta, menos inocente de las cosas.
    Usted ante el papel, ahora que ya ha tenido un cierto éxito, ¿se siente más cómodo, se siente más a gusto que antes, cuando no sabía si se iba a vender, si se iba a publicar, si al- guien iba a leer lo que estaba haciendo?
    Bueno, digamos que la sensación es distinta. Antes, cuando era un autor inédito, di- gamos que tenía más libertad, menos responsabilidad; yo escribía un poco, digamos, sin ningún tipo de cortapisa, sin ningún tipo de responsabilidad que me coartase; ahora, cuando ya eres un autor con una obra publicada, cuando efectivamente tienes un público que está esperando tu segundo libro, esa responsabilidad pesa mucho; e inevitablemente eso cambia tu actitud ante la escritura.
    ¿Se siente alejado del autor que presentó el proyecto de escribir Coños a Valdemar?
    No, no, en absoluto; tampoco me puedo sentir muy lejano puesto que ahora se cumplen dos años.
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    Sí, pero han pasado muchas cosas en su vida, ¿no?
    Sí, pero sigue siendo un libro que me divierte, vamos, aunque no lo he releído nunca, por supuesto. Creo que es un libro que tiene su gracia, y del que no reniego; es más, fue un libro que para mí significó muchas cosas; a parte de editar, fue un libro que me dio muchos lectores.
    Las Máscaras del Héroe ha tenido ya su quinta edición. ¿Cuántos españoles cree que habrán leído ya alguna obra suya?
    Hombre, pues no lo sé; sinceramente, no creo que todas las personas que compran un libro lo lean. Pero también es cierto que hay libros que los lee más de una persona, porque están en las bibliotecas, o porque un amigo se lo pasa a otro. No lo sé, no lo sé... Del libro que más he vendido, que es de Las Máscaras del Héroe, he vendido unos treinta mil ejemplares, entonces... Digamos que podría tener treinta mil lectores, alguno más o alguno menos, dependiendo de si esos libros han sido más o menos leídos.
    ¿Sabe usted si hay alguna región de España donde Prada venda más?
    Sí, en Madrid, yo donde más vendo es en Madrid; no ya por número de habitantes, que sería algo normal, sino por porcentaje; haciendo cálculos entre el número de habitantes y el número de ejemplares vendidos, yo donde más vendo es en Madrid. Es normal, puesto que yo colaboro en la prensa de Madrid; por eso, digamos que mi firma es sobre todo más conocida en la prensa de Madrid.
    Fuera de España, ¿dónde ha sido traducido Juan Manuel de Prada?
    Bueno, pues he tenido traducciones de todo tipo, curiosas; Coños, por ejemplo, está traducido al italiano y al finlandés, lo cual siempre me ha llamado mucho la atención; su- pongo que los finlandeses lo han traducido para entrar en calor en los meses de más rigu- roso invierno. Y, luego, el libro de cuentos, por ejemplo, está traducido al francés; y Las Máscaras del Héroe todavía no ha aparecido publicada en ningún sitio pero hay tres o cuatro países, Alemania, Francia, Portugal, en los que se está traduciendo.
    ¿Qué siente usted ante las críticas?
    Bueno, pues depende ante qué críticas, es decir, que hay críticas que ayudan al escri- tor, que le ayudan a formarse, y hay críticas que no le ayudan a nada, ni siquiera creo que merezcan la recompensa de una rabieta. El problema de la crítica en España es que está hecha por amigos y por enemigos, y no solamente en literatura, creo que en cualquier otro arte, en pintura, en cine; son mundos muy endogámicos, mundos donde nos conoce- mos todos, y entonces se suele dar mucho este fenómeno, el amigo o el enemigo que te hace una reseña, y dependiendo de esa amistad o enemistad la reseña es muy laudatoria o muy denigrante para tu libro. Así es que yo la verdad es que he tenido sobre todo reseñas muy laudatorias de gente –no te diré amigos, pero sí de gente que simpatiza con- migo–, que efectivamente han sido muy laudatorias pero que a lo mejor no hay que con- siderar tanto como una reseña neutral; y he recibido críticas feroces de enemigos. Pero también hay críticos, afortunadamente, que se mantienen a una distancia discreta y cuyas críticas me han ayudado mucho, por ejemplo te podría decir el caso de Ricardo Senabre, que es crítico del ABC y profesor de la Universidad de Salamanca, como caso de un crítico, creo yo, bastante entero, y un crítico que se debe sobre todo a sus lectores.
    132

    ¿Le afecta recibir halagos de gente que le dobla la edad?
    No. Hombre, procuro rehuir los halagos, procuro sinceramente rehuir los halagos, porque creo que son bastante malos para el escritor. Creo que en cualquier caso hago poca vida literaria y digamos que no fomento este tipo de conductas; ni el halago ni el denuesto, digamos que procuro mantenerme alejado de ambos. Pero, bueno, si vienen halagos, y si esos halagos provienen de personas que son sinceras, pues bueno, bienvenidos sean.
    En cuanto a las críticas negativas, ¿podría mencionar quizá la que más le dolió?
    No, no; a mí las críticas en general no me duelen, ni me exaltan las positivas ni me duelen las negativas. Creo que en el escritor es la condición primordial para mantenerse un poco ecuánime y al margen de todo el barullo que pueda suscitar su obra. Yo jamás me he dejado conmover excesivamente por una crítica.
    ¿Qué edad tenía cuando obtuvo su primer reconocimiento literario como escritor pro- fesional?
    Cuando publico mi primer libro. Yo hasta ese momento, había ganado premios en con- cursos, de cuentos y demás, pero eran reconocimientos que no tenían repercusión. Yo creo que mi primer reconocimiento profesional habría que considerar que fue Coños, precisamente.
    Es decir, cuando se enteró de que le iban a publicar Coños, precisamente..., que creo que surgió además como una propuesta suya a la editorial.
    Sí, fue una idea que... que les hice, efectivamente a los editores de Valdemar –yo en principio iba a publicar El silencio del patinador, ése iba a ser mi primer libro, pero hablan- do con ellos, pues surgió esa idea y ellos me encargaron, me propusieron que me atreviese a escribir este libro.
    De manera que al hablar de El silencio del patinador nos ponemos en un Juan Manuel de Prada escritor más joven que en Coños, realmente, como escritor, un Juan Manuel de Prada de...¿ diecinueve años quizá, o...?
    Los cuentos de El Silencio del Patinador son entre diecinueve y veintitrés, veinticuatro años. Sí.
    Cuando publicó Coños y, bueno, tenía apalabrado más o menos El Silencio del Pati- nador, ¿qué pasó por su cabeza? ¿Pensó que todo podía ser un espejismo efímero en algún momento, o estaba ya seguro de que iba a seguir publicando siempre?
    Bueno, el mundo editorial es muy aleatorio, y nunca se sabe por dónde va a discurrir tu destino; pero lo que sí es cierto es que lo más complicado para un escritor es publicar por primera vez. Eso es lo más complicado. Así que yo sabía que había dado el paso más difícil.
    El humor negro y las metáforas sexuales crudas, quizás matizadas, también, por el mismo humor, son la sal y la pimienta, si se puede decir así, de su escritura. ¿Considera usted que la expresión tiene derecho a deformar la realidad para conseguir mayores efec- tos?
    Sí, por supuesto, cómo no. Yo creo que en literatura uno puede hacer lo que le salga de las narices; todo es válido, todo sirve, y, bueno, cada escritor tiene sus obsesiones personales,
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    digamos que mi mundo es bastante negro, bastante absurdo también, bastante... Ha mencio- nado usted el humor negro, como un ingrediente bastante claro, y también el uso del sexo, de un sexo tenebroso; y, sí, todo ello... da una literatura un poco expresionista, un poco esperpéntica, pero bueno, me parece una solución como cualquier otra, todo me pa- rece válido.
    ¿En cuántos amigos confía Juan Manuel de Prada?
    Bueno, pues yo creo que como cualquier persona, en muy pocos. La amistad diga- mos que es una cosa bastante seria que no se confía a cualquier persona. Entonces yo te podría hablar de tres o cuatro personas nada más.
    ¿Serían amigos de toda la vida?
    No, bueno, son amigos que la vida te va deparando en distintos momentos.
    En Las Máscaras del Héroe, su protagonista, Fernando Navales, conoce casualmen- te a personajes dispares que difícilmente una sola persona, de forma espontánea, se hu- biera encontrado, sin buscarlo explícitamente. ¿Es también eso lo que hubiera deseado usted, codearse con los ultraístas, con los modernistas, incluso con un joven Borges?
    Hombre, hubiera sido muy divertido, ¿no?... hubiera sido muy divertido. En cualquier caso, tampoco es tan extraño que Fernando Navales se tropiece con toda esta gente; Como te decía antes, el mundo literario es muy endogámico; y basta que asistas a cuatro saraos literarios para que te tropieces con todo el mundo de la literatura, y esto era igual a prin- cipios de siglo que ahora: Los escritores somos muy endogámicos, y siempre estamos ro- deados de otros escritores, o de críticos literarios, o de editores, etcétera. En cualquier caso, qué duda cabe que era mucho más divertido el mundo literario de principios de siglo que el mundo literario de finales de siglo.
    Muchos artistas continúan una tradición familiar. ¿Es ése también su caso?
    No, no, no, en absoluto; en mi familia, al menos de manera directa no ha habido ningún escritor.
    También hay otros escritores, como Camilo José Cela, que no pudieron acabar una carrera. ¿Alguna vez su licenciatura supuso un obstáculo para su crecimiento como esc- ritor1?
    Bueno, sí, sí, porque a mí el Derecho la verdad es que no me interesaba nada, y, de hecho, he de decir que yo en la Universidad no aprendí nada de interés; la mayor parte de los profesores no eran lo que yo esperaba, no me daban la imagen que yo esperaba de la Universidad; entonces, yo a partir del segundo o tercer año de carrera perdí todo interés por la carrera que estudiaba. De modo que, a partir de ahí, que es cuando yo ya comienzo a dedicarme en cuerpo y alma a la literatura, empiezo a tropezarme ya con un mundo que no me interesa; dejo de ir a clase, etcétera. De modo que sí, la carrera, a partir del segundo o tercer año, ya se convirtió en un estorbo para mí.
    1 De Prada es licenciado en Derecho, aunque nunca le ha apasionado especialmente esta licenciatura.
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    Usted ha publicado al menos tres libros y algún artículo sobre Armando Buscarini, aparte de algún artículo sobre Pedro Luis de Gálvez, si no recuerdo mal, y, ¿por qué le interesa tanto este escritor fracasado, Buscarini, y también Pedro Luis de Gálvez?
    Bueno, es una metáfora, es una metáfora de la lucha por la supervivencia que hay en la literatura. La literatura es una carrera muy dura, muy dura, y que hay que saber llevar airosamente y en soledad, así que a mí me gusta, un poco como metáfora de esta vida tan dura del escritor, recordar a esta gente que se quedó en el camino, gente que lo intentó con todas sus fuerzas, pero que fracasó, que fracasó estrepitosamente; entonces, para mí estos personajes tienen un encanto especial.
    En su Las Máscaras del Héroe, Buscarini es el escudero de Pedro Luis de Gálvez; ¿de quién es usted escudero literario y quién sería su escudero?
    Hombre, yo procuro no ser escudero de nadie, gracias a Dios; en Las Máscaras del Héroe, Armando Buscarini, efectivamente, hace una especie de pareja literaria delictiva con Pedro Luis de Gálvez, pero en literatura la gente no va emparejada.
    A pesar de que hay quien habla de «generaciones de dos».2
    Luis García Jambrina es un gran amigo mío, profesor de la Universidad de Salamanca, pero eso no quiere decir que vayamos emparejados, ni nada; el emparejamiento nos lo puso un señor que no nos conocía de nada.
    En su Las Máscaras del Héroe, Pedro Luis de Gálvez toma venganza de Luis Antón del Olmet porque éste le había ultrajado; sin embargo, lo hace de manera que se manche las manos otra persona. ¿Esto ocurrió realmente así, o es un recurso expresionista más, para darle más sangre a la novela ...?
    Bueno, sí, a Luis Antón del Olmet, que era un escritor de principios de siglo lo mató un bohemio, Alfonso Vidal y Planas, y fue un caso muy comentado en su tiempo, fue un juicio que tuvo pendiente a toda la opinión pública española; fue muy espectacular que un escritor matase a otro escritor; pero lo demás es invención mía; la intervención de Pedro Luis de Gálvez es invención mía.
    ¿Cuál es el camino perfecto para que un escritor fracase?
    ¿Para que un escritor fracase? En primer lugar que no calcule su vocación, es decir que se crea con más dotes de las que realmente tiene; eso es muy peligroso. La literatura nos ha dado muchos ejemplos: los personajes de Las Máscaras del Héroe, casi todos, ¿no?; personas que se creían predestinadas a la literatura, y que realmente no tenían el ta- lento que ellas creían que tenían. Ése quizás sea, yo creo, el primer gran escollo; luego, por contra, en un escritor de talento, pues puede ser lo contrario, el desaliento, ¿no?, el creer que no sirve y el dejar de intentarlo demasiado pronto. De modo que es muy difícil establecer la línea de puntos donde hay que cortar el fracaso del éxito. Yo creo que cada escritor, mentalmente, interiormente, tiene que dilucidar hasta dónde llega su talento y sus fuerzas como escritor.
    2 Paco Umbral ha emparejado a Juan Manuel de Prada con Luis García Jambrina bajo el dudoso epígrafe de «Generación de Dos».
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    ¿Qué opina de los grandes premios como el Nadal o el Cervantes?
    Bueno, hay premios de todo tipo. El Nadal sería un premio como el Planeta o como otros premios, convocados por editoriales que intentan a través de estos premios atraer a un mayor número de lectores. Esto, en principio, me parece positivo, y lo único que sería de desear es que las editoriales premiasen buena literatura. Los otros premios, como el Cervantes, son un poco un premio de reconocimiento a la labor de toda una época. Me parecen también bien, siempre y cuando se lo den a escritores en plena creatividad, a escrito- res en activo; por ejemplo, lo que ha ocurrido este año3 con el premio Cervantes me parece un poco lamentable –dárselo a un escritor que ya no puede disfrutar de él porque sus cir- cunstancias vitales son especiales– por tanto, yo creo que estos premios deben darse como un reconocimiento a una obra, pero a una obra en marcha, siempre: a la obra de un escritor todavía en activo.
    ¿Qué papel ha tenido la suerte en su carrera?
    La suerte, el azar, yo creo que es algo importantísimo en la carrera de cualquier escri- tor. Yo creo que junto con el trabajo y el talento sería la trinidad a la que un escritor debe venerar: Trabajo, disciplina; talento; y suerte.
    En cuanto a su producción, ¿dónde le gusta a usted escribir normalmente? ¿escri- be en cualquier sitio, necesita un sitio especial?
    Hombre, prefiero escribir en mi habitación, claro, como es normal; yo creo que un escritor tiene su hábitat, su escenario, y si lo sacas de ahí es contraproducente. Todos te- nemos supersticiones; yo, por ejemplo, escribo en papel usado, escribo a mano, escribo por la mañana; todos tenemos nuestros pequeños trucos.
    ¿Prefiere usted el bolígrafo o la pluma?
    Bolígrafo, bolígrafo.
    ¿Azul o negro?
    Eso me da igual.
    Pero rojo nunca.
    No, rojo no, porque entre otras cosas tampoco sería agradable para la vista; pero la pluma, en general, me resulta un utensilio poco práctico.
    ¿Se considera usted muy productivo?
    Sí, soy bastante productivo, lo que pasa que también tengo épocas en las que produz- co poco, épocas en las que me apetece menos trabajar por razones diversas. Pero, cuando trabajo, trabajo bastante.
    ¿Tiene usted la sensación de que hay momentos en los que está especialmente inspirado?
    Sí, sí, eso sí. A pesar de que haya gente que niegue la existencia de la inspiración, la inspiración existe, es decir, la inspiración es algo que está ahí, y cualquier persona que se dedique a escribir cotidianamente se habrá dado cuenta de que hay días que escribe mejor
    3 1998.
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    y días que escribe peor. Otra cosa es, efectivamente, que los días en que a uno la inspira- ción le falta, la supla con esfuerzo.
    Se dice que Gustave Flaubert leía por las mañanas a Apuleyo y por las tardes escri- bía. ¿Cuál es el horario de trabajo de Juan Manuel de Prada?
    Yo escribo por las mañanas, y por las tardes leo, a Apuleyo u otras cosas, y voy al cine, y hago vida normal y estas cosas... Pero, escribir, escribo por la mañana: nada más levantarme.
    Usted publica artículos en ABC. ¿Se resiente su obra literaria del tiempo que dedica al periodismo?
    Hombre, no, yo creo que el periodismo, o la tarea del escritor en periódicos, es algo que hay que saber dosificar y saber hasta dónde uno puede llegar. Yo he tenido oportunidad de escribir más de lo que escribo en periódicos, pero considero que mi cupo está cubierto escribiendo un artículo o dos a la semana, y ahí me quedo. Pero, no, todo lo contrario, yo creo que es algo que ayuda a soltar la pluma bastante.
    Algunos autores, como Truman Capote, escribían primero el último capítulo; ¿qué lugar tiene la planificación y qué lugar la improvisación en sus novelas?
    En las novelas pesa más la improvisación que la planificación. La novela es un género en el cual se da bastante rienda suelta a la libertad creativa. En otros géneros, como el cuen- to, prima más la planificación. Yo creo que cada género tiene sus trucos.
    ¿Alguna vez ha destruido algún manuscrito una vez acabado?
    Sí, hombre, muchas veces, claro.
    ¿Se ha arrepentido en algún caso?
    Todo lo que he destruido lo he destruido concienzudamente, y hay cosas que no he destruido que debería haber destruido. Yo creo que un escritor debe tener una gran capa- cidad autocrítica.
    El título de Las Máscaras del Héroe le fue inspirado por un libro de Luis Alberto de Cuenca. ¿Qué otros títulos de novela le gustan, en general?
    No soy fetichista de los títulos. Me gusta mucho En busca del tiempo perdido, pero probablemente sea porque el contenido de ese libro contamina el título.
    Una vez, el guitarrista Jorge Martínez4 me dijo que lo más importante para un gru- po que empieza es encontrar el sonido, y, por otra parte, Muñoz Molina le comentaba a un conocido mío que lo más difícil en una novela es encontrar el tono. ¿Qué escritores españoles cree usted que serán recordados porque han encontrado un tono que les ca- racteriza?
    Hombre, hay muchos; otra cosa es que ese tono te guste o te disguste, ¿no? Pero en España, afortunadamente, hay grandes escritores ahora mismo, empezando por Torrente Ballester, que es un escritor con un mundo propio, y quizás sea el más veterano de los grandes escritores que hay en España; Cela, es evidente que tiene un tono propio, Fran-
    3 Guitarrista y cabeza visible del grupo Ilegales.
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    cisco Nieva tiene un tono propio, el propio Umbral tiene un tono propio, aunque no co- mo novelista, sino como escritor de otros géneros... Andrés Trapiello, Álvaro Pombo... en fin, hay muchos escritores.
    ¿Cree usted que ha conseguido sintonizar con ese tono propio ya?
    No, bueno, eso... es demasiado pronto, un escritor tarda mucho en conseguir eso.
    ¿Y qué autores extranjeros actuales le interesan?
    Bueno, la verdad es que autores vivos extranjeros leo pocos, leo muy pocos, pero, bueno, a veces me he topado con autores interesantes, por ejemplo el americano Harold Brodky, que ya está muerto, murió hace poco de sida, creo; y alguno más, pero, bueno, la literatura extranjera actual no es demasiado un campo en el que yo me mueva.
    Sin embargo, Henry James y Poe forman parte de su ...
    Ah, bueno, sí, sí, ésos por supuesto, pero ésos ya son clásicos, digamos.
    ¿Se alegró de que le dieran el Premio Nobel a Cela o piensa que es un maleducado?
    No, hombre, (riéndose), aunque pensase que es un maleducado, que no lo pienso, no querría decir que me iba a entristecer el premio a Cela; no, yo creo que es un motivo de alegría que un escritor español gane el premio Nobel, como es un motivo de alegría que un escritor español venda trescientos mil ejemplares en Alemania. Yo creo que eso siem- pre es bueno, ¿no?; y de los éxitos de un colega, pues yo creo que lo mejor es alegrarse; porque la envidia es el peor de los pecados, es el pecado más triste porque es el pecado que muerde pero no se alimenta: por mucho que muerdes nunca te encuentras saciado.
    Pero, entre los escritores vivos, ¿quién le parece que se merecía más ese premio Nobel? ¿Quizá el mismo Cela?
    Sí. Yo creo que Cela es el escritor más representativo de España, de la... segunda mi- tad del siglo en España.
    ¿Por qué cree que hay tanta gente que odia a Cela?
    Hombre, fundamentalmente se le odia por su actitud literaria ante la vida; yo creo que Cela es un hombre que resulta muy antipático a la gente porque siempre ha tenido una actitud muy literaria, que a veces a algunos les ha podido resultar prepotente... Pero en cualquier caso, por razones extraliterarias. Yo creo que a un escritor no hay que juzgar- lo por razones extraliterarias, creo que eso es propio de gente infantil, o de gente poco adulta. Cela puede resultar agradable, desagradable, divertido, tosco, lo que quieras, pero hay que juzgarlo por sus libros, y, si lo juzgamos por sus libros, hay que reconocer que, al menos, ha escrito media docena de libros que son probablemente de los mejores que se han escrito en España.
    ¿Qué piensa de García Márquez?
    Bueno, García Márquez es un escritor superdotado, yo creo que García Márquez es uno de esos hombres que nacieron con la música del idioma dentro, que nacieron ya con el tono encontrado, y entonces es un escritor de esos que se dan muy raramente, a veces una vez al siglo. Eso no quiere decir que no haya escrito obras más flojas que otras, claro.
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    Claro. En cierto modo puede decirse que Paco Umbral fue quien le dio a usted la alternativa.
    Bueno, digamos que Francisco Umbral, efectivamente, fue la primera persona que desde un púlpito nacional se fijó en mi obra; al menos desde la prensa escrita fue la pri- mera persona que escribió sobre mí, sí.
    ¿Y es usted heredero de su estilo en algún sentido?
    Sí; sí, sí...; no sólo de él, sino de una línea de literatura barroca que puede haber en Es- paña, desde Ramón Gómez de la Serna, de Valle-Inclán, del propio Cela...Efectivamente.
    ¿A qué dedica usted más tiempo, a leer o a escribir?
    El escritor, a medida que se va haciendo dedica cada vez más tiempo a escribir y me- nos a leer; eso es un proceso natural. De modo que yo cada vez voy dedicando más tiempo a escribir y menos a leer; por desgracia, porque la lectura es el mayor placer del mundo.
    Para terminar, un libro.
    Yo mencionaría, ya que hemos hablado de él, En busca del tiempo perdido, de Proust; creo que es literatura en estado puro, literatura difícil; pero que el que salga de la prueba se dará cuenta de que es una experiencia irrepetible.
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