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Tema serio Web Generalisimofranco.com : "La mejor entrevista a Franco"

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    Web Generalisimofranco.com : "La mejor entrevista a Franco"

    http://www.generalisimofranco.com/franco/00H.HTM

    Muchos biógrafos e historiadores han tildado a Franco de hombre parco en palabras. Sobre este juicio habría que hacer algunas disquisiciones en torno a tal aseveración. Nunca se sabrá si buscándolo o sin buscarlo, Franco sorprendía siempre a su interlocutor. Hombre de largas pausas, sabía escuchar. Hombre de prolongadas meditaciones y a la vez de súbitas acciones fulgurantes. El embajador de Italia ante el Generalísimo Franco en la Salamanca del invierno de 1936, Roberto Cantalupo, lo describió así en su libro “Fu la Spagna. Ambasciata presso Franco. Febbraio-Aprile 1937” (Arnoldo Mondadori, 1948): “Español de la cabeza a los pies y todo español también a su alrededor: muebles, alfombras, libros, escritorio, tintero, cuadros, penumbra, pavimento y puertas silenciosas. Todo era español en él: calma y astucia, frialdad e hidalguía, lenguaje muy mesurado para decir cosas bravísimas, tendencia a la soledad, espíritu nacional indomable, religiosidad y orgullo, amor muy parco hacia lo extranjero, catolicismo sin Chateaubriand...”

    Pero en este trabajo no nos proponemos dilucidar si fue real o no esta sobriedad de lenguaje de Franco. Lo que sí podemos dejar constancia es que el Caudillo habló mucho cuando creyó preciso hacerlo, sobretodo en los primeros años de la posguerra, siendo más remiso en sus últimos años. Igual fue debido porque ya había contado todo lo que deseaba contar. Durante su prolongado mandato, Francisco Franco concedió incontables entrevistas a la Prensa de todo el mundo, calculándose en unas ochenta las charlas que concedió a periodistas, desde el final de la Cruzada de Liberación hasta el final de sus días. Entre todas ellas, es una opinión muy extendida entre estudiosos de Franco, que posiblemente sea su mejor entrevista la realizada por Serge Groussard y publicada por el prestigioso diario conservador francés Le Figaro correspondiente al jueves 12 de junio de 1958, en sus páginas 4 y 5, dentro de una serie en la que aparecían “Aquellos que dirigen el mundo” (Chez ceux qui mènent le monde: Franco). El Caudillo dedicó gran parte de sus respuestas a relatar las entrevistas que mantuvo con Adolfo Hitler y Benito Mussolini.

    En una de las conversaciones de Franco con su primo hermano Francisco Franco Salgado-Araujo, le confesó acerca de esta entrevista: “Al principio, sabes, me resistí a concedérsela por tratarse de un periódico que siempre ha tratado mal al régimen español; pero nuestro embajador me pidió que accediera, pues el periódico se comprometía a publicar literalmente lo que yo contestase en un lugar destacado. He de reconocer que cumplió su palabra y se portó con toda corrección. Al principio me envió un cuestionario políticamente tendencioso que no me agradó; le manifesté que tenía que variarlo. De pronto se presentó el periodista, haciéndome nuevas preguntas que fueron contestadas en la forma que el periódico publicó.”

    ARRIBA

    Entrevista a Franco por Serge Groussard publicada en "Le Figaro" de París.
    -¿Ha recibido usted influencias ideológicas en su formación de hombre de Estado?

    -No.

    -¿Ni siquiera la de Mussolini?

    -Ni siquiera Mussolini ha resuelto como italiano los problemas de Italia. Ha moldeado una ideología original y poderosa. Pero para nosotros, los españoles, ninguna ética extranjera hubiese podido convenir. Durante la República nuestro país ha querido imitar a algunos regímenes extranjeros. El resultado fue un duro período de caos.

    Hemos buscado una solución en la cooperación de las clases sociales, y no en su divorcio; en su progresivo acercamiento mediante una existencia continuamente mejorada para todos, y no en la desproporcionada supremacía de una falsa minoría. Hemos rechazado la farsa de los partidos y el reinado del materialismo. Somos un pueblo que se deja guiar por el espíritu. Lo hemos demostrado en nuestra guerra civil, en que, a la postre, muchos españoles han muerto por sus ideas. Nuestro Régimen actual tiene exclusivamente sus fuentes y su fundamento en la Historia española, en nuestras tradiciones, nuestras instituciones, nuestra alma. Son estas fuentes, que habían sido perdidas o contaminadas por el liberalismo. La consecuencia del liberalismo fue el ocaso de España. El olvido de las necesidades del alma española, que nos fue minando durante el siglo diecinueve y una parte demasiado grande del veinte, nos ha costado la pérdida de nuestro imperio y un desastroso ocaso. Mientras las demás potencias mundiales de aquellos tiempos lograban forjar sus fuerzas, nos hemos sepultado en un sueño de más de cien años.

    -¿No es más bien la falta de todas las materias primas fundamentales, la pobreza de su industria y la escasez de su población las que frenaban entonces la expansión española?

    -De ninguna manera. Una buena política nos hubiese permitido luchar con armas iguales, pues todo se crea o todo se reemplaza. No había más que un problema político desde el año mil ochocientos treinta hasta la restauración de la Monarquía en el año mil ochocientos setenta, por causa de las guerras civiles, que nos apartaron de Europa y de la revolución industrial. Cuando la Restauración intentó recuperar el tiempo perdido, cincuenta años habían transcurrido ya, y poco después, en el momento de la pérdida de los últimos vestigios del Imperio, nuestra economía se basaba en la agricultura y en los intercambios comerciales importantes con lo que nos quedaba aún de nuestras colonias. La pérdida de dichas colonias ha tenido consecuencias económicas de una incalculable importancia. Nuestra neutralidad durante la primera guerra mundial contribuyó para mejorar la situación –España tenía entonces menos habitantes-, pero una agravación se produjo entre las dos guerras por causa del desequilibrio permanente de nuestros intercambios comerciales, lo que trajo consigo la desvalorización progresiva de nuestra moneda.

    Los hombres de la República se mostraron incapaces de considerar objetivamente estos problemas; sus sectarismos les empujaban a dar al problema político, enfocado según criterios de clases, más importancia que a los intereses nacionales.

    Nuestra victoria hizo posible la unificación del poder, necesaria para la renovación económica urgente y para el progreso social de la nación.

    A la generación llamada del año noventa y ocho –pensadores y “diletantes”- se ha opuesto la generación de los hombres de acción surgidos desde mil novecientos treinta y cinco, cuyas realizaciones se han traducido en el desarrollo económico de España.



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    -¿Entre los hombres de Estado españoles de los tiempos modernos hay algunos que usted admira?

    -En general, el conjunto de los hombres políticos españoles que han gobernado y que yo he conocido, directa o indirectamente, antes del Movimiento Nacional, no supo colocarse a la altura de las circunstancias. No se trata de que haya habido hombres extraordinarios en España; lo que ocurría era que el sistema político les destruía o les condenaba al ostracismo. Esto es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con Antonio Maura, apartado por las conspiraciones de los partidos. Canalejas y Dato, ambos presidentes del Consejo de Ministros y prestigiosos estadistas, fueron asesinados. Lo mismo ocurrió, en mil novecientos treinta y seis, con Calvo Sotelo, el principal colaborador de la obra de Primo de Rivera, “suprimido” por la Policía del Gobierno de la República porque era el jefe de la oposición monárquica. Es de todos conocido que esta afrenta provocó el Levantamiento liberador. Ya durante el transcurso de la guerra civil, figuras como las de José Antonio Primo de Rivera y Víctor Pradera, tan ricas en promesas, fueron fusiladas por los rojos.

    -Y, fuera de España, ¡los estadistas más notables, en su opinión?

    -Para que un hombre de Estado sea ejemplar tiene que ser humano. Y esto es una cualidad bastante más escasa de lo que yo hubiese creído antes de verme obligado, por deber, a ocuparme de los problemas y de los hombres políticos. Esta observación no se refiere sólo a España.

    -¿Qué piensa usted de Hitler, Excelencia?

    -Un hombre afectado. Le faltaba naturalidad. Interpretaba una comedia, pero de un modo discutible, puesto que se notaba constantemente. Verá usted: si yo me pregunto cuál es el hombre de Estado más completo, más respetable entre todos los que he conocido, yo le diré: Salazar. He aquí a un personaje extraordinario, por la inteligencia, el sentido político, la humanidad. Su único defecto es tal vez la modestia.

    -¿Usted no se encontró con Hitler más que una vez, en octubre de mil novecientos cuarenta?

    -Sí, el veintitrés de octubre de mil novecientos cuarenta, en Hendaya. Mi tren había llegado con retraso y la espera había puesto muy nervioso al Führer.

    -¿Estaba usted nervioso también?

    -No.

    -¿Le pidió Hitler entrara usted en guerra a su lado, Excelencia?

    -Sí. Intentó persuadirme de que la guerra se podía considerar como ganada por el Eje y que, por consiguiente, era urgente que España entrase en guerra a su vez, pues era para nosotros una oportunidad única de satisfacer las reivindicaciones a las que tenía derecho nuestra Patria.

    Contesté que, en opinión mía, la guerra no había terminado, ni mucho menos, pues los británicos iban a luchar hasta el final de sus fuerzas. Incluso si Gran Bretaña se viese invadida, seguirían luchando en sus colonias, en el Canadá, por todas partes. Además, añadí, no había que olvidar que detrás de Inglaterra había, a pesar de su neutralidad, los Estados Unidos, con su formidable potencial de guerra. Le recordé que en cuanto a España, después de su terrible guerra civil, necesitaba más que todo la paz. Enumeré, por fin, con detalle, la enorme cantidad de productos vitales y de materias primas de las que carecíamos.

    -¿Hitler estuvo decepcionado?

    -Terriblemente. Su acogida había sido calurosa. Su despedida fue glacial.

    -¿Usted conoció mucho mejor a Mussolini que a Hitler?

    -Sí.

    -¿Se sentía usted más cerca del Duce?

    -Muchísimo más. Mussolini era humano por excelencia. Tenía inteligencia y corazón. Yo sentía una afección muy sincera para él. Y su cruel destino es tanto más lamentable cuanto que antes de la guerra había traído muchísimos beneficios a su país.

    -¿Cómo pudo lanzarse a una aventura parecida, en junio de mil novecientos cuarenta, cuando atacó por la espalda a Francia?

    -Esto fue, en efecto, un error tremendo. El signo del destino. Desde hacía muchos meses, Mussolini era objeto de incesantes solicitaciones de Hitler y le era muy difícil sustraerse durante más tiempo a las presiones de un aliado –sobre todo de un aliado tal como la Alemania nazi–. El Duce constataba que los alemanes iban a acabar con Francia sin que él hubiese desenvainado la espada para ayudarles. Además, la derrota francesa le asombraba. Estaba consternado, pero persuadido de la supremacía militar alemana. Consideraba que el interés de Italia consistía en tomar parte en la segunda fase del conflicto: el asalto –obligatoriamente victorioso– contra Gran Bretaña.

    Otra razón empujó a Mussolini a ayudar militarmente a Hitler. Era su sentido del honor y de la fidelidad. Había firmado un pacto con Alemania: debía, pues, tarde o temprano, ponerse a su lado.

    Como existía entre el Duce y yo una gran estimación recíproca, tuvo a bien avisarme de sus intenciones. Me escribió, pues. Nos pedía toda la comprensión y toda la buena voluntad española, pero nada más. Le contesté en seguida, aconsejándole la neutralidad. Me acuerdo que le cité el viejo refrán: «Se sabe cómo empiezan las cosas, nunca como acaban». Intenté razonarle tratando problemas estratégicos con que tendría que enfrentarse. ¿La preparación militar de Italia estaba a punto? Incluso si fuese así, tendría que dividir sus fuerzas entre teatros de operaciones separados por el mar: teatros europeo y africano. El teatro de África se encontraba a su vez dividido en dos sectores: Libia y Tripolitania por un lado, Abisinia por el otro.

    [N. del A.] Tripolitania se llamaba una provincia de Libia que limitaba al N. por el mar Mediterráneo, al E. por Cirenaica, al S. por Fezzan y al O. Por Túnez. Capital: Trípoli. Fue invadida y anexionada por Italia en 1912. Durante la primera parte de la II Guerra Mundial, Tripolitania estuvo ocupada por fuerzas italianas y alemanas hasta que la victoriosa marcha del VIII Ejército británico (1943) desde Egipto a Túnez colocó al país bajo control aliado. Por el Tratado de Paz de 1947, en que Italia renunció a la soberanía sobre Tripolitania, el territorio fue confiado a la administración británica. En diciembre de 1951, con la aprobación de las Naciones Unidas, pasó a formar parte, junto con Cirenaica y Fezzan, del nuevo reino de Libia. En 1969, el ejército dio un golpe de Estado progresista, y nombró presidente del Consejo Militar Revolucionario al coronel Muammar el-Gaddafi.

    Me contestó que desde su punto de vista, no había más que un solo teatro de operaciones: Europa. «Si Europa se conquista, se gana todo. Si Europa se pierde, poco importa África del Norte», me dijo. Añadió que agradecía mi sinceridad de amigo, pero que demasiados barcos italianos se veían detenidos en Gibraltar por el control inglés, lo que hería la dignidad de su nación. Además, concluía, la suerte de Europa se había jugado ya, y él apostaba por el partido que iba a triunfar sin la menor duda.

    -¿Fue al año siguiente, Excelencia, cuando usted se encontró con Mussolini en la costa italiana, en Bordighera?

    -Me alegré tanto más de esta reunión en Italia cuanto que hubiese tenido que celebrarse mucho tiempo antes. Mussolini, en efecto, me había hecho prometer durante la guerra civil que el primer país que yo visitaría después de la victoria del Movimiento sería Italia. Pero se habían interpuesto los primeros problemas urgentes. Luego, la guerra mundial había empezado. Las circunstancias no se prestaban a una visita oficial de amistad. El Duce, sin embargo, deseaba profundamente nuestro encuentro. Recibí de él un mensaje: en recuerdo de la promesa de antaño, me proponía ir a verle a Bordighera. Acepté con sumo gusto, y nos entrevistamos el doce de febrero de mil novecientos cuarenta y uno.

    -¿Estaba siempre tan seguro de la victoria?

    -Sí. Seguía convencido de que Alemania, gracias al valor de sus tropas y de su armamento, y gracias sobre todo a sus nuevas armas, por entonces aún secretas, ganaría la guerra. Pero comprendía ya que el precio de la victoria sería terrible y que, por otra parte, en la lucha como en la paz, Alemania era una cosa e Italia otra. Italia acababa de sufrir serios reveses contra Grecia. No se habían transformado en desastre, pero el Duce había tenido que aceptar la ayuda alemana, y la moral de la población había recibido el impacto, tanto más cuanto que los bombarderos ingleses se intensificaban. Es así como la víspera de mi llegada, Génova había recibido una lluvia de bombas que habían sembrado destrozos y pánico. El pueblo estaba pesimista y áspero. Las dificultades crecientes, la falta de entusiasmo para la alianza guerrera con los nazis inclinaban a los italianos hacia una moral de vencidos. Por eso, aunque afirmando que los nazis tenían que triunfar finalmente, Mussolini no parecía muy alegre en Bordighera. Estaba cansado, con la cara desencajada y la frente preocupada.

    -¿Se mostró sincero con usted?

    -¡Claro que sí! Ya le he dicho que era muy humano, espontáneo. Además, creo poder afirmar que tenía mucha amistad conmigo –amistad que fue recíproca hasta el último momento-. Hablamos con entera libertad de los acontecimientos. Apenas intentó persuadirme de entrar en guerra; comprendía que España debía pensar únicamente en curar sus heridas. Le hice una pregunta. Le dije: «Duce: ¿Si usted pudiese salir de la guerra, lo haría?». Se echó a reír alzando los brazos hacia el cielo y exclamó: «¡Claro que sí, hombre, claro que sí!».

    -¿No tuvo Hitler la tentación, hacia el año mil novecientos cuarenta y tres, de invadir España para coger al revés Gibraltar y África del Norte?

    -Lo proyectó, en efecto, y me lo propuso. Pero ante mi negativa, tuvo que renunciar. Sabía que para invadir un país hay que tener muchos motivos. No podía reprochar nada a los españoles y conocía muy bien, por otra parte, el alma de nuestro pueblo y su Historia.

    -Si exceptuamos el error inicial de haber provocado la segunda guerra mundial, ¿cuál fueron, en su opinión, Excelencia, los errores de Hitler en el conflicto?

    -Fue, ante todo, el de haber iniciado la guerra con un espíritu de seguridad. Olvidaba que toda guerra es una aventura sin ninguna garantía. Olvidaba la vieja sabiduría que dice, desde siempre, que el hombre propone y Dios dispone. Olvidaba que en cada combate hay que contar con buena parte de azar, de manera que sólo Dios puede saber cómo esto terminará.

    Hitler tenía un alma de jugador... Por otra parte, desconocía totalmente la psicología de los pueblos. No entendió nada del alma inglesa, no tenía nunca en cuenta los milagros que provoca la necesidad. No tuvo imaginación suficiente para concebir las posibilidades que se ofrecen a las naciones atacadas para resistir a toda costa en una guerra, por mortífera que sea. Por fin, no creía que el conflicto pudiese extenderse hasta el punto de llegar a ser universal. Si lo hubiera creído, hubiese reflexionado sobre la desproporción de las fuerzas.

    No había sopesado el precio de la lucha. No tenía una noción clara de los límites de su nación. No había preparado su guerra completa ni lógicamente. Alemania se había preparado cuidadosamente, pero para una guerra corta. No para un conflicto largo. Hitler no había tenido en cuenta, en realidad, el hecho de que la guerra contra la URSS se haría inevitable en un plazo corto. Tuvo finalmente que luchar en dos frentes, oportunidad para la cual su máquina de guerra no estaba racionalmente preparada. En el Este, los espacios estratégicos son considerables. Los alemanes no se encontraban en condición de maniobrar convenientemente a través de tales extensiones. Se cometieron graves faltas militares. La Wehrmacht tenía un dispositivo de línea y no un dispositivo en profundidad.

    -¿Tuvo Hitler confianza hasta el final en la victoria?

    -En cierto modo, sí. Siempre creyó en la superioridad de los soldados alemanes, en su propio genio militar, en las armas que sus técnicos forjaban con empeño. Alrededor suyo, los jefes militares tenían plena confianza en las armas atómicas. Tuve la oportunidad de darme cuenta de ello. Los bombardeos anglo-americanos impidieron en el último momento la terminación de las armas atómicas nazis. Hitler ha vivido en la certeza del triunfo.

    -¿No pensó usted en ningún momento de la guerra en colocarse al lado del Eje?

    -Nunca. No existía entre nuestros países ningún compromiso que pudiese obligar a España a participar en un conflicto armado.

    -Sin embargo, fue con su completa aprobación y, más aún, con su apoyo constante que la famosa División Azul se fue a luchar contra los rusos...

    -Hay que remontarse a los principios de la guerra civil. Muy pronto ésta dejó de ser un asunto privado de los españoles. Los rojos pidieron la ayuda de los comunistas y de los socialistas de todos los países. Se beneficiaban del apoyo, más o menos confesado, de numerosas potencias. Las Brigadas Internacionales se convirtieron en un conjunto de numerosas unidades, armadas por el extranjero y compuestas exclusivamente por extranjeros. Por nuestra parte, recibimos cantidad de voluntarios que acudieron del mundo entero. Entre los primeros, un batallón de irlandeses católicos. Creamos nuevas unidades de la Legión. Por fin, aceptamos el concurso de tropas de voluntarios italianos y alemanes, y su apoyo contribuyó a poner fin cuanto antes a los sufrimientos españoles.

    De este modo, al final de la guerra, España tenía una deuda moral para con dichos voluntarios extranjeros. El Movimiento consideraba que tenía para con ellos, y principalmente para con los italianos y alemanes, una deuda de sangre.

    El pueblo español tiene por costumbre pagar siempre esta clase de deudas.

    Cuando el Eje entró en guerra contra los Aliados, no se trató para nosotros de pagar nuestra deuda, pues esto nos hubiese obligado a luchar sin motivo alguno contra naciones que nunca se comportaron como enemigas de España y con las que manteníamos relaciones cordiales. Pero cuando Alemania e Italia entraron en guerra con la URSS, el problema cambió radicalmente para nosotros. Los bolcheviques se comportaron siempre como enemigos de nuestro Movimiento. Para muchos españoles, la lucha que llevaba a cabo el Eje contra el comunismo en el Este no tenía nada que ver con la lucha germano-italiana contra los aliados de Occidente. En el Oeste era una guerra discutible. En el Este era una cruzada. Y una cruzada en muchos puntos análoga a la nuestra. Por eso dimos nuestra conformidad al reclutamiento de voluntarios para luchar contra los bolcheviques. De este modo íbamos a poder pagar nuestra deuda de sangre. Estos voluntarios, agrupados en Alemania en una división que se llamó «la División Azul», fueron encuadrados y encaminados hacia el frente ruso bajo bandera y con armamento alemán.

    La División Azul pagó con creces la deuda nacionalista para con nuestros amigos del tiempo de la gran prueba.

    Luchó heroicamente en los frentes del lago Ilmen, de Novgorod y de Leningrado. Muchos fueron los que en sus filas se cubrieron de gloria. Muchos fueron los muertos y los heridos. Pero pasaba el tiempo, los efectivos de la División disminuían y el conflicto, al prolongarse, aumentaba el peligro para nuestros voluntarios de encontrarse frente a frente con las fuerzas militares de los Aliados, que colaboraban cada día más estrechamente con los rusos. Se trataba, pues, del peligro de tener que luchar no sólo contra los comunistas, objetivo exclusivo de su actuación, sino también contra los angloamericanos. Por eso, en mil novecientos cuarenta y cuatro manifestamos el deseo de retirar la División Azul de los teatros de operaciones. Era una decisión lógica, dada la evolución del conflicto.

    -Me parece, Excelencia, que usted conoció muy bien al mariscal Pétain.

    -Sí, y nuestros encuentros se escalonan sobre muchos años. El primero tuvo lugar en mil novecientos veinticinco; por entonces colaboramos en Marruecos. Más tarde solía verle con motivo de mis visitas a París.

    Nos volvimos a encontrar en Madrid, donde el Gobierno francés le había mandado como embajador a principios de mil novecientos treinta y nueve. Manteníamos relaciones excelentes.

    Cuando el mariscal fue llamado para formar parte del Gobierno de Paul Reynaud, en mil novecientos cuarenta, le aconsejé no aceptar.

    «Se le impulsará a desempeñar un papel de portaestandarte –le dije–. Usted es el vencedor de Verdún, la máxima gloria viva de Francia. Usted es el símbolo de la Francia victoriosa y poderosa. Usted se va a convertir tal vez en el rehén de la renunciación francesa. Francia parece deslizarse hacia la derrota. Usted va hacia el sacrificio. Usted sufrirá amarguras que no merece en absoluto».

    Contestó con una nobleza conmovedora. Estaba lúcido y sereno. «Sé lo que me espera –me dijo–. Pero tengo ochenta y cuatro años. No tengo nada que ofrecer a mi país sino yo mismo. Mi elección está hecha. Puesto que puedo aún ser útil a Francia sacrificándome, voy». Tenía un espíritu total de sacrificio. No se trataba de palabras.

    -¿Ustedes se han vuelto a ver aún una vez más desde entonces?

    -A mí regreso de Bordighera me detuve en Montpellier, a petición del mariscal. Almorzamos juntos. Estaba encantado de volver a verle. Fue una entrevista muy amistosa, muy útil también, ya que nos dio la oportunidad de dilucidar algunos malentendidos.

    -¿Cómo encontró usted al mariscal en Montpellier?

    -Igual que siempre, con un aspecto físico inmejorable, el espíritu claro. Siempre lúcido y sereno. Pero le faltaban conocimientos políticos. Y –viviendo en el recuerdo de la gloria francesa– no se daba cuenta de la situación presente en su país. Me hablaba sin cesar del porvenir, del resurgir nacional, hacía proyectos, decía: «Emprenderé esto, aquello...». Yo pensaba en el presente de Francia, en su subordinación trágica, en la división de su metrópoli.

    “Acabé por exclamar: «Pero, señor mariscal, es preciso ante todo que se preocupe por los dramas del momento». Se echó a reír y me dio la razón, repitiendo: «¡Es verdad! ¡Es verdad!».

    El mariscal Pétain fue un gran soldado y un gran francés.

    -La estancia de Pierre Laval en España después de la derrota nazi y su repentina salida para Francia tienen algo misterioso. ¿Fue voluntariamente que Pierre Laval se entregó a las autoridades francesas?

    -Cuando supe que Pierre Laval había tomado tierra en Barcelona, no supuse ni un instante que se propusiera permanecer en España como refugiado político. Era un estadista de fuerte experiencia. Tenía, por consiguiente, una clara noción de los problemas con los que tenía que enfrentarse un país como España. Al salir de nuestra guerra civil habíamos sabido permanecer neutrales durante todo el conflicto mundial de mil novecientos treinta y nueve-cuarenta y cinco, y esto, pese a preocupaciones a veces importantes. Una vez consumada la derrota del Eje teníamos, sin embargo, que tener en cuenta la hostilidad sin fundamento que numerosos ultras nos mostraban. Teníamos por entonces enormes dificultades con Francia. No podíamos pensar en aumentarlas sin motivos imperiosos, nacionales. Pues bien, la presencia de Pierre Laval en nuestro territorio aparecía ya como un desafío.

    Pierre Laval comprendió muy bien todo esto. Tenía la posibilidad de ir fácilmente hacia otras naciones menos expuestas que nosotros a las dificultades. Unos amigos suyos le propusieron se embarcara para América del Sur. El barco estaba preparado. Pero Laval dijo que quería regresar a Francia. A pesar de la insistencia de sus amigos, persistió en su voluntad y se fue libremente hacia su destino.

    -¿Pensó usted realmente después de la capitulación del Eje que España corría graves peligros?

    -Desde luego. Hemos creído en el peligro y teníamos razón en creer en ello. Pero España estaba preparada para defenderse. Y yo sabía que la voluntad del pueblo español sería unánime. Existía el riesgo de excitaciones y provocaciones, el riesgo de una tentativa de invasión. España entera se hubiese agrupado instantáneamente, como lo iba a hacer a fines del año siguiente, cuando las Naciones Unidas decidieron las sanciones contra nosotros y la marcha de sus embajadores.

    -¿Cómo piensa España contribuir a la paz del mundo?

    -La verdadera finalidad que hay que alcanzar es la comprensión recíproca de todos los pueblos. De esta comprensión nace la paz.

    -¿Ve usted una posibilidad en África del Norte? En caso afirmativo, ¿qué formas concretas, Excelencia, adoptaría dicha colaboración?

    -En los tiempos pasados había una contradicción entre los intereses de España y de Francia en África del Norte. La profunda conmoción que está viviendo el Mogreb hace que se junten sus intereses.

    No hay equívoco posible. Deseamos los unos como los otros la paz y el orden y el progreso en los países musulmanes. Esta voluntad, que, sin lugar a dudas, nos es común, proviene, en primer lugar, de la afección que tenemos para los norteafricanos, que están tan cerca de nosotros en muchos puntos. Además, es consecuencia de una preocupación legítima: preservar nuestra obra en dichos países, en que hemos puesto tanto empeño, en que hemos realizado tantos esfuerzos, en que nuestros sacrificios, nuestras realizaciones, son perceptibles por todas partes.

    Nuestro deber común consiste igualmente en proteger a nuestros compatriotas, que en todo el Mogreb siguen contribuyendo al progreso. Queremos garantizar su seguridad y sus derechos. De este modo serviremos los verdaderos intereses de África del Norte.

    -¿No es en el campo de la política internacional donde España y Francia deberían de ahora en adelante llegar a un estrecho entendimiento?

    -Habría desde luego, que proceder a intercambios de puntos de vista en todas las cuestiones de interés común. Dos naciones de buena voluntad consiguen siempre ponerse de acuerdo. Los contactos sistemáticos entre los Gobiernos son siempre beneficiosos para los pueblos.

    Tomemos el ejemplo de África del Norte, ya que estábamos hablando de ella ahora mismo. España y Francia han seguido durante mucho tiempo ahí caminos no sólo distintos, sino completamente divergentes. A menudo una de las dos naciones tuvo que enfrentarse bruscamente con las consecuencias de las decisiones unilaterales de la otra, y esto, pese a los acuerdos de mil novecientos doce y la Convención de Burgos, firmada entre los señores Jordana y Bérard, el veinticinco de febrero de mil novecientos treinta y nueve. Podría citar, entre otros casos, la destitución del Sultán Mohamed Ben Yusef, con el provisional acceso al Sultanato y al poder religioso de Sidi Muley Ben Arafa. ¿Cuál fue el resultado de esos «actuar por su cuenta»? Desórdenes, anarquía, sangre. Muchas oportunidades desperdiciadas. Ahora bien, si en el porvenir nos entendiésemos de verdad, los resultados podrían ser felices, lo mismo para nosotros como para el Mogreb.

    -Podemos esperar que caminamos hacia una verdadera Comunidad Europea. ¿Cuáles serían las relaciones de España con dicho conjunto?

    -Veo dos etapas distintas, no sólo en las relaciones de las naciones europeas, sino mundiales. Una de estas etapas acaba de terminar. Hay que considerar, pues, por una parte, el pasado; por otra parte, el presente.

    Antes de la última guerra mundial era la era de las rivalidades nacionales. Las divergencias de intereses supeditaban las relaciones entre los países. El ascenso de una nación determinada tenía como corolario ineludible el ocaso de otra. En los campos políticos, económicos y militares era un movimiento constante de balanza. Al poderío debía corresponder la debilidad. A la grandeza, la servidumbre. Cada nación llevaba su juego en la soledad, incluso cuando concertaba alianzas, pues cada país sólo consideraba su propio interés. Y los “grandes” del mundo, cada uno para sí mismo, tenía mucho cuidado en respetar lo que ellos llamaban «el equilibrio de las fuerzas»; dicho equilibrio, dependiendo de su propia fuerza y de la inferioridad del prójimo.

    La última conflagración mundial ha modificado profundamente esas nociones. Al egoísmo sagrado de las naciones ha seguido el egoísmo sagrado de los grupos de naciones. A la era de las rivalidades nacionales, la era de las rivalidades entre los grupos de naciones –entre los bloques–.

    En cada uno de los bloques, que se vigilan mutuamente, si una única nación se encuentra en peligro, todas las demás lo están también. Todos los miembros del bloque tienen las mismas esperanzas, las mismas inquietudes, los mismos intereses profundos. Cada uno de ellos está igualmente interesado en que todos sus vecinos se encuentren siempre más poderosos, más fuertes.

    Yo había presentido este cambio capital. De ello hablé claramente en una carta a sir Winston Churchill en octubre de mil novecientos cuarenta y cuatro. Es fácil concebir el paso necesario del nacionalismo al supranacionalismo, paso que coincide con un cambio profundo en la mentalidad y en la voluntad de los pueblos. Desde aquel momento se veía claramente que el destino del mundo dependería de la evolución de la rivalidad entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

    -¿Cree usted que debemos quedar en la etapa de los bloques?

    -Habrá tal vez una tercera etapa, la era de la concordia mundial.

    -Ya que me permito invitarle a edificar castillos en el aire... ¿cree Su Excelencia que Francia y España puedan llegar a unirse en una Confederación?

    -Desarrollando sistemáticamente nuestras relaciones en el campo económico, pero también cultural, pues es profundizando las relaciones humanas como las naciones progresan hacia la concordia. No petrificarse en rivalidades muertas en política exterior. Buscar lo que nos podría unir y empeñarse sinceramente en desarrollarlo. Cuanta más comprensión haya entre los pueblos español y francés, más llegarán a acercarse nuestros intereses. De la comprensión de los pueblos deriva la concordia de los Estados. Hasta ahora España tuvo que sufrir la incomprensión de gran parte del pueblo francés desde hace bastantes años. El comportamiento de los dirigentes franceses ha sido a menudo muy perjudicial para la concordia entre nuestros dos países.

    Habría que volver a salir adelante sobre bases nuevas.

    -¿La democracia liberal no es la llave política del mundo de mañana? ¿No pertenecen los dictadores, pese a ciertas apariencias, a una concepción política pasada?

    -Con el nombre de «dictaduras», de «régimen de fuerza», ¡se pueden concebir tantas nociones diversas!

    Dicho esto, todo lo que se crea debe morir. En los hombres, en la Naturaleza... y en la política.

    Lo que usted llama democracia es, si no me equivoco, el sistema liberal basado en el juego de los Parlamentos y de los partidos.

    -Sí.

    -Pues bien, este sistema político ha dado ya todo que podía de sí. Y, en verdad, este sistema ha acumulado numerosos fracasos cuando se trató por los Gobiernos liberales de resolver los problemas nacionales esenciales. Ante los problemas fundamentales, la unión, la unidad de la nación, son indispensables. Y, sin duda alguna, la multiplicidad de los partidos llega a fomentar los desacuerdos nacionales en todas las grandes cuestiones.

    No, la democracia no tiene nada que ver con el régimen de las asambleas parlamentarias y la multiplicidad de los partidos políticos rivales. La democracia consiste en averiguar cuál es la voluntad del pueblo y en servir dicha voluntad.

    Pero, objetará usted, puesto que la base de la democracia consiste en el gobierno del pueblo por sí mismo, ¿y si el pueblo eligiese el régimen de los partidos? En verdad que dentro de cada nación incumbe al pueblo elegir su régimen político e incluso su destino. ¡Que se haga la voluntad popular, pero cada uno en su casa!

    Hay, sin embargo, una diferencia entre los regímenes. En los regímenes liberales, el interés de los parlamentarios y de los partidos supera al interés público, mientras en los regímenes auténticamente nacionales es el interés público el que predomina.

    -¿Se considera usted, Excelencia, como un dictador?

    -Para todos los españoles y para mí mismo, calificarme de dictador es una puerilidad. Mis prerrogativas, mis atribuciones propias, son mucho menos importantes que las conferidas por la Constitución de los Estados Unidos a su Presidente.

    Considero que el Régimen actual del Estado español es el más adecuado para la defensa del pueblo. La voz popular se deja oír a través de los organismos vivos de la nación: la familia, los municipios, los Sindicatos. Cada elemento útil del país tiene de este modo su intervención en las cuestiones que le conciernen. Por el contrario, en el régimen parlamentario es a menudo la dictadura de la incompetencia.

    Todas las decisiones de importancia nacional tienen su origen no en lo alto de la pirámide, sino en su base. Son la consecuencia de los trabajos realizados en las provincias de la nación por los organismos calificados. Cada uno de dichos organismos no deja de estudiar los problemas y de seguir el curso de los acontecimientos que le conciernen. Gracias a estos estudios prepara soluciones, preparación constante, ya que todos los países están en una perpetua evolución.

    Ahí colaboran todos los cuerpos constituidos de la nación –Sindicatos, municipalidades, corporaciones universitarias, etcétera–.

    Que se trate de reformas judiciales, de problemas de comunicaciones o de inmigración, de modificaciones del Código Civil, todos los problemas se discuten de escalón en escalón por los representantes del pueblo, y de las soluciones así propuestas, de escalón en escalón, no hay más que darles forma cuando llegan ante el Gobierno. Este traza las conclusiones, que se presentarán a los procuradores de las Cortes, donde el pueblo está representado por los delegados de sus distintas corporaciones. El pueblo, de este modo, discute y decide en todas las cosas. La característica del Régimen no es, pues, la omnipotencia del jefe, es la omnipotencia del pueblo, es la democracia.

    -Usted afirma que todas las decisiones fundamentales tienen su principio en la base de la pirámide. Sin embargo, tomando un ejemplo, no es el pueblo el que tomó la iniciativa de definir al Estado español como una Monarquía, no es él tampoco el que hizo, en mil novecientos cuarenta y siete, la Ley de Sucesión al Trono de España.

    -Ocurre, por cierto, que el Jefe del Estado toma iniciativas de importancia nacional. Pero incluso en estos casos es finalmente el pueblo el que juzga su destino. Usted menciona la definición de España como Reino y la Ley de Sucesión al Trono. Pues bien, ¿qué pasó en verdad en dicha circunstancia? Propuse a las Cortes un proyecto de Ley Fundamental. Las Cortes aprobaron este proyecto. Pero esta votación aprobatoria no me pareció suficiente, pues se trataba de una cuestión esencial para el porvenir de España. Pedí que se consultara al país por medio de un referéndum. Y la nación se pronunció libremente sobre la Ley de Sucesión. Cada vez que hay que formular una elección fundamental, el pueblo es el que se pronuncia por el referéndum. De este modo, el Gobierno resulta como la emanación absoluta de la voluntad nacional.

    -Ha afirmado que los hombres políticos anteriores a la victoria nacionalista no le parecían dignos de estima. ¿Habla usted únicamente de los demócratas? Le pregunto esto porque yo soy un demócrata.

    -Yo también... No, no hablo sólo de los demócratas. Hablo también de los colectivistas, de los «autoritarios». Todos se prestaban a una farsa. Hacían frases. Dejaban que todas las cosas siguiesen la corriente como buenamente podían. Tenían un pesimismo innato de hombres vencidos. No podían ofrecer al país más que ideas sombrías, veleidades. Estaban dirigidos por los acontecimientos. Desde luego, no, no podían ofrecerme el menor ejemplo.

    Las malas instituciones perjudican a los hombres. Vea la experiencia española de la República: desprovista de autoridad y debilitada por los separatismos, se consideraba a sí misma como un régimen liberal, lo que no le impidió gobernar durante cinco años de su existencia con una severa censura de prensa ni suspender la mayor parte del tiempo las garantías constitucionales.

    -¿Los veteranos de los ejércitos «republicanos» y los responsables políticos de la España «republicana» tienen ahora los mismos derechos que los nacionalistas?

    -Exactamente los mismos. Personalmente, odié siempre la guerra civil. El país entero la ha soportado con odio. No hay nada más terrible en el mundo. Somos ahora un pueblo unido. Hay una sola España. ¡Ninguna discriminación! La victoria ha sido la victoria de todos y la victoria para todos, incluso para los vencidos –me atrevería incluso a decir «sobre todo para los vencidos»–, pues hemos tenido que consentir esfuerzos especiales para darles nuevamente un sitio normal en la nación.

    Últimamente aún, un general del Ejército «rojo», el general Rojo, ha regresado a España. Hubiese podido hacerlo mucho antes. Lo hemos dejado completamente en paz: nadie le pide nada. ¡La guerra civil ha terminado! Hay muchos antiguos «republicanos» que ocupan importantes cargos en nuestro país –altos funcionarios, diplomáticos-. Algunos han formado parte del Gobierno. Otros forman parte de él en la actualidad.

    -¿Durante la guerra civil tenía usted sentimiento de estima para los soldados «republicanos»?

    -Nos parecía terrible la necesidad de luchar entre españoles. Siempre he estimado a todos los militares profesionales y los soldados que luchan.

    -¿Después de la victoria nacionalista la represión no fue demasiado sangrienta?

    -Desde luego, ha habido condenas y ejecuciones después de la guerra de Liberación. Desde luego, debió de haber algunos actos exagerados... Pero los errores fueron escasos. Y se puede afirmar que después de la victoria de mil novecientos treinta y nueve, sólo los delitos de Derecho Común se castigaron.

    Comparemos, por ejemplo, nuestra depuración de entonces con la depuración de mil novecientos cuarenta y cuatro. Su represión ha sido mucho más sangrienta, mucho más violenta que la nuestra. Las cifras de las ejecuciones y de las condenas a penas de cárcel lo demuestran, contrariamente a lo que ocurrió en su país. Nadie ha sido condenado en España «por crímenes políticos». Nadie se ha visto perseguido por causa de sus ideas. Sólo tuvieron que rendir cuenta de sus actos los que habían cometido abusos –saqueos, robos, asesinatos– y los que personalmente habían tenido la responsabilidad de la muerte de inocentes. Hemos tenido que dar ejemplo. El país lo exigía. Pero dichos ejemplos se determinaron con justicia. Personalmente, ¡cuántas veces he conmutado penas, pese a las protestas de algunos exaltados! Se examinaba cuidadosamente cada caso. Basta examinar los expedientes de los juicios de la época para darse cuenta de ello. Últimamente, un grupo de personalidades norteamericanas quiso compulsar nuestros archivos de criminales de guerra. Se interesaban particularmente para la instrucción de los asuntos hecha por las jurisdicciones especiales militares. Estudiaron numerosos expedientes de condenados a muerte. Les pregunté su opinión:

    “Pero –me dijeron- estos hombres hubiesen sido fusilados igualmente y sin excepción por los jueces de los Estados Unidos”.

    “Contesté: Pues bien, he absuelto a tal y cual de estos culpables”.

    Pidieron más expedientes.

    “Estos –dijeron– hubiesen sido fusilados también por nosotros”.

    “Se trata, sin embargo, de gente que ha sido por fin puesta en libertad”, contesté.

    -Sin embargo, hay todavía muchos refugiados políticos.

    -Muchos de ellos quieren seguir en posesión de un estatuto de refugiado político porque en el país donde se asilan dicho estatuto les proporciona ventajas. Muchos, al pasar los años, han enraizado en su tierra de exilio y no se les puede pedir que abandonen situaciones, a veces muy interesantes, para regresar a España, donde tendrían que volver a empezar de nuevo. Un pequeño número de ellos, por otra parte, ha cometido durante la guerra civil delitos de Derecho Común. Por fin, numerosos son los que se dirigen a nuestros Consulados para reclamar la autorización de volver a la Patria, temporalmente o de un modo definitivo. En un noventa y nueve coma nueve por ciento de los casos dicha autorización se concede. España está abierta para todos sus súbditos, sin distinción alguna, salvo para los criminales.

    -Supongamos que pronto la América Latina, por una parte; Europa, por otra, lleguen a unirse en dos Confederaciones auténticas. ¿Hacia cuál de estas Confederaciones se sentiría España más atraída por el corazón, por su interés?

    -No veo ninguna incompatibilidad entre el acercamiento de mi país con las naciones hermanas de la América Ibérica, ni su acercamiento con el Consejo de Europa. Daremos nuestra conformidad completa a todo cuanto pueda acercar a los pueblos, teniendo en cuenta las características singulares de cada uno de ellos.

    -¿Considera usted Ceuta y Melilla, así como el territorio de Ifni, como definitivamente españoles?

    -Definitivamente. En el caso de nuestras plazas de soberanía de África del Norte no ha habido nunca la menor duda, no habrá nunca la menor duda: una presencia española secular e ininterrumpida hace nuestro derecho incuestionable.

    Pero Ifni es igualmente, con toda evidencia, tierra española. Desde la ocupación por los españoles, en el siglo quince, de las islas Canarias, la costa occidental africana, de cabo Guir a cabo Bojador, zona casi desértica, ha sido considerada como zona natural de seguridad. Allí se establecieron numerosas fortalezas y fortificaciones, entre ellas la célebre Santa Cruz de Mar Pequeña, erigida probablemente en el territorio de Ifni.

    En mil ochocientos sesenta, durante la negociación de un tratado de paz entre España y Marruecos, se incluyó un artículo, el octavo, en virtud del cual el Sultán de Marruecos se comprometía a conceder a perpetuidad a España un territorio suficiente para permitir la instalación de una factoría pesquera, como la que España había tenido ahí en otros tiempos. Se trataba en realidad de una cesión auténtica de territorio en una región donde España había ejercido históricamente su autoridad, puesto que el texto del artículo evocaba concretamente la antigua Santa Cruz de Mar Pequeña.

    El emplazamiento de esta fortaleza española se ha considerado durante mucho tiempo dudosa –y ésta era, sin duda, la idea de los negociadores marroquíes del tratado– identificando a Santa Cruz de Mar Pequeña con Agadir, ciudad entonces de poca importancia, que se desarrolló considerablemente más tarde. Esto explica los esfuerzos marroquíes para eludir el cumplimiento de esta cláusula: se trataba de evitar que la cesión de aquel territorio pudiese perjudicar económicamente a Mogador, la ciudad preferida de los Sultanes y el principal centro comercial en aquella época de la zona.

    La diplomacia marroquí, entre otras medidas de aplazamiento, propuso en varias ocasiones otros territorios para compensar el previsto por el tratado de mil ochocientos sesenta. En mil ochocientos ochenta y tres, Marruecos identificó Ifni como territorio cedido a España en virtud del tratado de mil ochocientos sesenta.

    Los límites actuales del territorio de Ifni se encuentran precisados por el tratado de veintisiete de noviembre de mil novecientos doce, que creó el Protectorado de España en Marruecos. Dicho tratado, pese a lo que pueda afirmar el Gobierno de Rabat, obliga plenamente al citado Gobierno. No hay que olvidar, en efecto, que el señor Balafrej puso su firma en la convención diplomática francomarroquí de mil novecientos cincuenta y seis en nombre de Su Majestad el Rey Mohamed V, y que en ella se dice que el Gobierno acepta como valederos todos los tratados que Francia firmó en su nombre. El tratado del Protectorado español, posterior en nueve meses al que establecía el Protectorado francés en Marruecos, y negociado por Francia en nombre del Sultán, se encuentra claramente comprendido entre los instrumentos diplomáticos que Marruecos ha aceptado siempre después de su independencia.

    -¿Cree usted que Gibraltar debe volver a España?

    -Plenamente.

    -¿Sus distracciones favoritas?

    -He practicado todos los deportes en general. Consagro actualmente a la pesca y a la caza todos los días de descanso que me permiten mis actividades. Como violín de Ingres, he elegido la pintura, que me descansa y me distrae, pero sin pretensiones «artísticas».

    -La prensa europea y anglosajona habla a menudo de sus preocupaciones de salud. En estos últimos días se decía que usted debía salir para Suiza, con el fin de someterse allí a una grave operación.

    -¡Que sigan esos rumores! ¡Esto me trae suerte!

    -Excelencia: En mil novecientos treinta y ocho, intenté alistarme en las tropas republicanas. Me lo impidió en el último instante mi edad, diecisiete años. Desde entonces, mis sentimientos no han variado. Si la Historia pudiese volver a empezar, sería aún en las filas de los republicanos españoles donde intentaría con toda mi alma luchar. Dicho esto, en el transcurso de esta entrevista, he comprendido que usted es un hombre digno de estima. Es para mí un deber decírselo, en un sentimiento de honor.

    -Me gusta su sinceridad. He tenido un placer extremo al encontrarle.

    Serge Groussard

    ARRIBA

    Epílogo.
    A través de esta entrevista y de los diversos y variados temas que en ella se producen, se observa la agilidad en las respuestas que a las preguntas de Serge Groussard, –a veces con “cargas de profundidad”–, contesta el Caudillo. Agilidad y una visión que en ocasiones se transforma en profética, y que a pesar del tiempo transcurrido desde la publicación en Le Figaro de París (12 de junio de 1958), o sea al cabo de más de cincuenta y un años, aún siguen siendo válidas y de gran actualidad.

    Interesantísimos los relatos sobre los contactos y las conversaciones mantenidas en la década de los cuarenta con Adolf Hitler, Benito Mussolini y Henri Philippe Pétain. Respecto al encuentro con Hitler en Hendaya, confirma el empeño del Führer en que España entrase en guerra, y no como explican los pseudo historiadores actuales, tales como Paul Preston, Luis María Anson, Javier Tusell y demás tropa antifranquista, acusando a Franco de pretender la entrada de España en la guerra mundial, cuando la realidad es exactamente la contraria. Este episodio está actualmente completamente documentado, tanto en las pruebas escritas como en los testimonios orales. Además Franco no participaba, como él mismo relata, de las convicciones de Hitler sobre la victoria alemana.

    La clarividencia de Franco se puso de manifiesto con el histórico mensaje que dirigió a sir Winston Churchill el 8 de octubre de 1944, a través del embajador de España en Londres, el duque de Alba, y que entre otras cosas le manifestaba al primer ministro británico: “Porque no podemos creer en la buena fe de la Rusia comunista y conocemos el poder insidioso del bolchevismo, tenemos que considerar que la destrucción o debilitamiento de sus vecinos acrecentará grandemente su ambición y su poder, haciendo más necesaria que nunca la inteligencia y comprensión de los países del Occidente de Europa”. “Destruida Alemania y consolidada por Rusia su posición preponderante en Europa y Asia, así como consolidada en el Atlántico y en el Pacífico la de Norteamérica, como nación más poderosa del Universo, los intereses europeos, ante una Europa quebrantada, padeceríamos la más grave y peligrosa de las crisis”. Con el final de la II Guerra Mundial, vino lo que vino: el “paraíso soviético” extendido por todo el Este europeo, Berlín dividido, el muro de la vergüenza. Persecuciones, asesinatos, terror, esclavitud, hambre y miseria, o sea, los grandes logros y objetivos del comunismo. Así en la entrevista mantenida con Serge Groussard, contestaba que ya había presentido este cambio capital, y que el destino del mundo dependería de la evolución de la rivalidad entre los EE.UU y la Unión Soviética.

    Contesta con rotundidad sobre la soberanía española de Ceuta y Melilla, tema que siguen siendo de actualidad, ante las cíclicas y reiteradas pretensiones marroquíes. Curiosamente la soberanía española de las dos ciudades es anterior al nacimiento de Marruecos como Estado, y fue reconocida por los siguientes tratados internacionales: Acuerdo de junio de 1469 entre España y Portugal. Tratado de Cintra de 1509. La Paz de Londres de 1603 y la de Westfalia de 1648. La Paz de los Pirineos de 1659. Los de Nimega de 1678, Utrecht de 1713, La Haya de 1720, Viena de 1725, San Ildefonso de 1777, Versalles de 1783, Aquisgrán de 1784, con Napoleón de 1798, Amiens de 1802 y Fontainebleau de 1807. De tiempos más cercanos es la Conferencia de Seguridad Europea de Helsinki de 1975, que reconocía las fronteras de los Estados asistentes.

    Curioso como la Prensa europea y anglosajona hacían correr rumores sobre una grave enfermedad de Franco, que se tendría que solucionar con una intervención quirúrgica en Suiza. Su Excelencia, con su típica sorna gallega, le contestó: “-¡Que sigan esos rumores! ¡Esto me trae suerte! Pues sí, tuvieron que transcurrir diecisiete años para que los rumores, desgraciadamente, se cumpliesen.

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    Multaj biografoj kaj historiistoj vokis Francan viron. Sur ĉi tiu juĝo iuj aferoj devus esti faritaj pri tia aserto. Vi neniam scios, ĉu serĉante lin aŭ sen serĉi lin, Franko ĉiam surprizis sian interparolanton. Viro de longaj paŭzoj, li sciis kiel aŭskulti. Viro de plilongaj meditoj kaj samtempe de subitaj fulmaj agoj. La itala ambasadoro al Generalissimo Franco en Salamanca en la vintro de 1936, Roberto Cantalupo, priskribis ĝin tiel en sia libro "Fu la Spagna". Ambasciata presso Franco. Febbraio-Aprile 1937 "(Arnoldo Mondadori, 1948):" hispana kapo ĝis piedfingro kaj ĉiuj hispanaj ankaŭ ĉirkaŭ mebloj, tapiŝoj, libroj, skribtablo, inkujo, bildoj, malluma, silenta pavimon kaj pordojn. Ĉio hispana en li trankvila kaj ruza, malvarmeco kaj ĝentileco, tre modera diri bravísimas aferoj emas al soleco, nesubigebla nacia spirito, religio kaj lingvo fiero, amas tre avaraj al fremdaj, katolikismo sen Chateaubriand ... "

    Sed en ĉi tiu verko ni ne proponas klarigi ĉu la lingvo de Franco estis sobra aŭ ne. Kion ni povas meti en memoro estas ke la estro parolis multe, kiam li opiniis necese tion fari, precipe en la frua postmilita jaroj, estante neglektema en liaj lastaj jaroj. La sama estis pro tio, ke li jam rakontis ĉion, kion li volis diri. Dum lia longa permanenta ofico, Francisko Sincera donis sennombrajn intervjuojn al la gazetaro tutmonde, kalkulita okdek intertraktoj li donis al ĵurnalistoj, de finoj de la Krucmilito de Liberigo ĝis la fino de liaj tagoj. Inter ili estas disvastigata opinio inter kleruloj de Franco, kiu povas esti via plej bona intervjuo de Serge Groussard kaj eldonita de la prestiĝa konservativa ĉiutaga franca Lin Figaro responda al ĵaŭdo, junio 12, 1958, en ĝiaj paĝoj 4 kaj 5 , en serio en kiu aperis "Kiuj kuras la mondon" (Chez ceux qui mènent le monde: Franco). La estro devigis grandan parton de liaj respondoj al la intervjuoj, kiujn li havis kun Adolfo Hitlero kaj Benito Mussolini.

    En unu el la konversacioj Franco kun sia kuzo Francisko Sincera Salgado-Araujo, li konfesis pri tiu intervjuo: "Unue, sciu, mi estis malvolonta doni ĝin ĉar ĝi estas ĵurnalo kiu ĉiam traktis malbone la hispana reĝimo; sed nia ambasadoro petis, ke mi konsentas, ĉar la ĵurnalo kompromitis publikigi laŭvorte kion mi respondis en elstara loko. Mi devas agnoski, ke li konservis sian vorton kaj kondutis kun ĉia korekteco. Komence li sendis al mi politikan parolantan demandaron, kiun mi ne ŝatis; Mi diris al li, ke mi devas ŝanĝi ĝin. Subite la ĵurnalisto aperis, demandante al mi novajn demandojn, kiuj estis responditaj laŭ la maniero eldonita la ĵurnalo. "

    TOP

    Intervjuo kun Franko de Serge Groussard publikigita en "Le Figaro" de Parizo.
    - Ĉu vi ricevis ideologiajn influojn en via trejnado kiel ŝtatisto?

    Ne

    - Eĉ ne Mussolini ??

    - Ne eĉ Mussolini solvis la italajn problemojn de Italio. Li moligis originalan kaj potencan ideologion. Sed por ni, la hispanoj, neniu fremda etiko povus esti konsentite. Dum la Respubliko nia lando volis imiti iujn fremdajn reĝimojn. La rezulto estis severa periodo de kaoso.

    Ni serĉis solvon en la kunlaboro de sociaj klasoj, kaj ne en ilia eksedziĝo; en ĝia progresiva alproksimiĝo per ekzisto ĉiam plibonigita por ĉiuj, kaj ne en la senproporca supremacieco de falsa minoritato. Ni malakceptis la farson de la partioj kaj la reĝadon de materiismo. Ni estas urbo, kiu estas gvidata de la spirito. Ni montris ĉi tion en nia civila milito, en kiu, al la fino, multaj hispanoj mortis pro siaj ideoj. Nia nuna reĝimo havas ekskluzive ĝiajn fontojn kaj fundamenton en la hispana Historio, en niaj tradicioj, niaj institucioj, nia animo. Estas ĉi tiuj fontoj, kiuj estis perditaj aŭ poluitaj de liberalismo. La konsekvenco de liberalismo estis la malkresko de Hispanio. La forgeso de la bezonoj de la hispana animo, kiu minacis nin dum la deknaŭa jarcento kaj tro granda parto de la dudek, kostis al ni la perdon de nia imperio kaj desastrosa malkresko. Dum la aliaj mondaj potencoj de tiuj tempoj povis forĝi siajn fortojn, ni enterigis nin en sonĝo de pli ol cent jaroj.

    -Ĉu ne pli ĝuste estas la manko de ĉiuj fundamentaj unuaj materioj, la malriĉeco de sia industrio kaj la malabundeco de sia loĝantaro, kiu tiam haltigis la hispanan ekspansion?

    - Neniel. Bona politiko permesis al ni batali kun egalaj armiloj, ĉar ĉio kreiĝas aŭ ĉio estas anstataŭigita. Ne estis pli ol politika problemo ekde la jaro 1830 ĝis la restarigo de la Monarkio en la jaro okdek cent sepdek, pro la civilaj militoj, kiuj apartigis nin el Eŭropo kaj la industria revolucio. Kiam la Restarigo provis reakiri perditajn tempo kvindek jaroj pasis, kaj baldaŭ poste, en la tempo de la perdo de la lastaj spuroj de la Imperio, nia ekonomio baziĝis en la agrikulturo kaj la grava komerco kun kio estis maldekstre eĉ el niaj kolonioj. La perdo de ĉi tiuj kolonioj havis ekonomiajn konsekvencojn de nekalkulebla graveco. Nia neŭtraleco dum la Unua Mondmilito helpis plibonigi la situacion -Spain havis tiam malpli loĝantoj, sed pliakriĝon okazis inter la militoj pro la permanenta malekvilibro de nia komerco, kiu rezultigis la progresiva devaluación de nia valuto.

    La viroj de la Respubliko ne povis konsideri ĉi tiujn problemojn objektive; Ilia sektismo pelis ilin doni al la politika problemo, koncentrita laŭ klasaj kriterioj, pli grave ol al naciaj interesoj.

    Nia venko ebligis la unuiĝon de potenco, necesa por urĝa ekonomia renovigo kaj por la socia progreso de la nacio.

    Generacio nomis la jaro naŭdek ok -pensadores kaj "diletante" - kontraŭbatalis la generacio de viroj de ago levitaj pro en 1935, kies atingoj rezultigus la ekonomia disvolviĝo de Hispanio.



    Pli pri Francisko Sincera.

    Aliaj artikoloj de la sama aŭtoro.

    Presebla versio

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    -Krom la hispanaj ŝtatistoj de modernaj tempoj estas iuj, kiujn vi admiras?

    - Ĝenerale, la aro de hispanaj politikaj viroj, kiuj regis kaj ke mi sciis, rekte aŭ nerekte, antaŭ la Nacia Movado, ne sciis kiel leviĝi al la okazo. Ne estas, ke eksterordinaraj viroj en Hispanio estis; kio okazis estis, ke la politika sistemo detruis ilin aŭ kondamnis ilin al ostracismo. Ĉi tio okazis, ekzemple, kun Antonio Maura, apartigita de la konspiroj de la partioj. Canalejas kaj Dato, ambaŭ prezidantoj de la Konsilio de Ministroj kaj prestiĝaj ŝtatistoj, estis murditaj. Lin sama okazis en en 1936, kun Kalva Sotelo, la ĉefa kontribuanto al la laboro de Unua de Rivera, "subpremita" de la Policano de la Registaro de la Respubliko, ĉar li estis la kapo de la monarĥia opozicio. Estas bone sciita, ke ĉi tiu afero provokis la Liberigan Premadon. Kaj dum la kurso de la civila milito, figuroj kiel ekzemple Jozefo Antonio Unua de Rivera kaj Victor Pradera, riĉa je promesoj, estis pafita fare de la Ruĝecoj.

    - Kaj ekster Hispanio, la plej elstaraj ŝtatistoj, laŭ via opinio?

    - Por ŝtatisto esti ekzempla, li devas esti homa. Kaj ĉi tio estas kvalito multe pli malabunda ol mi kredus antaŭ ol mi devigite devos trakti problemojn kaj politikajn homojn. Ĉi tiu observo ne rilatas nur al Hispanio.

    - Kion vi pensas pri Hitlero, Ekscelenco?

    -Vi tuŝis homon. Li malhavis de natureco. Li ludis komedion, sed en demando, ĉar ĝi konstante rimarkis. Vi vidos: se mi demandos min, kiu estas la plej kompleta, plej respektinda viro de ŝtato inter ĉiuj tiuj, kiujn mi sciis, mi diros: Salazar. Jen eksterordinara karaktero, por inteligenteco, politika senso, homaro. Lia sola difekto estas eble modesteco.

    "Vi ne renkontis Hitleron pli ol unufoje, en oktobro de 1940?"

    "Jes, en la dudek triono de oktobro, mil nauxcent kvardek, en Hendaye. Mia trajno alvenis malfrue kaj la atendo faris la Führer tre nervozan.

    - Ĉu vi ankaŭ nervis?

    Ne

    "Ĉu Hitlero petis vin iri milite kun li, Ekscelenco?"

    Jes Li provis persvadi min, ke la milito povus konsideri kiel gajnita de la Akso kaj ke tio do urĝa ke Hispanio eniris en la militon siavice, kiel ĝi estis por ni unika ŝanco por renkonti la postulojn je kiu li estis titolita nia lando.

    Mi respondis, ke, laŭ mia opinio, la milito ne finiĝis, malproksime de tio, ĉar la britoj batalos ĝis la fino de siaj fortoj. Eĉ se Britio estis invadita, ili daŭre batalos en siaj kolonioj, en Kanado, ĉie. Krome, mi aldonis, ni ne forgesu, ke malantaŭ Anglujo, malgraŭ sia neŭtraleco, Usono, kun ĝia formidable potenco por milito. Mi rememoris lin, ke koncerne Hispanion, post sia terura civila milito, li bezonis pacon pli ol ion alian. Mi listigis, fine, detale, la grandan kvanton de esencaj produktoj kaj unuaj materioj, kiujn ni mankis.

    -Hitler estis seniluziigita?

    -Libere. Lia bonveno estis varma. Lia adiaŭo estis glacia.

    - Ĉu vi sciis Mussolini multe pli bone ol Hitleron?

    Jes- Ĉu vi sentis pli proksime al la Duce?

    -Mu pli. Mussolini estis homa por ekscelenco. Mi havis inteligentecon kaj koron. Mi sentis tre sinceran korinklinon por li. Kaj lia kruelega sorto multe pli bedaŭras, ĉar antaŭ la milito li alportis multajn avantaĝojn al sia lando.

    -Ĉu vi povus eniri similan aventuron, en junio de 1940, kiam li atakis Francion en la dorso?

    -Tio estis efektive terura eraro. La signo de destino. Por multaj monatoj, Mussolini estis submetita al senĉesa varbajhojn de Hitlero kaj estis tre malfacila por eviti pli longan al la premo de la aliancita, speciale kiel aliancano de Nazia Germanio. La Duce rimarkis, ke la germanoj finos Francion sen li demeti la glavon por helpi ilin. Krome la franca malvenko mirigis lin. Li estis konsternita, sed konvinkita pri germana milita supremacieco. Li konsideris, ke la interesoj de Italio partoprenis en la dua fazo de la konflikto: la sturmo - devige venkinta - kontraŭ Britio.

    Alia kialo puŝis Mussolini helpi Hitleron milite. Ĝi estis lia senso de honoro kaj fideleco. Li subskribis interkonsenton kun Germanio: li devas, baldaŭ aŭ pli frue, stari apud sia flanko.

    Ĉar estis granda reciproka respekto inter la Duce kaj mi mem, li bonkore konsilis al mi pri siaj intencoj. Li skribis min, tiam. Li petis al ni la tutan komprenon kaj la tutan hispanan bonvolon, sed nenion pli. Mi tuj respondis al li, konsilante lin pri neŭtraleco. Mi memoras, ke mi menciis la malnovan dirantan: "Vi scias, kiel komenciĝas la aferoj, ili neniam finas." Mi provis rezoni lin traktante strategiajn problemojn, kiujn li devus alfronti. Ĉu la milita preparado de Italio preta? Eĉ se tiel estus, li devus dividi siajn fortojn inter teatroj de operacioj disigitaj de la maro: eŭropaj kaj afrikaj teatroj. La teatro de Afriko estis dividita en du sektoroj: Libio kaj Tripolitania unuflanke, Abisenio sur la alia.

    [N. A.] Tripolitanian nomiĝas provinco Libia N. limigi al la Mediteranea Maro, de Kaj Cirenaica, la Fezzan kaj de S. O. Tunizio. Ĉefurbo: Trípoli. Ĝi estis invadita kaj aneksita de Italio en 1912. Dum la frua parto de la Dua Mondmilito, Tripolitania estis okupitaj de itala kaj germana fortoj ĝis la venkinta marŝas de la Brita Oka Armeo (1943) de Egiptio ĝis Tunizio metis la landon sub Allied kontrolo. Per la Klopodita Paco de 1947, en kiu Italio rezignis suverenecon super Tripolitania, la teritorio estis konfidita al la brita administrado. En decembro 1951, kun aprobo de Unuiĝintaj Nacioj, ĝi fariĝis parto, kune kun Cyrenaica kaj Fezzan, de la nova regno de Libio. En 1969, la armeo donis progresivan baton, kaj nomumis la prezidanton de la Revolucia Milita Konsilo de Kolonelo Muammar el-Gaddafi.

    Li respondis, ke el sia vidpunkto nur unu teatra operacio estis: Eŭropo. "Se Eŭropo venkas, vi gajnos ĉion. Se Eŭropo perdiĝas, Norda Afriko ne gravas, "li diris al mi. Li aldonis, ke li dankas mian sincerecon amiko, sed tro da itala sxipoj vidita arestita en Ĝibraltaro por la angla kontrolo, kiu vundis la dignon de sia nacio. Krome, li finiĝis, ke la sorto de Eŭropo jam ludis, kaj li vetis al la partio, kiu triumfos sen la plej malgranda dubo.

    - Estis la sekva jaro, Excelenco, kiam vi renkontis Mussolini sur la itala marbordo, en Bordighera?

    -Mi tiel ĝojis pri ĉi tiu renkontiĝo en Italio, ĉar ĝi devis okazigi antaŭ longa tempo. Mussolini fakte promesis min dum la civila milito, ke la unua lando, kiun mi vizitos post la venko de la Movado, estus Italio. Sed la unuaj urĝaj problemoj estis intermetitaj. Tiam, la mondmilito komenciĝis. La cirkonstancoj ne pruntis sin al oficiala amikeca vizito. Tamen, la Duce profunde deziris nian kunvenon. Mi ricevis mesaĝon de li: en memoro pri la promeso de hieraŭ, mi proponis iri por vidi lin ĉe Bordighera. Mi plezure akceptis, kaj ni renkontis la 12-an de februaro, mil naŭcent kvardek unu.

    - Ĉu li ĉiam estis tiel certa pri venko?

    Jes Germanio restis konvinkita ke, danke al la kuraĝo de siaj trupoj kaj iliaj armiloj, kaj danke ĉefe al siaj novaj armiloj, tiam ankoraŭ sekreto, venkus la militon. Sed li jam komprenis, ke la prezo de venko estus terura kaj ke, aliflanke, en la lukto kiel en paco, Germanio estis unu afero kaj alia Italio. Italio ĵus suferis gravajn malsukcesojn kontraŭ Grekio. Ili ne fariĝis katastrofo, sed la Duce devis akcepti germana helpo kaj moralo de la loĝantaro estis trafita, precipe kiel la britaj bombaviadiloj intensigis. Jen kiel antaŭ mia alveno, Génova ricevis duŝon da bomboj, kiuj semis forkonon kaj panikon. La urbo estis simista kaj rugxa. La kreskantaj malfacilaĵoj, la manko de entuziasmo por la milita alianco kun la nazioj klinis la italojn al moralo de perdantoj. Sekve, kvankam asertante ke la nazioj devis finfine triumfi, Mussolini ne ŝajnis tre feliĉa en Bordighera. Li estis laca, lia vizaĝo kortuŝis kaj lia frunto maltrankviliĝis.

    - Li estis sincera kun vi?

    -En kurso! Mi jam diris al vi, ke ĝi estis tre homa, spontanea. Ankaŭ mi kredas, ke mi povas aserti, ke li estas tre proksima al mi - amikeco, kiu estis reciproka ĝis la lasta momento. Ni parolas kun kompleta libereco de eventoj. Li apenaŭ provis persvadi min iri al milito; li komprenis, ke Hispanio nur pensu pri resanigo de siaj vundoj. Mi demandis lin. Mi diris: "Daŭre: Se vi povus eliri de la milito, ĉu vi?" Li ridis, levante siajn brakojn al la ĉielo kaj ekkriis: "Kompreneble, jes, viro, kompreneble!"

    -Did Hitler ne havas la tenton, ĉirkaŭ la jaro mil naŭcent kvardek tri, invadi Hispanion por defali Ĝibraltaron kaj Nordafrikon?

    -Projectis ĝin, efektive, kaj proponis al mi. Sed antaŭ mia rifuzo, li devis rezigni. Mi sciis, ke invadi landon vi devas havi multajn kialojn. Mi ne povis kulpigi la hispanojn kaj mi bone sciis, aliflanke, la animon de niaj homoj kaj ilia Historio.

    -Ĉu ni escepte de la komenca eraro de kaŭzado de la Dua Mondmilito, kio estis, laŭ via opinio, Ekscelenco, la eraroj de Hitlero en la konflikto?

    - Antaŭ ĉio estis komenci la militon kun spirito de sekureco. Mi forgesis, ke ĉiu milito estas aventuro sen ia ajn garantio. Li forgesis la malnovan saĝon, kiun li diras, ĉiam, kiun homo proponas kaj Dio disponigas. Mi forgesis, ke en ĉiu batalo vi devas fidi bonan ŝancon, tiel ke nur Dio povas scii, kiel tio finos.

    Hitlero havis animon de ludanto ... Aliflanke, li tute ignoris la psikologion de la homoj. Li ne komprenis ion ajn de la angla animo, li neniam konsideris la miraklojn kaŭzitajn de neceso. Li ne havis sufiĉe da imago por koncipi la eblojn, kiujn oni proponas al la nacioj atakitaj kontraŭstaze ĉiakoste en milito, sed mortiga. Fine li ne kredis, ke la konflikto povus esti etendita ĝis la universala celo. Se mi kredus, mi reflektus pri la misproporcio de fortoj.

    Li ne pesis la prezon de la batalo. Li ne havis klaran ideon pri la limoj de sia popolo. Li ne preparis sian militon tute aŭ logike. Germanio preparis zorgeme, sed por mallonga milito. Ne por longa konflikto. Hitlero ne konsideras, fakte, ke la milito kontraŭ la Sovetio fariĝus nepra en mallonga tempo. Li fine devis batali sur du frentes, ŝancon por kiu lia milita maŝino ne estis racie preparita. En la Oriento, la strategiaj spacoj estas konsiderindaj. La germanoj ne estis en pozicio manovri konvene per tiaj etendoj. Gravaj militaj faŭltoj estis faritaj. La Wehrmacht havis linion-aparaton kaj ne mekanismon en profundo.

    -Ĉu Hitlero fidis ĝis la fino en venko?

    - En iu maniero, jes. Li ĉiam kredis en la supereco de la germanaj soldatoj, en sia propra milita genio, en la armiloj, kiujn liaj teknikistoj forgesis per determino. Ĉirkaŭ li, la armeaj gvidantoj havis plene konfidon en atomaj armiloj. Mi havis la ŝancon rimarki tion. La amerika bombado malhelpis en la lasta momento la finon de la naziaj atomaj armiloj. Hitlero vivis en la certeco de triumfo.

    - Ĉu vi ne pensis en la tempo de la milito al la flanko de la Akso?

    -Nie. Ne estis devontigo inter niaj landoj, kiuj povus devigi Hispanion partopreni en armita konflikto.

    - Tamen, ĝi estis kun sia kompleta aprobo kaj, eĉ pli, kun sia konstanta subteno, ke la fama Blua Divido iris batali kontraŭ la rusoj ...

    - Ni devas reiri al la komenco de la civila milito. Baldaŭ, ĉi tio ĉesis esti privata afero por la hispanoj. La Ruĝuloj petis la helpon de la komunistoj kaj la socialistoj de ĉiuj landoj. Ili profitigis de la subteno, pli aŭ malpli konfesis, pri multaj potencoj. La Internaciaj Brigadoj iĝis aro de multaj unuecoj, armitaj eksterlande kaj formitaj ekskluzive de fremduloj. Por nia parto, ni ricevis multajn volontulojn, kiuj venis el la tuta mondo. Inter la unua, bataliono de irlandaj katolikoj. Ni kreas novajn unuojn de la Legio. Fine ni akceptas la konkuradon de trupoj de italaj kaj germanaj volontuloj, kaj ilia subteno kontribuis al fini la hispanajn suferojn kiel eble plej frue.

    Tiel, je la fino de la milito, Hispanio havis moralan ŝuldon al ĉi tiuj fremdaj volontuloj. La Movado konsideris, ke ĝi havis kun ili, kaj ĉefe kun la italoj kaj germanoj , sangoŝuldo.

    La hispanaj homoj kutime ĉiam pagas ĉi tiun specon de ŝuldo.

    Kiam la Akso iris al milito kontraŭ la aliancanoj, ni ne pagis nian ŝuldon, ĉar ĉi tio devigus nin batali sen ia kialo kontraŭ nacioj, kiuj neniam kondutis kiel malamikoj de Hispanio kaj kun kiuj ni subtenis kuraĝajn rilatojn. Sed kiam Germanio kaj Italio iris al milito kontraŭ la Sovetunio, la problemo ŝanĝis radikale por ni. La bolŝevistoj ĉiam kondutis kiel malamikoj de nia Movado. Por multaj hispanoj, la lukto efektivigita de la Akso kontraŭ komunismo en la Oriento havis nenion rilatanta kun la germana-itala lukto kontraŭ la okcidentaj aliancanoj. En la Okcidento ĝi estis diskutebla milito. En la Oriento estis krucmilito. Kaj krucmilito en multaj punktoj analogaj al nia. Tial ni konsentis pri rekrutado de volontuloj por batali kontraŭ la bolŝevistoj. Tiel ni povos pagi nian sangan ŝuldon. Ĉi tiuj volontuloj, kolektitaj en Germanio en divido nomata "La Blua Divido", estis enkadrigitaj kaj ruliĝitaj al la rusa fronto sub la flago kaj kun germana armilaro.

    La Blua Divido pagis pli ol la naciisman ŝuldon al niaj amikoj de la tempo de la granda provo.

    Li batalis heroike sur la frentes de Lago Ilmen, Novgorod kaj Leningrado. Multaj estis tiuj, kiuj en iliaj vicoj estis kovritaj per gloro. Multaj estis la mortintoj kaj la vunditoj. Sed la tempo pasis, la forto de la Divido malpliiĝis kaj la konflikto, kiel ĝi daŭris, pliigis la danĝeron de niaj volontuloj alfronti kun la Aliancitaj militaj fortoj, kiuj kunlaboris pli kaj pli proksime kun la rusoj. Estis la danĝero de batali ne nur kontraŭ la komunistoj, la ekskluzivan celon de siaj agoj, sed ankaŭ kontraŭ la usonamerikanoj. Sekve, en 1949 ni esprimis la deziron retiriĝi la Blua Divizio de la teatroj de operacioj. Ĝi estis logika decido, donita la evoluadon de la konflikto.

    "Ŝajnas al mi, Egege, ke vi bone konis Mariscal Pétain.

    -Si, kaj niaj kunvenoj estas malaltaj dum multaj jaroj. La unua okazis en dek nauxcent dudek kvin; por tiam ni kunlaboris en Maroko. Poste mi kutimis vidi lin okaze de miaj vizitoj al Parizo.

    Ni renkontiĝis denove en Madrido, kie la franca registaro sendis lin kiel ambasadoro komence de naŭdek cent tridek naŭ. Ni havis bonegajn rilatojn.

    Kiam la mariscal vokis esti parto de la registaro de Paul Reynaud, en 1940, mi konsilis lin ke ne akceptu.

    "Li estos pelita por ludi norman portanton," mi diris al li. Vi estas la venkinto de Verduno, la plej alta vivanta gloro de Francio. Vi estas la simbolo de venkinta kaj potenca Francio. Vi eble fariĝos la ostaĝo de franca rezigniĝo. Francio ŝajnas gliti kontraŭ malvenko. Vi iras al ofero. Vi suferos amarecon, ke vi tute ne meritas ».

    Li respondis kun emotiva nobelaro. Li estis luma kaj serena. "Mi scias, kio atendas min," li diris. Sed mi estas okdek kvar jarojn. Mi havas nenion por proponi mian landon krom mi. Mia elekto estas farita. Ĉar mi ankoraŭ povas esti utila por Francio oferante min, mi iras ». Li havis tutan spiriton de ofero. Ĝi ne estis pri vortoj.

    - Ĉu vi iam vidis unu la alian denove de tiam?

    "Post mia reveno de Bordighera, mi haltis ĉe Montpellier ĉe la peto de la mariscal. Ni tagmanĝis kune. Mi ĝojis vidi lin denove. Ĝi estis tre amika intervjuo, tre utila, ĉar ĝi donis al ni la ŝancon klarigi iujn miskomprenojn.

    - Kiel vi trovis la mariscalon en Montpellier?

    -Kiam ĉiam, kun nekomprenebla fizika aspekto, la klara spirito. Ĉiam luma kaj serena. Sed li malhavis de politika scio. Kaj - vivante en la memoro pri franca gloro - li ne rimarkis la aktualan situacion en sia lando. Li parolis al mi sen ĉesi pri la estonteco pri la nacia resurgado pri projektoj, li diris: "Mi faros tion, ke ...". Mi pensis pri la ĉeestanta Francio, pri sia tragika subordigo, pri la divido de sia metropolo.

    "Mi finis ekkriante:" Sed, sinjoro Marshal, necese unue zorgas pri la dramoj de la momento. " Li ridis kaj donis al mi la kialon, ripetante: "Estas vera! Ĝi estas vera! "

    Mariscal Pétain estis granda soldato kaj granda franco.

    -La estado de Pierre Laval en Hispanio post la nazia malvenko kaj lia subita foriro por Francio havas ion misteran. Ĉu ĝi estis propravole ke Pierre Laval kapitulacigis al la francaj aŭtoritatoj?

    - Kiam mi eksciis, ke Pierre Laval prenis landon en Barcelono, mi ne supozis dum momento, ke li intencis resti en Hispanio kiel politika rifuĝinto. Li estis ŝtatisto de forta sperto. Ĝi havis, sekve, klara nocio de la problemoj kiujn alfrontis lando kiel Hispanio. Al el nia civila milito ni sciis kiel resti neŭtrala dum la tuta monda konflikto de dek naŭcent kvardek naŭ kvardek kvin, kaj ĉi tio, malgraŭ kelkaj gravaj zorgoj. Tamen, post kiam la malvenko de la Akso estis plenumita, ni devis konsideri la senfundan malamikecon, kiun multaj eksterordinare montris al ni. Ni havis tiam enormajn malfacilaĵojn kun Francio. Ni ne povis pensi pliigi ilin sen devigi naciajn kialojn. Nu, la ĉeesto de Pierre Laval en nia teritorio jam aspektis kiel defio.

    Pierre Laval komprenis ĉion ĉi tre bone. Mi havis la eblecon facile iri al aliaj nacioj malpli elmontritaj ol ni al malfacilaĵoj. Iuj amikoj proponis, ke li enŝipiĝu por Sudameriko. La ŝipo estis preta. Sed Laval diris, ke li volis reveni al Francio. Malgraŭ la insisto de siaj amikoj, li persistis en sia volo kaj iris libere al sia celloko.

    - Ĉu vi vere pensis post la kapitulaco de la Akso, ke Hispanio estis en grava danĝero?

    -En kurso. Ni kredis en danĝero kaj ni rajtas kredi en ĝi. Sed Hispanio pretas protekti sin. Kaj mi sciis, ke la volo de la hispanaj homoj estus unuanima. Estis risko de ekscito kaj provoko, la risko de provo de invado. La tuta Hispanio estus kolektita tuj, kiel ĝi faros fine de la sekva jaro, kiam la Unuiĝintaj Nacioj decidis la sankciojn kontraŭ ni kaj la foriron de ĝiaj ambasadoroj.

    -Ĉu Hispanujo intencas kontribui al monda paco?

    -La vera celo, kiun oni devas atingi, estas la reciproka kompreno de ĉiuj popoloj. Paco naskiĝas de ĉi tiu kompreno.

    - Ĉu vi vidas eblon en Nord-Afriko? Se do, kiaj konkretaj formoj, Ekscelenco, prenus tian kunlaboradon?

    -La pasinteco estis kontraŭdiro inter la interesoj de Hispanio kaj Francio en Nordafriko. La profunda konfuzo, kiun Mogreb spertas, kunigas siajn interesojn.

    Ne ekzistas ebla miskompreno. Ni volas, kiel la aliaj, pacon kaj ordon kaj progreson en islamaj landoj. Ĉi tiu volo, kiu, sen dubo, estas komuna al ni, venas, unue, de la afero, kiun ni havas por la nordafrikanoj, kiuj estas tiom proksime al ni en multaj punktoj. Krome, tio estas la konsekvenco de leĝa koncerno: konservi nian laboron en tiuj landoj, en kiuj ni tiom multe penis, en kiuj ni tiom multe penis fari, en kiuj niaj oferoj, niaj atingoj, estas perceptibles ĉie.

    Nia ofta ofico ankaŭ protektas niajn samlandanojn, kiuj laŭlonge de la Mogreb daŭre kontribuas al progreso. Ni volas garantii vian sekurecon kaj viajn rajtojn. Tiel ni servos la verajn interesojn de Nord-Afriko.

    - Ĉu ĉu ne en la kampo de internacia politiko, ke Hispanujo kaj Francio nun povus mallarĝe kompreni?

    - Kompreneble necesus interŝanĝi vidpunktojn pri ĉiuj aferoj de komuna intereso. Du nacioj de bonvolo ĉiam sukcesas konsenti. Sistemaj kontaktoj inter registaroj ĉiam estas utilaj por la homoj.

    Prenu la ekzemplon de Nordafriko, ĉar ni parolis pri ĝi nun. Hispanio kaj Francio sekvis longajn vojojn, kiuj ne nur diferencas, sed tute diverĝaj. Ofte unu el la du nacioj havis trakti krude kun la konsekvencoj de unuflanka decidoj de la alia, kaj tio, malgraŭ interkonsentoj en 1912 kaj la Konvencio de Burgos, subskribita inter Jordana nobeloj kaj Bérard, la dudek-kvinan Februaro mil naŭcent tridek naŭ. Povus inkluzivi, inter aliaj, la forigo de sultano Mohamed Ben Yusef, kun provizora aliro al la sultanato kaj religia potenco de Sidi Moulay Ben Arafa. Kio estis la rezulto de tiuj "agado laŭ sia propra"? Malordoj, anarkio, sango. Multaj malŝparitaj ŝancoj. Nu, se en la estonteco ni vere komprenis unu la alian, la rezultoj povus esti feliĉaj, la samaj por ni kiel por la Mogreb.

    -Pi povas esperi, ke ni iru al vera Eŭropa Komunumo. Kio estus la rilatoj de Hispanio kun ĉi tiu grupo?

    Mi vidas du malsamaj stadioj, ne nur en la rilatoj de eŭropaj nacioj, sed tutmonda. Unu el ĉi tiuj etapoj ĵus finiĝis. Ni devas konsideri, unuflanke, la pasintecon; Aliflanke, la ĉeestanta.

    Antaŭ la lasta mondmilito ĝi estis la epoko de naciaj rivaloj. Diverĝoj de interesoj faris rilatojn inter landoj subjektoj. La leviĝo de aparta nacio kiel neeviteblan korolario estis la krepusko de la alia. En la politikaj, ekonomiaj kaj militaj kampoj ĝi estis konstanta movado de ekvilibro. Devemo devas respondi al potenco. Al grandeco, servideco. Ĉiu nacio portis sian ludon solece , eĉ kiam li faris aliancojn, ĉar ĉiu lando nur konsideris sian propran intereson. Kaj la "grandaj" de la mondo, ĉiu por si mem, tre zorgis respekti kion ili nomis "la ekvilibro de fortoj"; Ĉi tiu ekvilibro, Dependanta de via propra forto kaj la malsupereco de via najbaro.

    La lasta monda konflagracio profunde modifis tiujn nociojn. La sankta egoismo de la nacioj sekvis la sanktan egoismon de la grupoj de nacioj. En la epoko de naciaj rivaloj, la erao de rivalecoj inter grupoj de nacioj - inter la blokoj -.

    En ĉiu el la blokoj, kiuj monitoras unu la alian, se sola nacio estas en danĝero, ĉiuj aliaj ankaŭ estas. Ĉiuj membroj de la bloko havas la samajn esperojn, la samajn koncernojn, la samajn profundajn interesojn. Ĉiu el ili estas same interesata pri la fakto, ke ĉiuj iliaj najbaroj ĉiam pli potencaj, pli fortaj.

    Mi sentis ĉi tiun ĉefŝanĝon. Pri tio mi parolis klare en letero al Sir Winston Churchill en oktobro 1949. Estas facile koncepti la necesan paŝon de naciismo al supranacionalismo, paŝo, kiu koincidas kun profunda ŝanĝo en la penso kaj la volo de la homoj. De tiu momento estis klare, ke la destino de la mondo dependos de la evoluo de la rivaleco inter Usono kaj Sovetunio.

    - Ĉu vi pensas, ke ni devas resti ĉe la stadio de la blokoj?

    - Eble estos tria etapo, la erao de monda konkordo.

    - Ĉar mi permesas inviti vin konstrui kastelojn en la aero ... Ĉu Via Excelco kredas, ke Francio kaj Hispanio povas kunveni en Konfederacio?

    -Devolvante sisteme niajn rilatojn en la ekonomia kampo, sed ankaŭ kulturaj, ĝi profundigas homajn rilatojn kiam nacioj progresas al konkordo. Ne pezu en mortaj rivaloj en eksterlanda politiko. Trovu, kio povus kunigi nin kaj sincere klopodas disvolvi ĝin. La pli da kompreno ekzistas inter la hispanaj kaj francaj popoloj, kiom pli niaj interesoj proksimiĝos. La kompreno de la nacioj derivas la konkordon de la ŝtatoj. Ĝis nun Hispanujo devis suferi la nekompreneblecon de granda parto de la francaj homoj dum multaj jaroj. La konduto de francaj gvidantoj ofte estis tre malutila al la harmonio inter niaj du landoj.

    Ni devus reiri novajn bazojn.

    - La liberala demokratio ne estas la politika ŝlosilo de la mondon? Ĉu diktatoj, malgraŭ iuj aperoj, apartenas al pasinta politika koncepto?

    -La nomo de "diktatorecoj", de "reĝimo de forto", tiom multaj malsamaj nocioj povas esti koncipitaj!

    Dirite, ĉio kreita devas morti. En homoj, en Naturo ... kaj en politiko.

    Kion vi nomas demokratio estas, se mi ne eraras, la liberala sistemo bazita sur la ludo de parlamentoj kaj partioj.

    Jes

    - Nu, ĉi tiu politika sistemo jam donacis ĉion, kio povus mem. Kaj, fakte, ĉi tiu sistemo amasigis multajn misfunkciadojn kiam la liberalaj registaroj provis solvi la esencajn naciajn problemojn. Antaŭ la fundamentaj problemoj, la kuniĝo, la unueco de la nacio, estas nemalhavebla. Kaj, sen dubo, la multobla parto de la partioj venas al nutri naciajn malkonsentojn pri ĉiuj gravaj aferoj.

    Ne, demokratio havas nenion rilate kun la reĝimo de parlamentaj asembleoj kaj la multoblanco de rivalaj politikaj partioj. Demokratio konsistas ekscii, kio estas la volo de la popolo kaj servi tion.

    Sed, vi kontestas, ĉar la bazo de demokratio konsistas en la registaro de la homoj mem, kaj se la homoj elektis la reĝimon de la partioj? Fakte, ene de ĉiu nacio, la respondeco de la popolo elektas sian politikan reĝimon kaj eĉ sian destinon. Lasu la populara fariĝos, sed ĉiuj en sia domo!

    Tamen ekzistas diferenco inter la reĝimoj. En liberalaj reĝimoj, la intereso de parlamentanoj kaj partioj superas la publikan intereson, dum en vere naciaj reĝimoj ĝi estas la publika intereso, kiu superregas.

    - Ĉu vi konsideras vin, Ekscelenco, kiel diktatoro?

    - Por ĉiuj hispanoj kaj mi mem, kvalifiki kiel diktatoro estas kapableco. Miaj privilegioj, miaj propraj atribuoj, estas multe malpli gravaj ol tiuj, kiujn koncedas la Konstitucio de Usono pri sia Prezidanto.

    Mi konsideras, ke la aktuala reĝimo de la hispana ŝtato estas la plej taŭga por la defendo de la popolo. La populara voĉo estas aŭdata per la vivantaj organismoj de la nacio: la familio, la komunumoj, la sindikatoj. Ĉiu utila elemento de la lando tiel havas sian intervenon en la aferoj, kiuj koncernas ĝin. Kontraŭe, en la parlamenta reĝimo ofte estas la diktatoreco de nekompetenteco.

    Ĉiuj decidoj aferojRoussard respondis, ke li jam sentis ĉi tiun ĉefŝanĝon, kaj ke la sorto de la mondo dependos de la evoluo de la rivaleco inter Usono kaj Sovetunio.

    Li respondas kategorie pri la hispana suvereneco de Sabto kaj Melilo, temo, kiu estas ankoraŭ aktuala, antaŭ la ciklaj kaj ripetitaj maroka pretendoj. Kurioze, la hispana suvereneco de la du urboj estas antaŭa la naskiĝo de Maroko kiel stato, kaj estis rekonita de la sekva internaciaj traktatoj: junio 1469 interkonsento inter Hispanio kaj Portugalio. Cintra Klopodita 1509. La Londono Vestfalia Paco 1603 kaj 1648. La Paco de Pireneoj en 1659. La 1678 Nijmegen, Utrecht 1713, Hago 1720, Vieno 1725, Sankta Ildefonso, 1777 , Versalles 1783, Aachen 1784, kun Napoleono en 1798, 1802 kaj Fontainebleau Amiens 1807. en tempoj pli freŝaj estas la Eŭropa Sekureco Konferenco en Helsinko en 1975, kiu rekonis la limojn de asistantoj ŝtatoj.

    Scivolema kiel la eŭropa kaj anglosaksa gazetaro kuris famojn pri grava malsano de Franko, kiu devus esti solvita per kirurgia interveno en Svislando. Lia Ekscelenco, kun sia tipa galega sarkasmo, respondis: "Lasu tiujn famojn! Ĉi tio alportas al mi sorton! Jes, ĝi prenis dek sep jarojn por ke la famoj bedaŭrinde plenumiĝu.

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