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Historia Blas de lezo i olabarrieta

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  1. #1
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    Blas de Lezo Y Olabarrieta



    BLAS DE LEZO INVICTUS ( La Sinfonía del Uro)



















    BLAS DE LEZO - WIKIPEDIA, LA ENCICLOPEDIA LIBRE

    es.wikipedia.org/wiki/Blas_de_Lezo
    Última edición por LELON; 12/11/2017 a las 10:57

  2. #2
    Arjuna Avatar de Diggernick
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    Hay más héroes nacionales, eh.
    DIDNEY WORLLLL

  3. #3
    rey boniato Avatar de imbecil_detected
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    Que le pasa a ese
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  4. #4
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  5. #5
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  6. #6
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    Cita Iniciado por imbecil_detected Ver mensaje
    Que le pasa a ese
    Que está muerto, como Chiquito.
    QUÉ BONITO TODOS MUERTOS. Algún día yo también me iré.

  7. #7
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    Última edición por LELON; 12/11/2017 a las 00:40

  8. #8
    Lidl PUTÍSIMOS GVNG Avatar de Viriato de Badajoz
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    Cita Iniciado por Diggernick Ver mensaje
    Hay más héroes nacionales, eh.
    El General Menacho que es uno de los más olvidados
    SI VIS PACEM PARA BELLUM
    PUTISIMOS GVNG
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  9. #9
    rey boniato Avatar de imbecil_detected
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    Cita Iniciado por Yo_mismo Ver mensaje
    Que está muerto, como Chiquito.
    Pues ojalá se recuperen
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  10. #10
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  11. #11
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  12. #12
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    Blas de Lefo
    Tengo dos cojones que colgando parecen dos bolsas de Alcampo

  13. #13
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  14. #14
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  15. #15
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    Los Cartageneros se indignan con su Alcalde:
    Destrozan a martillazos la placa de homenaje a Vernon en Cartega de Indias

    EL ALCALDE DE CARTAGENA HIZO CONSTRUIR UNA PLACA EN CONMEMORACIÓN A LA VISITA DEL PRÍNCIPE CARLOS EN LA QUE SE ELOGIA EL "VALOR Y SUFRIMIENTO" DE LOS INGLESES QUE INTENTARON TOMARSE LA CIUDAD EN 1741.





    En noviembre de 2014, el alcalde de Cartagena de India, Dionisio Vélez Trujillo tuvo la ocurrencia, para agradar al heredero de Inglaterra y a su amada duquesa de Cornualles, poner una placa a pies del Castillo de San Felipe, junto a la escultura de Don Blas, con la siguiente inscripción:
    "Esta placa fue develada por sus altezas reales el Príncipe de Gales y su esposa la Duquesa de Cornualles, en memoria al valor y sufrimiento de todos los que murieron en combate intentando tomar la ciudad y el Fuerte de San Felipe bajo el mando del almirante Edward Vernon en Cartagena de Indias en 1741"
    Esta iniquidad ha tenido inmediata respuesta por parte de concejales y también de un espontáneo que arremetió contundentemente contra la placa:
    “Conseguí la mona expresamente para eso. Yo escuché en las noticias que el Alcalde había decidido quitarla y solo me le adelanté a los trabajadores de la Alcaldía”, El hombre estaba indignado por la colocación de la placa y por la llegada del Príncipe Carlos y la Duquesa de Cornualles.
    “No creo haber cometido ningún delito, eso lo iban a quitar de todas maneras”, agregó.
    Jaime Rendón, el espontáneo que golpeó con una maza 40 veces la placa, pidió la dimisión del alcalde 'Dionisio el Hermoso' por la metida de pata. "Con esta placa el consistorio ha traído infelicidad, dolor, vergüenza e indignación a los habitantes de Cartagena. Al alcalde que lo reemplace le sugiero que cambie la placa por la siguiente":
    "En este lugar, corriendo el año 1741, el jefe de la Armada Inglesa, almirante Edward Vernon, cayó humillado con su flota de saqueadores y sus 186 navíos de guerra ante los héroes de Cartagena comandados por Don Blas De Lezo".





    El gobierno de Cartagena ha aprobado una moción considerando una afrenta para la historia de Cartagena honrar a los atacantes ingleses. 16 concejales de 19 posibles, firmaron un documento a través del cual le solicitaban al alcalde Dionisio Vélez retirar la placa.


    .

  16. #16
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    Enorme Don Blas. Se le adjudica esta frase:

    "Todo buen español debería mear mirando a Inglaterra"

    Gran vasco. Mejor patriota.
    Vota EI España Ilustrada. Porque nos merecemos una proyección Global y sin izmierdas.
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  17. #17
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    Una anécdota en la Conmemoración del 200 aniversario de la Batalla de Trafalgar en Reino unido,con gran representación internacional
    La Marina mardó a la fragata 103,había que hablar del nombre.
    y se hizo,su nombre Blas de Lezo






    [size=20]24/06/2005 España participará con su buque insignia, el portaaviones R-11 «Príncipe de Asturias», y con la novísima fragata F-103 «Blas de Lezo», en la revista naval internacional que se celebrará el próximo 28 de junio en Portsmouth con motivo del bicentenario de la batalla de Trafalgar.

    La parada naval es uno de los actos centrales de las celebraciones organizadas por el Reino Unido para celebrar el 200 aniversario de la batalla naval, y para honrar la memoria del almirante Nelson y la de todos los que dieron su vida en la mar. Al evento náutico acudirán buques de guerra pertenecientes a 36 Marinas de todo el mundo, así como buques mercantes, yates, pesqueros, etc. en el que se prevé será un multitudinario acto.

    El Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada, almirante general Sebastián Zaragoza Soto, estará presente en la revista naval junto con los jefes de Estado Mayor de numerosas marinas participantes.

    Nueva silueta de la «Blas de Lezo»

    La fragata F-103 «Blas de Lezo» (cuyo nombre homenajea al insigne almirante vasco que humillara a los ingleses en la defensa de Cartagena de Indias en 1741) es el buque más moderno de la Armada española. El buque acudirá a Portsmouth luciendo además una nueva silueta, que ya dejó ver estos días en la ría ferrolana donde tiene su base.

    La novedad consiste en una adición que a modo de visera cubre la chimenea proel, prolongándose hasta el coronamiento de la superestructura que alberga los paneles del radar Spy-1D. De esta forma se pretende corregir el efecto causado por las exhaustaciones sobre la propia superestructura de estos buques, que muestran un aspecto ennegrecido a causa del hollín. Efecto que se pudo comprobar en la F-101 y la F-102. Es de suponer que de resultar satisfactoria la solución será trasladada al resto de unidades de la serie.








  18. #18
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    HEMEROTECA
    Blas de Lezo, el almirante español cojo, manco y tuerto que venció a Inglaterra
    MANUEL P. VILLATOROABC_ES / MADRID
    Día 25/07/2014 - 15.42h

    ESTE MARINO CONSIGUIÓ RESISTIR EL ATAQUE DE LA SEGUNDA FLOTA MÁS GRANDE DE LA HISTORIA (195 BUQUES) CON SÓLO SEIS NAVÍOS EN CARTAGENA DE INDIAS




    JAVIER TORRES
    Blas de Lezo, el héroe español que humilló a la armada inglesa

    Valiente, honorable, buen estratega… muchos son los adjetivos que se pueden aplicar a grandes héroes como el almirante Nelson, cuyo nombre aún resuena en Gran Bretaña. Sin embargo, también son características de las que pudo presumir Blas de Lezo, un oficialtuerto, cojo y manco de la marina española que consiguióresistir el ataque de 195 navíos ingleses con apenas 6 barcosdurante el Siglo XVIII.
    Esta historia, digna de salir en cualquier película de la conocida saga«Piratas del Caribe», es una de las muchas en las que se ha demostrado la capacidad estratégica de la marina española de la época. Sin embargo, se suma a las docenas de hazañas que han caído en el olvido.
    Cojo, manco, y tuerto

    Blas de Lezo nació en Pasajes, Guipúzcoa, el 3 de febrero de 1687, aunque aún existe controversia sobre el lugar y el año en que vino al mundo. «Las fuentes son confusas y señalan otro lugar posible de nacimiento y otra fecha dos años posterior, pero en lo que no hay duda es que es un marinero vasco que se convirtió en uno de los más grandes estrategas de la Armada española en toda su historia» determinaJesús María Ruiz Vidondo, doctor en historia militar, colaborador del GEES (Grupo de Estudios Estratégicos) y profesor del instituto de educación secundaria Elortzibar.
    Su carrera militar empezó en 1704, siendo todavía un adolescente. En aquellos años, en España se sucedía una guerra entre la dinastía de los Austrias y Borbones por conseguir la corona tras la muerte del rey Carlos II, sin descendencia. «Blas de Lezo había estudiado en Francia cuando esta era aliada de España en la Guerra de Sucesión. Tenía 17 años cuando se enroló de guardiamarina al servicio de la escuadra francesa al mando del conde de Toulouse», destaca el historiador.
    Ese mismo año se quedaría cojo. «La pierna la perdió en la batalla de Vélez-Málaga, la más importante de la Guerra de Sucesión, en la que se enfrentaron las escuadras anglo-holandesa y la franco-española» afirma Vidondo. «Fue una dura batalla en la que una bala de cañón se llevó la pierna izquierda de Blas de Lezo, pero él continuó en su puesto de combate. Después se le tuvo que amputar, sin anestesia, el miembro por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que el muchacho no profirió un lamento durante la operación», cuenta Vidondo.
    LA PIERNA LA PERDIÓ DEBIDO A UNA BALA DE CAÑÓN

    Aunque el combate finalizó sin un vencedor claro, el marino comenzó a ser conocido por su heroicidad. «Blas de Lezo fue elogiado por el gran almirante francés por su intrepidez y serenidad y por su comportamiento se le ascendió a alférez de navío», explica el experto en historia militar.
    El ojo lo perdió dos años más tarde, en la misma guerra, en la fortaleza de Santa Catalina de Tolón mientras luchaba contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya. «En esta acción y tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le alojó en su ojo izquierdo, que explotó en el acto. Perdió así para siempre la vista del mismo, pero quiso continuar en el servicio y no abandonarlo» determina Vidondo. Sin duda la suerte no estaba de su lado, pero Lezo siguió adelante.
    Finalmente, cuando tenía 26 años, el destino volvió a ser esquivo con este marino. «La Guerra de Sucesión había prácticamente finalizado en julio de 1713 con la firma de la paz con Gran Bretaña, pero Cataluña seguía en armas por los partidarios de la casa de Austria. El marino participó en varios combates y bombardeos a la plaza de Barcelona. En uno de ellos, el 11 de septiembre de 1714, se acercó demasiado a las defensas enemigas y recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho que le rompió varios tendones y le dejó manco para toda su vida», determina el experto. Así, y tras quedarse cojo, tuerto y sin mano, Blas de Lezo pasó a ser conocido como el «Almirante Patapalo» o el «Mediohombre». Su leyenda había comenzado.
    Hazañas iniciales

    Una vez finalizada la Guerra de Sucesión, Lezo se destacó por su servicio a España. Una de sus misiones más destacadas fue la que realizó en 1720 a bordo del galeón «Lanfranco». «Se le integró en una escuadra hispano-francesa al mando de Bartolomé de Urdazi con el cometido de acabar con los corsarios y piratas de los llamados Mares del Sur (Perú)», sentencia el historiador.
    «Sus primeras operaciones fueron contra el corsario inglés John Clipperton. Éste logró evitarles y huir hacia Asia, donde fue capturado y ejecutado», finaliza el doctor en historia militar. Por esta y otras hazañas, el rey ascendió al «Almirante Patapalo» a teniente general en 1734. Sin embargo, su misión más difícil llegó cuando fue enviado aCartagena de Indias (Colombia) como comandante general.
    El mayor reto de Lezo

    El mayor desafío de Blas de Lezo se sucedió sin duda en Colombia, donde tuvo que defender Cartagena de Indias (el centro del comercio americano y donde confluían las riquezas de las colonias españolas) de los ingleses, ansiosos de conquistar el territorio. En este caso, los británicos aprovecharon una afrenta a su imperio para intentar tomar la ciudad.
    El pretexto fue el asalto a un buque británico. «En este contexto se produjo en 1738 la comparecencia de Robert Jenkins ante la Cámara de los Comunes, un contrabandista británico cuyo barco, el Rebecca, había sido apresado en abril de 1731 por un guarda costas español, que le confiscó su carga. La oposición parlamentaria y posteriormente la opinión pública sancionaron los incidentes como una ofensa al honor nacional», determina Vidondo. La excusa perfecta había llegado y se declaró la guerra a España.
    Los preparativos se iniciaron, y los ingleses no escatimaron en gastos. «Para vengar la oreja de Jenkins Inglaterra armó toda una formidable flota jamás vista en la historia (a excepción de la utilizada en el desembarco de Normandía), al mando del Almirante inglés Edward Vernon. La armada estaba formada por 195 navíos, 3.000 cañones y unos 25.000 ingleses apoyados por 4.000 milicianos más de los EEUU, mandados éstos por Lawrence, hermanastro del Presidente Washington», afirma el experto en historia militar.
    LOS INGLESES CONTABA CON 195 NAVÍOS, 3.000 CAÑONES Y UNOS 25.000 INGLESES

    Por el contrario, Blas de Lezo no disponía de un gran número de soldados ni barcos para defender la ciudad. «Las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres, 600 indios flecheros, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia (que era la nave Capitana), el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador. La proporción entre los españoles y los ingleses era de 1 español por cada 10 ingleses», explica Vidondo.
    Pero, lo que tenía a su favor el «Almirante Patapalo» era un terreno que podía ser utilizado por un gran estratega como él. Y es que la entrada por mar a Cartagena de Indias sólo se podía llevar a cabo .jpg]mediante dos estrechos accesos, conocidos como «bocachica» y «bocagrande». El primero, estaba defendido por dos fuertes (el de San Luis y el de San José) y el segundo por cuatro fuertes y un castillo (el de San Sebastián, el de Santa Cruz, el del Manzanillo, el de Santiago -el más alejado- y el castillo de San Felipe).
    Lezo se preparó para la defensa, situó varios de sus buques en las dos entradas a las bahías y dio órdenes de que, en el caso de que se vieran superados, fueran hundidos para que no fueran apresados y para que sus restos impidieran la entrada de los navíos ingleses hasta Cartagena de Indias. La guerra había comenzado y el «Mediohombre» se preparó para la defensa.
    Comienza la batalla

    «El 13 de marzo de 1741 apareció la mayor flota de guerra que jamás surcara los mares hasta el desembarco de Normandía. Para el día 15 toda la armada enemiga se había desplegado en plan de cerco. Al comienzo se notó la superioridad británica y fáciles acciones les permitieron adueñarse de los alrededores de la ciudad fortificada», afirma Vidondo.
    «La batalla comenzó en el mar. Tras comprobar que no podían acceder a la bahía, los ingleses comenzaron un bombardeo incesante contra los fuertes del puerto. Blas de Lezo apoyaba a los defensores con la artillería de sus navíos, que había colocado lo suficientemente cerca. Usaba bolas encadenadas, entre otras artimañas, para inutilizar los barcos ingleses», narra el historiador.
    LEZO INCENDIÓ SUS BUQUES PARA OBSTACULIZAR LA ENTRADA DE LOS INGLESES

    Tras acabar con varias baterías de cañones, Vernon se dispuso a desembarcar algunos de sus hombres, que lograron tomar posiciones en tierra. «Luego, el inglés se dispuso a cañonear la fortaleza de San Luis de Bocachica día y noche durante dieciséis días, el promedio de fuego era de 62 grandes disparos por cada hora», determina el experto en historia militar. El bombardeo fue masivo y los españoles tuvieron que abandonar en los días sucesivos los fuertes de San José y Santa Cruz.
    El ímpetu del ataque obligó al español a tomar una decisión dura: «Lezo incendió sus buques para obstruir el canal navegable de Bocachica, aunque el Galicia no prendió fuego a tiempo. Sin embargo, logró retrasar el avance inglés de forma considerable. Blas de Lezo decidió dar la orden de replegarse ante la superioridad ofensiva y la cantidad de bajas españolas», afirma Vidondo.
    A su vez, en Bocagrande se siguió la misma táctica y se hundieron los dos únicos navíos que quedaban (el Dragón y el Conquistador) para dificultar la entrada del enemigo. «El sacrificio resultó en vano, pues los ingleses remolcaron el casco de uno de ellos antes de que se hundiera para restablecer el paso y desembarcaron», sentencia el experto. Las posiciones habían sido perdidas y los españoles se defendían en el fuerte de San Sebastián y Manzanillo. Además, como último baluarte, se encontraba el castillo de San Felipe.
    Vernon se cree vencedor

    Los ingleses habían conseguido acabar con varias fortalezas y asentarse en las bahías de Cartagena de Indias tras pasar los obstáculos puestos por los españoles. Sin duda, sentían la victoria cerca. «Vernon entró entonces triunfante en la bahía con su buque Almirante con las banderas desplegadas dando la batalla por ganada», narra el historiador.
    Vernon envió en ese momento una corbeta a Inglaterra con un mensaje en el que anunciaba su gran victoria sobre los españoles. La noticia fue recibida con grandes festejos entre la población y, debido al júbilo, se mandó acuñar una moneda conmemorativa para recordar la gran victoria. En ella, se podía leer «El orgullo español humillado por Vernon» y. además, se apreciaba un grabado de Blas de Lezo arrodillado frente al inglés.
    La victoria del «Mediohombre»

    Vernon estaba decidido, la hora de la victoria había llegado. Por ello, quiso darle el broche final tomando el símbolo de la resistencia española: el castillo de San Felipe, donde resistían únicamente seis centenares de soldados, según cuenta el historiador. Sin embargo, el asalto desde el frente era un suicidio, por lo que el inglés se decidió a dar la vuelta a la fortaleza y asaltar por la espalda a los españoles. «Para ello atravesaron la selva, lo que provocó la muerte por enfermedad de cientos de soldados, pero al fin llegaron y Vernon ordenó el ataque», sentencia Vidondo.
    Según narra el doctor en historia, el primer asalto inglés se hizo contra una entrada de la fortaleza y se saldó con la muerte de aproximadamente 1.500 soldados a manos de los 600 españoles que consiguieron resistir y defender su posición a pesar de la inferioridad numérica. Tras este ataque inicial, Vernon se desesperó ante la posibilidad de perder una batalla que parecía hasta hace pocas horas ganada de antemano. Finalmente, y en términos de Vidondo, el oficial ordenó una nueva embestida, aunque esta vez planeó que sus soldados usarían escalas para poder atacar directamente las murallas.
    En la noche del 19 de abril los ingleses se organizaron en tres grupos para atacar San Felipe. «En frente de la formación iban los esclavos jamaicanos armados con un machete», explica el doctor en historia. Sin embargo, los asaltantes se llevaron una gran sorpresa: las escalas no eran lo suficientemente largas para alcanzar la parte superior de las murallas. «El ‘Almirante Patapalo’ había ordenado cavar un foso cerca de los muros para aumentar su altura y evitar el asalto», determina Vidondo. Los españoles aprovecharon entonces y acabaron con cientos de ingleses. La batalla acababa de dar un giro inesperado debido al ingenio de un solo hombre, o más bien, «Mediohombre».
    TRAS LA DERROTA, VERNON MALDIJO A LEZO MIENTRAS HUÍA

    El día siguiente, según afirma el historiador,los españoles salieron de la fortalezadispuestos a aprovechar el duro golpe psicológico que habían sufrido los ingleses. En primera línea corría Lezo, cargando al frente de la formación mientras sujetaba el arma con su único brazo. Finalmente, y tras una cruenta lucha, los menos de 600 defensores lograron que el enemigo se retirara y volviera a sus navíos. Ahora, y de forma definitiva, la victoria pertenecía a los soldados españoles y, por encima de todo, a un solo combatiente: el «Almirante Patapalo».
    Después de esa batalla, se sucedieron una serie de intentos por parte de los ingleses de conquistar la plaza fuerte, pero fueron rechazados. «Vernon se retiró a sus barcos y ordenó un bombardeo masivo sobre la ciudad durante casi un mes, pero no sirvió de nada», determina el experto.
    Finalmente, Vernon abandonó las aguas de Cartagena de Indias con, según los datos oficiales, unos 5.000 ingleses muertos. Sin embargo, según determina Vidondo, es difícil creer que la cifra sea tan baja, ya que el oficial tuvo que hundir varios navíos en su huída debido a que no tenía suficiente tripulación para manejarlos y no quería que cayesen en manos españolas. «Cada barco parecía un hospital», afirma el historiador.
    De hecho, y según cuenta la leyenda, Vernon sentía tanto odio hacia el «Mediohombre» que, mientras se alejaba junto a su flota de vuelta a Inglaterra, gritó a los vientos «God damn you, Lezo!» (¡Que Dios te maldiga, Lezo!). Podía maldecir todo lo que quisiera, pero había sido derrotado.
    La mentira del inglés

    Además, según determina Vidondo, a Vernon todavía le quedaba un último mal trago: informar en Inglaterra de que la había perdido la batalla. Al llegar a su tierra, sin embargo, parece que no tuvo valor para dar a conocer la noticia públicamente, por lo que fue pasando el tiempo hasta que, finalmente, sus compatriotas descubrieron el engaño. Cuando salió a la luz, la vergüenza fue tan arrolladora para el país que se tomaron medidas más drásticas para acallar la gran derrota: «El rey Jorge II prohibió todo tipo de publicación sobre la batalla», finaliza Vidondo.
    4 PREGUNTAS A JESÚS MARÍA RUIZ VIDONDO

    M.P.VMADRID
    [size=15]¿Cuáles fueron las últimas palabras de Vernon hacia Lezo tras la batalla?
    Vernon optó por una retirada enviando una carta a Blas de Lezo: «Hemos decidido retirarnos para volver pronto a esta plaza después de reforzarnos en Jamaica». Lezo le contestó: «Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir».
    ¿Qué fue de Vernon una vez acabada la contienda?
    Vernon fue relevado y expulsado de la Marina en 1746, aunque la arrogancia y el orgullo inglés hizo que le enterraran en la Abadía de Westminster, panteón de los héroes, y en su tumba pusieron: «Sometió a Charges, y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria»; lo que era la forma más humillante de ocultar tan vergonzosa derrota.
    ¿Por qué cree que Blas de Lezo ha caído en el olvido en España?
    La historia militar llena las estanterías de las librerías, pero muchas veces se trata de libros que tratan asuntos de fuera de España. Últimamente se han publicado muchos libros sobre Blas de Lezo, pero se lee poco en España y solamente se interesa una limitada cantidad de personas. En los institutos la historia de España se da solamente en 2º de Bachillerato y pensando en la selectividad. Si hoy en día se hiciese una película sobre este personaje pasaría a ser tremendamente conocido. La historia de estos héroes que ha tenido España vende mucho menos que otro tipo de programas o artículos.
    ¿Por qué cree que, mientras que los ingleses estudian por ejemplo a Nelson, en España no se cursa a Blas de Lezo?
    Como he señalado anteriormente se han publicado últimamente algunos libros y artículos sobre este personaje, pero la historia de España no vende ni en los medios de comunicación, ni en la enseñanza en general. Los ingleses están orgullosos de su historia, y a los españoles, que tenemos una historia mucho más rica que la británica, no nos interesa nuestro pasado, solamente lo utilizamos para tergiversarlo o utilizarlo políticamente.





  19. #19
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    Blas de LezoEl marino español cojo, manco y tuerto que humilló a una gigantesca flota inglesa[/size]
    El 13 de marzo de 1741, una de las armadas inglesas más grandes de la historia llegó hasta Cartagena de Indias para expulsar a los españoles
    Sigue el camino de los ingleses (línea negra) hasta Cartagena de Indias y compara las fuerzas presentes y las bajas durante la batalla (estas últimas, en rojo). En el mapa inferior, pincha sobre las distintas ubicaciones para seguir el asedio o sigue la historia por orden con la flecha ubicada a la derecha.
    Un reportaje de Manuel P. Villatoro y César Cervera. Fuentes: F. M. Laínez, H.C. Stevenson, A.M. Roca y L. Hanke.









    http://www.abc.es/historia/abci-blas-lezo-marino-espanol-cojo-manco-y-tuerto-humillo-gigantesca-flota-inglesa-201603150225_noticia.





  20. #20
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    http://www.grandesbatallas.es/batall...%20Indias.html




    BATALLA DE CARTAGENA DE INDIAS (GUERRA DE LA OREJA DE JENKINS)
    BLAS DE LEZO

  21. #21
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    Derrotó a la armada invencible inglesa porque era medio hombre, si hubiera sido un hombre completo ahora en Londres hablarian castellano.
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  22. #22
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  23. #23
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    Por si alguien se deja caer por Gipuzkoa a ver la casa del Almirante http://historiadeguipuzcoa.blogspot....o-pasajes.html
    Lo que no te folles tú se lo follarán los demás.
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  24. #24
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    BATALLA DE CARTAGENA DE INDIAS (GUERRA DE LA OREJA DE JENKINS)
    BLAS DE LEZO

    Comenzaré esta página con un pequeño recuerdo a modo de homenaje a quién fue el artífice de la victoria de la batalla de Cartagena de Indias, uno de nuestros más grandes héroe de la Historia de España, don Blas de Lezo.














    Si queremos recordar momentos heroicos de nuestra armada de guerra, debemos rememorar a un almirante excelente, don Blas de Lezo. Nació en Pasajes, Guipúzcoa el 3 de febrero de 1689. Blas de Lezo pasó a la inmortalidad gracias a su épica, participó en 22 batallas y expediciones, rindió para España decenas de buques del enemigo y jamás nadie pudo decir que se arrodillo ni se humillo ante nadie. Lezo se convirtió en uno de los mejores estrategas de la historia de la Armada Española y en un hombre temido en todos los mares. Los vascos fueron magníficos marineros que han dado momentos brillantes a la Historia de España.


    En 1704 Blas Lezo muy joven, estaba alistado en la marina y recibió su bautismo de fuego. Durante la Guerra de sucesión por el trono en España, en Vélez Málaga, se enfrentaron las flotas francesa y española contra la inglesa y holandesa. En esta batalla, Blas recibe un balazo de cañón que le hiere en una pierna. Los médicos deciden seccionar el miembro sin anestesia. Lezo tiene ahora 15 años y ha perdido una pierna. La valentía y el ardor combativo de Lezo, llamó la atención de sus oficiales, lo que le supuso su primer reconocimiento, ascendiendo a la categoría de alférez de navío.
    En el sitio de Tulón, perdió un ojo mientras defendía el Castillo de Santa Catalina. Una metralla procedente de un proyectil, le provocó el estallido del globo ocular izquierdo.
    1713 perdió el brazo en el segundo sitio de Barcelona. Una bala de mosquete acabó con uno de sus brazos.
    La situación física de Blas de Lezo era más que lamentable. Había perdido un ojo, una pierna y uno de sus brazos , pero seguía en activo, seguía luchando, combatiendo como oficial de la armada española. Blas de Lezo soportó los apelativos de patapalo, mediohombre, etc. Lo soportaba, pero no le gustaba mucho que le llamaran el almirante patapalo.
    En 2005 los ingleses celebraron el 200 aniversario de su victoria de Trafalgar sobre la flota combinada franco-española en Trafalgar. Para el desfile naval, invitaron a las armadas de todo el mundo y España envió un portaaviones y la fragata 103 "Blas de Lezo". Esta fragata, lógicamente no fue elegida al azar. Fue un recuerdo al astuto guipuzcoano que derrotó con su ingenio y valor a una flota inmensa inglesa en Cartagena de Indias. Los historiadores ingleses, siempre han ocultado esta importante derrota; pero la realidad fue la presencia de la Blas de Lezo para amargarles algo su fiesta y tocarles en su orgullo.



    Discurso del Embajador de Colombia en
    inauguración de monumento Blas de Lezo








    Resumen de la Batalla de Cartagena de Indias

    Del 13 de marzo al 20 de mayo de 1741, tuvo lugar La batalla de Cartagena de Indias, entre las armadas española e inglesa. Esta batalla fue decisiva para el desenlace final de la Guerra de la Oreja de Jenkins (1739–1748), uno de los conflictos armados entre el España y Gran Bretaña ocurridos durante el siglo XVIII.
    Esta nueva Armada Invencible de 195 navíos, era mayor que la de Felipe II, y la segunda más grande de todos los tiempos, después de la armada aliada que desembarcó en Normandía en la II guerra Mundial . El ejército inglés, comandado por el almirante Edward Vernon, trató de invadir Cartagena de Indias con 32.000 soldados y 3.000 piezas de artillería. Cartagena estaba defendida por 3.600 soldados y 6 navíos españoles. Inglaterra estaba tan segura de su victoria que el rey inglés mandó acuñar monedas celebrando su triunfo, en las que se leía "la arrogancia española humillada por el almirante Vernon y los héroes británicos tomaron Cartagena, abril 1, 1741 " ..... jajajaj !! ... en ellas aparecía Blas de Lezo representado de rodillas entregando su espada al almirante Vernon, eso sí, un Lezo muy completito con todas sus piernas, brazos y posiblemente ojos ... increíble ¿no?
    La victoria de las fuerzas españolas, al mando del teniente general de la Armada Blas de Lezo, prolongó la supremacía militar española en el Atlántico occidental hasta el siglo XIX.


    Ficha de la Batalla de Cartagena de Indias







    Antecedentes Históricos de la Batalla de Cartagena de Indias

    Era tiempos muy difíciles para España, en el siglo XVIII estábamos involucrados en multitud de conflictos bélicos. En 1713, España había firmado de manera deshonrosa el Tratado de Utrecht, por el que España había perdido las posesiones continentales europeas; pero todavía quedaban las americanas y sus ciudades que se habían convertido en bastiones críticos para asegurar el comercio con América.


    Cartagena de Indias era la ciudad principal en el continente americano para los intereses españoles. Una ciudad bellísima y espléndidamente fortificada, donde los españoles iban a dar una muestra de su valentía y heroísmo en la guerra que pasó a la historia con el nombre de la Guerra de la Oreja de Jenkins. Un conflicto extraño y soterrado por los cronistas.





    DE DÓNDE VIENE EL NOMBRE DE OREJA DE JENKINS

    En las costas de Florida actuaba un pirata llamado Robert Jenkins, que fue interceptado por un guardacostas español, a las órdenes del capitán Juan de León Fandiño. El capitán permitió seguir con vida al pirata y le amputó una oreja; y con la oreja del pirata en la mano, le dijo:
    «Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve».



    Como parte de una campaña de la oposición parlamentaria en contra del primer ministro Walpole, Jenkins compareció en la Cámara de los Comunes en 1738. En su comparecencia, Jenkins denunció el caso con su oreja en la mano. Como consecuencia de esta maniobra política, Walpole se vio obligado a declarar la guerra a España el 23 de octubre de 1739.

    INGLATERRA PREPARA SU FLOTA


    Esto fue considerado como una afrenta en el parlamento británico y los ingleses declararon la guerra

    a España; una oreja iba a provocar una guerra. Pero la verdad no era así, los ingleses encontraron la escusa oficial para declararle la guerra a España ya que Inglaterra trataba de desplazar a España y ocupar su posición para su control marítimo y comercial de los mares atlánticos y arrebatarle a España las mejores posesiones americanas de su imperio.

    Inglaterra organizó una formación de guerra formidable. Preparó y armó una magnífica flota de 195 navíos entre buques de guerra y transporte, la flota más grande jamás vista hasta la armada aliada del desembarco de Normandía. La flota se puso rumbo a Cartagena de Indias, para tomarla al asalto, era el gran objetivo de los ingleses.
    Entre las tropas inglesas estaba el hermanastro de Jorge Washington, el futuro presidente norteamericano, que dirigía un grupo de 4.000 milicianos americanos que iban a participara en la toma de la ciudad.
    Junto con los 195 navíos, viajaban 11.000 soldados de asalto, 15.000 marineros, los 4.000 milicianos americanos y 2.000 macheteros negros jamaicanos. Los macheros serían la vanguardia, la carne de cañón de la Gran Bretaña en su intento de conquistar Cartagena de Indias. Importante resaltar que los ingleses eran los mejores artilleros del momento y que iban a contar, en sus buques, con 3.000 piezas de artillería. Inglaterra iba a atacar con lo mejor que tenía en su armada de guerra, en material y personal de asalto, estaba determinada a la victoria y desplazar a España de su Imperio Americano.

    BLAS DE LEZO ORGANIZA LAS DEFENSAS DE LA CIUDAD


    En aquellos días, Blas de Lezo era el responsable de la defensa de la ciudad. Cartagena de Indias contaba con unas magníficas fortalezas y castillos que protegían la ciudad. Las fuerzas defensoras eran pocas. Lezo disponía de 3.000 soldados del ejército regular español, reforzados con 600 arqueros indios del interior y unas 1.000 piezas de artillería. Esto es todo con lo que se contaba para asegurar que Cartagena de Indias pudiera seguir siendo española durante los próximos años.




    Para el desenlace final de la batalla, resultó decisiva la eficacia de los servicios de inteligencia españoles, que consiguieron infiltrar espías en la Corte Londinense y en el Cuartel General del almirante Vernon. El plan general inglés así como el proyecto táctico de la toma de Cartagena de Indias fueron conocidos de antemano en las Cortes Españolas y por Blas de Lezo. Se dispuso de tiempo suficiente para reaccionar y adelantarse a los acontecimientos.
    El virrey Eslava, jefe político y militar del Virreinato, tenía confianza de que el almirante Torres llegaría a tiempo a Cartagena para atacar a Vernon por la retaguardia, pues la flota española estaba anclada en La Habana a la espera de la llegada de la flota inglesa. Pero Torres nunca llegó a Cartagena .......
    Cartagena no se iba a rendir y Blas de Lezo se decido por la resistencia a ultranza de la ciudad y organizó los recursos disponibles para este objetivo.
    El sabía que tenía pocos recursos, pero aún así pretendía aguantar y resistir con todo lo que tenía. Los 6 navíos disponibles fueron hundidos por los españoles para impedir el movimiento fácil de los barcos enemigos por la bocana del puerto. Antes de hundir los navíos, Blas de Lezo, ordenó desmontar los cañones de las 6 naves y situarlas estratégicamente rodeando la ciudad; las colocó en posiciones claves para.





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    Orden de Combate de la Batalla de Cartagena de Indias

    FLOTA INGLESA





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    RECURSOS ESPAÑOLES



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    Comienza la Batalla de Cartagena de Indias


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    La gran bahía de Cartagena está dividida en dos bahías naturales con problemas defensivos muy diferentes: la Bahía Exterior limitada por la península de Bocagrande, continente, y las islas de Tierrabomba, Barú y Manzanillo; y la Bahía Interior con el puerto colonial, cerrada también por Bocagrande, continente, y por las islas de Manzanillo y Manga.
    El 17 de marzo de 1640, naufragan en la Bocagrande la nave capitana y los galeones Buensuceso y Concepción, de la armada comandada por Rodrigo Lobo da Silva. Los cascos hundidos sirvieron de núcleo colector de arena lo que aceleró la formación de la barra, dificultando la navegación en 1741.
    Después de 1640, las mareas profundizan de manera natural el canal de Bocachica cuyo fondo era de barro. Con un ligero dragado, los más pesados galeones y naves de guerra iniciaron su tránsito entre Barú y Tierrabomba, modificando radicalmente todo el sistema defensivo de la bahía de Cartagena. En 1741, el canal de Bocachica sería el adecuado para los navíos de guerra ingleses de tres puentes.

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    El 13 de marzo de 1741 la imponente flota del almirante Edward Vernon llegaba a la bahía de Cartagena. Vernon ordenó las maniobras oportunas para que las naves inglesas situaran sus flancos frente a las defensas de Cartagena.
    15 de marzo, llegan los primeros buques ingleses a Playa Grande y dos días después fondearon sobre la misma playa 195 navíos, pertenecientes a las tres escuadras, comandadas por el almirante Vernon, contra-almirante Chaloner-Ogle y el capitán en jefe Lestock.
    19 de marzo, los ingleses continúan sin disparar y estudian el campo de operaciones. Algún pequeño intento de desembarco frustrado por la Boquilla sin relevancia.
    20 de marzo, toda la armada inglesa queda anclada en la Punta de Hicacos, muy cerca del puerto de Cartagena; donde estaban los buques españoles Dragón y el Conquistador que impedían el paso a la bahía interior de Cartagena por Bocagrande

    BATALLA DE BOCACHICA



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    Ante la imposibilidad de entrar por Bocagrande, Lestock, al frente de 12 navíos ponen rumbo a Bocachica. Durante la travesía disparan contra la batería de Santiago que disponía de 11 cañones cuyo comandante , el capitán de fragata Lorenzo Alderete, también era el responsable de la batería de San Felipe de Bocachica, con 5 cañones. Fracasaron en su intento de romper el cerco de Bocachica y se mantuvieron disparando contra el castillo de San Felipe de Bocachica.


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    20 de marzo, consiguen desembarcar 500 efectivos cerca de la batería de Santiago y el 21 desembarca el resto del contingente británico.
    Noche del 20 al 21, los ingleses toman la batería de Varadero y con sus cañones disparan a la de Punta de Abanicos. Los españoles abandonan la batería, quedando Campuzano con un sargento y 11 soldados del regimiento de Aragón y dos artilleros. Les responden con cañonazos los buques San Felipe y África, quedando retrasados en reserva el Galicia y el San Carlos.
    3 de abril, 18 buques alineados frente a Bocachica inician un terrible bombardeo para romper las defensas de los castillos de San Luis y San José que cierran su paso a la Bahía exterior. Knowles se dirige a la ensenada de Abanicos para destruir definitivamente la resistencia de Campuzano , que finalmente tienen que retirarse con su escasa tropa al castillo de San José.
    4 de abril , la batería de Abanicos queda completamente destruida y Lestock vuelve al ataque con objeto ahora de destruir el fuerte de San José y San Luis.

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    El 4 y el 5 de abril, los fuertes reciben un intensísimo y prolongado cañoneo. Las tres baterías del fuerte de San Luis, que defendían por tierra y mar quedaron desmanteladas y descubiertas las playas para un desembarco. Las murallas del castillo San Luis se derrumbaron y por la brecha abierta cargaron los ingleses a bayoneta calada desde tierra. Ante la imposibilidad de resistir, se tocó retirada y durante toda la noche continuó el desembarco enemigo.

    BATALLA DE LA BAHÍA INTERIOR



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    Noche del 5 al 6 de abril, Blas de Lezo sitúa los buques Dragón y Conquistador entre los canales del Castillo Grande y Manzanillo con intención de hundirlos para impedir el paso de los navíos ingleses por la entrada de Bocagrande.
    Como parte fundamental de la defensa de Cartagena se planificó el hundimiento de los barcos cuando fuera oportuno, para dificultar la maniobra de la flota inglesa. Se incendió el San Felipe, y se disparó desde el san Carlos nueve cañonazos al África
    para hundirle en la bocana de entrada. Pero los encargados de disparar desde el San Felipe, fueron capturados por la imposibilidad de abandonar el barco antes de que llegasen los ingleses.

    La situación empeoraba para los españoles, y los soldados del fuerte de San José fueron evacuados en pequeñas embarcaciones al castillo Grande y posteriormente a Cartagena.
    11 de abril, los ingleses toman el castillo de santa Cruz que previamente había sido abandonado.
    El 13 de abril a las 9 de la mañana, comenzó el asedio de la ciudad con continuos bombardeos. Simultáneamente otra escuadra asediaba al fuerte Manzanillo. La situación empezaba a ser desesperada para los españoles, les faltaban alimentos y el enemigo no daba tregua.
    Iban pasado los días, y el cañoneo inglés no cesaba, era intenso y continuo, mañana, tarde, noche, mañana ... pero la moral de las tropas españolas estaban a la altura de las defensas de la ciudad, se mantenía intacta y no terminaba de debilitarse.
    Cartagena de Indias fue severamente castigada por la artillería naval inglesa. Pero las defensas seguían soportando todo lo que les llegaba desde los barcos ingleses. Vernon estimó que los españoles resistiría dos o tres días más, no era posible pensar que tan pocos pudieran resistir el empuje y fuego de tantos. Los españoles tenían orden de resistir hasta el final no se les permitía ni un paso atrás, habían clavado la bandera e iban a morir allí, defendiendo la ciudad hasta el final.
    16 de abril, 4 de la mañana, Vernon decidió que se tomaría Cartagena de Indias al asalto, más de 10.000 hombres desembarcaron por la costa de Jefar, los macheteros jamaicanos, los milicianos americanos y las fuerzas regulares inglesas.
    Pero las sucesivas ofensivas inglesas se encontraron con trincheras inexpugnables así como con los mosquetes y bayonetas españolas.
    El 17 de abril, la infantería británica, toman el alto de Popa, a un kilómetro del castillo de San Felipe , auténtico baluarte español en el Caribe.
    Blas de Lezo tomó tres decisiones que fueron decisivas para el desenlace final de la batalla. Mandó excavar un foso en torno al castillo para que las escalas inglesas se quedasen cortas al intentar tomarlo. Ordenó cavar una trinchera en zigzag, evitando que los cañones ingleses se acercasen demasiado. Les envió dos “desertores” que engañaron y llevaron a la tropa inglesa hasta un flanco de la muralla bien protegido, donde serían masacrados sin piedad.

    ASALTO DEFINITIVO AL CASTILLO DE SAN FELIPE DE BARAJAS

    La noche del 19 al 20 de abril se produjo el definitivo asalto al castillo de San Felipe. Tras una potente preparación artillera desde un buque de 60 cañones y bombardas. Vernon intentó asaltar el castillo con unos 10.200 hombres de infantería, organizados en tres columnas, apoyados por los negros macheteros jamaicanos. En frente tenía la batería de San Lázaro de propio castillo de San Felipe y 1.000 hombres muy motivados.


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    La sorpresa fue mayúscula, cuando los ingleses comprobaron que sus escalas eran demasiado cortas y no podían escalar las murallas del castillo. Las tropas inglesas no podían atacar ni huir debido al peso del equipo. Aprovechando esta circunstancia, los españoles abrieron fuego contra los británicos, produciéndose una carnicería sin precedentes.
    Los ingleses no pudieron escalar las murallas pero al amanecer, se encontraron con las bayonetas de unos trescientos soldados de los tercios españoles que saltaban sobre ellos desde sus trincheras. Fue una masacre:
    “…rechazados al fusil por mas de una hora y después de salido el Sol en un fuego continuo y biendo los enemigos la ninguna esperanza de su intento (…) se pusieron en bergonzosa fuga al berse fatigados de los Nuestros los que cansados de escopetearles se abanzaron a bayoneta calada siguiendolos hasta quasi su campo…”
    El error del castillo de San Felipe desmoralizó a los ingleses. El orgulloso y engreído Sir Andrew Vernon había sido incapaz de vencer a unos pocos harapientos españoles capitaneados por un anciano tuerto, manco y cojo.
    El pánico se apoderó de los ingleses, rompieron sus líneas de combate y huyeron despavoridos tras la última carga española hacia sus barcos para protegerse de la furia de la infantería de los tercios.
    Desde el 22 al 25 de abril, decrecieron los enfrentamientos. El 26 los ingleses volvieron a bombardear la ciudad.
    El 9 de mayo, Vernon asumió que era completamente imposible que sus tropas pudieran tomar al asalto la fortaleza de Cartagena de Indias, los disparos de las tropas españolas era una resistencia insalvable para sus fuerzas. Vernon ordenó la retirada, levantar el asedio y volver a Jamaica. Había fracasado estrepitosamente. Tan sólo acertó a pronunciar, entre dientes, una frase: “God damn you, Lezo!”.
    Vernon envío de una última carta a Lezo: “Hemos decidido retirarnos, pero para volver pronto a esta plaza, después de reforzarnos en Jamaica”. A lo que Lezo respondió con ironía: “Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque esta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres.”
    Fueron tantas las bajas inglesas, que tuvieron que abandonar numerosos barcos y hundirlos allí mismo por falta de recursos para poderlos gobernar en la mar, no les quedaban suficientes marineros.
    Hasta el 20 de mayo estuvieron saliendo embarcaciones inglesas de Cartagena. El último en abandonar el sitio fue Lestock. De los 195 buques se contaron en la retirada 186.
    Los ingleses tuvieron 9.500 muertos, 7.500 heridos, perdieron 1.500 cañones y perdieron 50 naves.
    Los españoles sufrieron 800 muertos, 1.200 heridos y perdieron 6 naves. Los fuertes de Bocachica, Castillo Grande y Manzanillo quedaron totalmente destruidas.
    Esto fue un horror para los ingleses, quedaron completamente humillados. La mayor operación de la Royal Navy hasta el momento se saldó también como la mayor derrota de su historia.

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    La falsa victoria de los ingleses en Cartagena de Indias

    A Inglaterra habían llegado noticias erróneas, la información aseguraba que la victoria en Cartagena se había consumado. Vernon , había mandado un correo al rey inglés asegurando que había logrado la victoria, lo que generó una euforia en su país. Pero para su desgracia, lo que consiguió en realidad fue la mayor y más humillante derrota de toda la historia de la Royal Navy, pues perdió 50 naves y 11.000 hombres a manos de una guarnición compuesta por sólo 6 barcos y 3.600 defensores españoles dirigidos por el Almirante español Blas de Lezo. En vista de las falsas buenas noticias remitidas por Vernon, el rey Jorge II ordenó se elaboraran medallas conmemorativas de la supuesta victoria. En las medallas se representaba a un Blas de Lezo, entero y completo con dos brazos, dos piernas, arrodillado ante Vernon. Hubo celebraciones y fiestas basadas en una gran mentira, vamos que se lo pasaron bien durante algunos días; hasta que llegó la verdadera noticia, anunciando la humillante derrota de Vernon antes Blas de Lezo; la realidad heló sus sonrisas ...jajajaj !!

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    Bajas de la Batalla de Cartagena de Indias

    BAJAS EJERCITO INGLÉS



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    BAJAS EJERCITO ESPAÑOL





    Inglaterra Silencia su Derrota en Cartagena de Indias

    La humillación fue tal que el rey Jorge II ordenó a los historiadores ingleses no se escribiera nada de la derrota; y los historiadores ingleses son hegemónicos, lo que ellos no publican no existe. Y como los historiadores no escribieron nada sobre Cartagena de Indias, esta batalla fue injustamente ocultada para la historia.
    Muy pocos españoles han oído hablar de la guerra de la Oreja de Jenkins, en la que los británicos sufrieron quizás, la vergüenza más grande de su historia. La mayoría de españoles de hoy en día no se sienten orgullosos de serlo, mientras a los ingleses les sale el orgullo por las orejas. Sin embargo, algunos ingleses perdieron sus “orejas” por culpa de su derrota ante los españoles.


    Qué fue de Vernon después de su Derrota en Cartagena de Indias

    A su vuelta a Inglaterra y en vista de la cruda realidad, Vernon fue relevado de su cargo inmediatamente y expulsado de la Marina en 1746. A pesar de su profundo descrédito, a su muerte en 1757 se decidió enterrar su cuerpo en la Abadía de Westminster, como si fuera un héroe más de los que allí reposan.

    La falaz leyenda que en su tumba reza :
    “He subdued Chagre, and at Carthagena conquered as far as naval forces could carry victory”
    "Sometió a Charges y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria"

    El monumento muestra una figura de Vernon con ofrenda floral, junto al busto del Almirante. Aparecen trofeos navales , así como de una coraza romana y el club de Hércules.
    Por esta estas acciones militares recibió el agradecimiento de ambas Cámaras del Parlamento. Después de estos servicios se retiró sin título para el ejercicio de publico. Recibió su recompensa, el amor y la estima de todos sus contemporáneos y generaciones posteriores.



    Qué fue de Blas de Lezo

    Blas de Lezo corrió una suerte diferente. Blas quedó muy mal herido por los combates de Cartagena de Indias, murió cinco meses más tarde víctima de las heridas del combate. Y lo lamentable, nadie sabe donde está enterrado. Sus restos quedaron en una fosa común, por lo que su cuerpo no pudo ser enterrado en las condiciones que merecía,Blas de Lezo murió en Cartagena en septiembre de 1741.
    Murió Don Blas sin reconocimiento merecido y además denostado por su rey. Pasados 20 años, recibió su primer reconocimiento con la concesión de un título honorífico en la persona de su hijo. 70 años después se publican las primeras monografías sobre el ilustre marino. Se coloca una placa en su casa de Pasajes. Una escultura , donada por el gobierno español, en Cartagena de Indias; un busto en una calle de San Sebastián y se pone su nombre a una fragata de la Armada Española. Con el paso del tiempo se fue perdiendo su recuerdo para generaciones posteriores. Pero recientemente se ha despertado un gran interés gracias a los nuevos medios de internet.
    Otro ejemplo de la gratitud de los españoles por los que lucharon y murieron por nuestro país. Increíble pero cierto, España le olvidó.

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    No se le pudo rendir el homenaje que él hubiese merecido, se le concedió a título póstumo el marquesado de Ovieco y después muchos navíos españoles llevaron su nombre. Hoy una fragata tipo F100, lleva su nombre.
    Curiosidades del destino, aquel que les humilló fue a Londres a la fiesta conmemorativa de Trafalgar para amargar un poco, en su orgullo a la Pérfida Albión. La fragata F103 Blas de Lezo, participó en las celebraciones del 200 aniversario de la victoria de Trafalgar celebrada por los ingleses. Don Blas había resucitado de sus cenizas .....


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    Si yo tuviera que identificar al perfecto héroe militar, don Blas de Lezo sería mi candidato ideal.
    El problema radica en que los españoles no sabemos ni escribir nuestra propia historia. Todos los niños han oído hablar algo sobre de la Armada Invencible, y quién ha oído algo sobre Blas de Lezo y de la batalla del sitio de Cartagena de Indias. La historia la escriben los hegemónicos historiadores ingleses y nosotros la traducimos. En efecto, si hubiera sido del mundo anglosajón, numerosas películas y libros ya lo habrían inmortalizado como un hombre valiente que a pesar de sus incapacidades físicas por amputaciones de pierna y brazo, y la pérdida de un ojo, salvo a Cartagena de caer en las manos del Inglés.
    Los locales de Cartagena, bromean todavía en la actualidad cuando se le nombra a don Blas de Lezo, agitando los puños cada vez que se menciona su nombre, diciendo : "¡Gracias a él, nosotros no hablamos inglés" .... jajaja!!! !




    Consecuencias de la Batalla de Cartagena de Indias

    La victoria aseguró el comercio con América 60 años más. Los ingleses nunca volvieron, ni a Cartagena ni aparecieron por los puertos del Caribe, que siguieron siendo hispanos hasta que decidieron ser hispanoamericanos. Los mares del Caribe volvieron a convertirse en un lago español. Los españoles pudieron continuar enarbolando la bandera en la inmensidad del océano Atlántico durante 60 años más.
    La hegemonía de la armada española fue tal que el Atlántico se consideró un lago español. Esto ya no volvería a ser igual, ni siquiera después de Trafalgar, cuando los ingleses se convirtieron en los señores del mar.
    Inglaterra ya no volvió a amenazar seriamente al Imperio español, que subsistió todavía un siglo más. España, en cambio, contribuyó años más tarde, con Bernardo de Gálvez, al desmoronamiento de las colonias inglesas en América, cuestión también poco difundida. Pero esto ya es otra historia .....
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    Los Castillos de la defensa de Cartagena de Indias
    Fotografías obtenidas en la exposición en honor de Blas de Lezo en el Museo Naval de Madrid , febrero 2013.


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    Los Cartageneros se indignan con su Alcalde:
    Destrozan a martillazos la placa de homenaje a Vernon en Cartega de Indias

    EL ALCALDE DE CARTAGENA HIZO CONSTRUIR UNA PLACA EN CONMEMORACIÓN A LA VISITA DEL PRÍNCIPE CARLOS EN LA QUE SE ELOGIA EL "VALOR Y SUFRIMIENTO" DE LOS INGLESES QUE INTENTARON TOMARSE LA CIUDAD EN 1741.



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    En noviembre de 2014, el alcalde de Cartagena de India, Dionisio Vélez Trujillo tuvo la ocurrencia, para agradar al heredero de Inglaterra y a su amada duquesa de Cornualles, poner una placa a pies del Castillo de San Felipe, junto a la escultura de Don Blas, con la siguiente inscripción:
    "Esta placa fue desvelada por sus altezas reales el Príncipe de Gales y su esposa la Duquesa de Cornualles, en memoria al valor y sufrimiento de todos los que murieron en combate intentando tomar la ciudad y el Fuerte de San Felipe bajo el mando del almirante Edward Vernon en Cartagena de Indias en 1741"
    Esta iniquidad ha tenido inmediata respuesta por parte de concejales y también de un espontáneo que arremetió contundentemente contra la placa:
    “Conseguí la mona expresamente para eso. Yo escuché en las noticias que el Alcalde había decidido quitarla y solo me le adelanté a los trabajadores de la Alcaldía”, El hombre estaba indignado por la colocación de la placa y por la llegada del Príncipe Carlos y la Duquesa de Cornualles.
    “No creo haber cometido ningún delito, eso lo iban a quitar de todas maneras”, agregó.
    Jaime Rendón, el espontáneo que golpeó con una maza 40 veces la placa, pidió la dimisión del alcalde 'Dionisio el Hermoso' por la metida de pata. "Con esta placa el consistorio ha traído infelicidad, dolor, vergüenza e indignación a los habitantes de Cartagena. Al alcalde que lo reemplace le sugiero que cambie la placa por la siguiente":
    "En este lugar, corriendo el año 1741, el jefe de la Armada Inglesa, almirante Edward Vernon, cayó humillado con su flota de saqueadores y sus 186 navíos de guerra ante los héroes de Cartagena comandados por Don Blas De Lezo".

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    El gobierno de Cartagena ha aprobado una moción considerando una afrenta para la historia de Cartagena honrar a los atacantes ingleses. 16 concejales de 19 posibles, firmaron un documento a través del cual le solicitaban al alcalde Dionisio Vélez retirar la placa.

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    Seguiremos informando.
    Enlace a la noticia
    La historia detrás del hombre que partió la placa a los ingleses
    La polémica placa a los ingleses fue finalmente desmontada




    Los Madrileños ya disfrutan de su Escultura en honor a Don Blas
    Blas de Lezo ya está en Madrid. El sábado 15 de noviembre de 2014 ante la presencia del Rey Don Juan Carlos y multitud de seguidores de la figura del almirante que propinó a la Royal Navy la mayor derrota de su historia.
    Más de mil personas han seguido el acto en los Jardines del Descubrimiento en la Plaza de Colón. Entre los presentes han estado la alcaldesa Ana Botella, el embajador de Colombia y Esperanza Aguirre. En el acto también estuvo el jefe de Estado Mayor de la Armada, almirante general Jaime Muñoz-Delgado
    El embajador de Colombia, Fernando Carrillo, pronunció un emotivo discurso , resaltando que el gran mérito de Blas de Lezo fue no amedrentarse por la superioridad numérica del enemigo. Aseguró que gracias a su valentía, cambió la historia de Colombia, de Iberoamérica y de España.

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    Algunas frases de los discursos pronunciados en el acto:
    "No hay patria sin compatriotas a los que admirar. La patria no es un territorio ni una fecha, es el ideario donde habitan hombres como Blas de Lezo. El sacrificio, esfuerzo y humildad convirtieron al marino en uno de nuestros mejores hombres". Íñigo Paredes, el presidente de la Asociación Monumento a Blas de Lezo, promotora de la escultura mediante cuestación popular.
    "Un gran español y a un marino que venció en todas las batallas en las que participó engrandeciendo el nombre de España. Con sólo seis buques y un puñado de hombres alcanzó su máxima hazaña histórica en 1741" Jaime Muñoz-Delgado. Almirante jefe del Estado Mayor de la Armada .
    "El gran mérito de Blas de Lezo fue no amedrentarse por la superioridad numérica del enemigo. Su valentía, cambió la historia de Colombia, de Iberoamérica y de España". El embajador de Colombia, Fernando Carrillo
    "Esta escultura hace justicia a este español ejemplar, su inteligencia, astucia y valentía convierten a Blas de Lezo en el héroe que toda nación habría querido honrar. Su último triunfo con la inauguración de este monumento, simboliza además la victoria sobre "quienes pretenden imponer el silencio o negar la contribución generosa y leal de todos los pueblos" o sobre aquellos que quieren dar por "caducada una gran nación como es España ". Ana Botella alcaldesa de Madrid

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    EL ALMIRANTE BLAS DE LEZO Y EL PUERTO.





    Seguramente, para la gran mayoría de ciudadanos y ciudadanas, el nombre de Blas de Lezo les es desconocido. Quizá hayan oído hablar de una fragata de la Armada que lleva ese nombre y la gente de la vela sabrá que hay una importante regata nocturna que organiza el Club de Mar Puerto Sherry -el pasado 2008 asistió el actual Marqués de Ovieco, descendiente de Lezo-. Pero, por fortuna, en los últimos meses la figura del insigne marino vasco Blas de Lezo y Olavarrieta (también conocido como El Almirante ‘Patapalo’) ha sido difundida a través de conferencias, artículos periodísticos y radiofónicos, cientos de páginas web -algunas de ellas con errores y anacronismos-, varios vídeos que se pueden visionar enwww.youtube.com y libros como el de Carlos Alonso Mendizábal: Blas de Lezo, el Malquerido, de la Editorial Dossoles o el de José Manuel Rodríguez El Almirante Blas de Lezo, el vasco que salvó el Imperio español, de la editorial Áltera .

    Existe además una plataforma ciudadana que está recabando firmas para que el Ayuntamiento de Madrid le dedique un vial o una plaza al gran almirante, como ya existe en otras ciudades españolas y colombianas, y reconocer así al gran militar –“el terror de los ingleses”, “el marino que surgía de la niebla”– que fue este guipuzcoano de Pasajes.








    La memoria de Lezo es honrada por la Armada Española, donde su nombre se recuerda con el mayor honor que puede rendirse a un marino español, siendo costumbre que exista siempre un navío de la Armada bautizado con su nombre. El último, una fragata de la clase F-100, la Blas de Lezo (F103), que encalló en 2007 durante unos ejercicios de la OTAN en Escocia. Curiosamente, no es el único barco con este nombre que sufre percances, ya que el crucero Blas de Lezo se perdió en 1932 al tocar un bajío frente a Finisterre. (Dibujo: Revista Naval).






    En la imagen, detalle de la estatua erigida en honor de Lezo en Cartagena de Indias (Colombia). Muchas de los cuadros y dibujos existentes del Almirante, procuran disimular desde el punto de vista del autor -como en la fotografía- los defectos físicos del personaje, que











    se fueron acentuando en los distintos frentes en los que participó. Era tuerto, cojo y manco. (Foto Juan Carlos Muñoz).
    Todo lo anterior ha contribuido a que su intensa carrera en la mar y su azarosa vida sean conocidas por un mayor número de personas. Desde su alistamiento como guardiamarina a los 12 años -1701- en la flota francesa, hasta su muerte en Cartagena de Indias (Colombia) en 1741 tras infringir una severa derrota a la imponente armada inglesa del almirante Edward Vernon, participó en numerosas batallas de forma valerosa y con una estrategia fuera de lo común. Fue herido en varias ocasiones y, a los 25 años, había perdido una pierna -sustituida por una de madera-, la movilidad de un brazo y la visión de un ojo.









    La fragata de Blas de Lezo contra el navío Stanhope








    Las diferencias de estrategia que mantuvo con el virrey de Nueva Granada, Sebastián Eslava, en la defensa de Cartagena hizo que éste conspirase contra el marino (en el cuadro de autor desconocido que aparece a la izquierda de este texto) y el rey Felipe V actuase de tal manera que su determinación ocasionó a su familia la ruina económica y social, hasta el punto que ni siquiera pudieron pagarle una sepultura digna, por lo que se desconoce su enterramiento. Incluso después de muerto fue destituido. Finalmente y, pasado un tiempo, fue rehabilitada su figura y el 26 de agosto de 1760 el Rey Carlos III le otorgó, a título póstumo, el Marquesado de Ovieco, que recayó en su hijo Blas Fernando de Lezo y Pacheco, el cual fue investido en diciembre de 1771 por el Rey como maestro de ceremonias de la Orden de los Caballeros de las Grandes Cruces de Carlos III. Gracias a este reconocimiento, los descendientes de Lezo empezaron a obtener privilegios y nombramientos y a emparentarse con la aristocracia del país. Tomás de Lezo y Pacheco murió en Santa Cruz (Bolivia) en 1782, siendo gobernador.



    Un sobrino de los anteriores, hijo de una hermana, llamado Alvarado Lezo, llegó también a ser Almirante. Blas de Lezo y Castro, Marqués de Ovieco, fue nombrado Académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1815. Otro Lezo, José Lezo y Vasco, durante el período 1858 a 1900, año de su muerte, fue Senador vitalicio, además de llevar el título del Marquesado. En la actualidad, el título está regentado por Antonio Marabini y Bérriz. (En reconocimiento de sus servicios al Rey, este le concedió en 1731 como estandarte para su capitana la bandera morada con el escudo de armas de Felipe V, las órdenes del Espíritu Santo y el Toisón de Oro alrededor y cuatro anclas en sus extremos).
    LOS LEZO EN EL PUERTO.
    Tras estas sucintas reseñas, pasamos a la finalidad principal de este artículo, la estancia de los Lezo en El Puerto de Santa María. El almirante ya había estado en 1719-20 y en 1730 en Cádiz. De allí partió, ya viviendo en El Puerto, el 3 de febrero de 1737 hacia Cartagena dirigiendo la que sería la última carrera de Indias y donde encontraría, como ya se ha reflejado, su fatal destino.



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    Tras las investigaciones realizadas en los padrones de la época por Miguel Ángel Caballero Sánchez -historiador de Patrimonio Histórico de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de El Puerto- al que agradezco su constancia y dedicación ya que, sin sus aportaciones, no se hubiesen podido divulgar estos datos que se relatan a continuación, hemos podido saber fehacientemente tras el estudio de los padrones de la Iglesia Mayor Prioral que Blas de Lezo, su mujer, Josefa Pacheco Bustos -una criolla peruana con la que se había casado el 5 de mayo de 1725 en Lima- sus hijos y un criado (¿?) afroamericano llamado Antonio Lezo, vivieron desde 1736 en una casa de la calle Larga, para ser más exactos en Larga, 70, hoy reconvertida en apartamentos de alquiler. Tras su muerte, su viuda -conocida en la localidad como ‘La Gobernadora’- y sus hijos permanecieron en ella hasta la muerte de ésta el 31 de marzo de 1743. (En la imagen, la ‘Casa de la Gobernaora’, hoy Apartamentos ‘Larga 70′).
    A la izquierda, firma del Almirante Blas de Lezo.

    La Excma. Sra. Doña Josefa Pacheco fue enterrada en el Convento de Santo Domingo, sito en la calle del mismo nombre. A partir de esta fecha, los descendientes de Blas de Lezo desaparecen de los padrones portuenses. Durante su residencia en la ciudad, el Cabildo municipal, siendo conocedor del prestigio del almirante, hizo a su familia diferentes concesiones, entre las que destacó una toma de agua para la casa. Hasta hace pocos años, la ciudadanía portuense siguió llamando a la mansión casa de ‘La Gobernaora’. (Texto: Juan Ig. Domínguez Gil).





    Placa conmemorativa descubierta en el día de ayer, situada en la fachada de la casa donde vivió el almirante. (Foto: Vicente González Lechuga).


    DESCUBRIMIENTO DE PLACA.
    El alcalde Enrique Moresco, el almirante de la Flota (Alflot), Juan Carlos Muñoz-Delgado, el contralmirante Juan Rodríguez Garat comandante del Grupo de Unidades de Proyección de la Flota (Congruflot) y la presidenta del Club de Mar Puerto Sherry, Elena Colomer, presidieron ayer sábado, 21 de noviembre de 2009, el solemne acto de homenaje al almirante Blas de Lezo, con el descubrimiento de una lápida en el que fuera su domicilio en El Puerto y que su familia ocupara hasta 1843, en la calle Larga, 70.




    El acto contó con la participación de la Banda del Tercio Sur de la Armada que interpretó la marcha militar ‘Almirante Blas de Lezo’, original del joven compositor Joaquín Drake, quien estuvo presente en el acto. (Foto: Vicente González Lechuga).

  29. #29
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    por Carlos Rilova Jericó
    No se trata de ningún éxito editorial de última hora. De hecho, una de las dos novelas de las que voy a hablar hoy, “Mediohombre”, salió hace un par de años a la palestra y la otra, “Resiste Tucson”, data del año 2010. Pero aún están a tiempo de comprárselas. Basta con que se las pidan a la librería que tengan más mano. Las publicó “Inédita” en su colección “Cuadernos de la trinchera” y parece que esa editorial independiente aún resiste bien y es capaz de mantener abiertos los canales de distribución.

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    Otra cosa, como siempre, es que les merezca la pena comprarse esas dos novelas. ¿Hay alguna buena razón para hacerlo?. ¿Hay alguna buena razón para no hacerlo?.
    En el caso de algunas novelas que han pasado por las páginas de “La novela antihistórica”, una de esas dos preguntas no ha lugar, como se dice en las películas que llaman “de juicios”. Algunas, como bien lo sabrán quienes suelen seguir regularmente “La novela antihistórica”, son un auténtico despilfarro de dinero tirado inútilmente. Otras son casi imprescindibles para formar una buena biblioteca de aficionado a la novela histórica.
    El caso de esas dos, “Mediohombre” y “Resiste Tucson”, firmadas por Alber Vázquez, es especial. Son, en cierto modo, como la revolución francesa vista por Charles Dickens en su “Historia de dos ciudades”. Es decir, son la mejor y la peor clase de novela histórica que existe, hoy por hoy, en el siempre peculiar mercado editorial español.
    Vayamos primero con las buenas razones para no acercarse ni a cien metros de “Mediohombre” o de “Resiste Tucson” con un billete de 20 euros en la mano.
    El estilo delata al autor. Sus intenciones, sus pretensiones y, sobre todo, su forma de ver las cosas. Es difícil engañar a un historiador al respecto. Es difícil porque el historiador se pasa la vida descifrando cosas así en textos más complejos que una novela pretendidamente histórica.
    De la lectura de las páginas firmadas por Alber Vázquez, de su estilo, de su voz literaria, se delata enseguida, y entre otras cualidades poco positivas, arrogancia. Una arrogancia coriácea. La de quien está demasiado seguro de sí mismo. Tanto como jamás debería estarlo una criatura -es de suponer- tan mortal como las demás. De “Mediohombre” y de “Resiste Tucson” sale, en efecto, un lenguaje chulesco, apabullante. Que insulta con una tremenda facilidad. Que carece de paciencia. Que juzga, sumariamente, sin demasiadas pruebas a la vista, y, en función de ese juicio, divide el mundo en personajes bastante planos, “buenos” y “malos” . Los primeros arrogantes, faltones, hombres de esos a los que no se les pone nada por delante. Que están tan seguros y satisfechos de sí mismos como parece estarlo de sí mismo el autor que, al fin y al cabo, los ha creado sobre una, a veces, inexistente base histórica. Los segundos simplemente estúpidos -tanto que a veces rozan el retraso mental-, o ladinos, retorcidos, pensando siempre cómo pueden torpedear los planes -generalmente rubricados con la inefable consigna de “por mis cojones” que no se le cae de la pluma a Vázquez- de los héroes centrales de “Mediohombre” y “Resiste Tucson”.
    Respectivamente el general Blas de Lezo y el capitán Pedro de Allande.

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    A eso queda reducido en sus novelas un complejo pasado como lo es el de los europeos del siglo XVIII.
    Desde ese punto de partida, cualquier cosa es posible. Cualquier cosa que dejará al lector de novelas históricas bienintencionado -es decir, el que acude a ellas para aprender algo de Historia- a los pies de los caballos.
    Probablemente eso a alguien como Alber Vázquez le importa muy poco. Por no utilizar otra expresión más burda. Como esas con las que él resuelve el 25% de novelas como “Mediohombre” o “Resiste Tucson”. De hecho, al autor de esta página le consta que Alber Vázquez opina que, por ejemplo, “El asedio” de Arturo Pérez-Reverte -véase el número de julio de 2010 de esta revista- es una gran novela y su autor puede hacer lo que le dé la gana con el Cádiz de 1812. Hasta poner en su horizonte platillos volantes si, en efecto, le da la real gana. En definitiva, Alber Vázquez no parece tener reparo en suscribir que la Historia es un juguete al servicio de los que quieren convertirse en autores multimillonarios gracias a manejarla como si fuera arcilla para modelar gárgolas. Y, como diría él en su abrupto estilo, al que no le guste… O que se dedique a otra cosa, que para escribir eso que llaman Historia, al parecer, ya están él y otros novelistas como el citado académico de la Lengua.
    Y ese criterio Alber Vázquez lo ha mantenido lealmente contra viento y marea. Saliendo en defensa de un autor -Arturo Pérerz-Reverte- que, parece evidente, lo ha ninguneado de manera notoria. Por ejemplo cuando en el verano de 2010 al novelista murciano le dio por fustigar al doliente público español con otro de sus pseudohistóricos artículos dedicado -cosa rara, muy rara, hasta sospechosa en él- a una victoria y no a una derrota militar española: la de Cartagena de Indias en 1741 que es, precisamente, el tema de “Mediohombre”. La novela con la que Vázquez se ha dado a conocer en España al gran público.
    Así que, como vemos, eso de considerar que las novelas históricas pueden hablar de lo que les dé la gana a sus autores, es para Vázquez un asunto serio. No una niñería, ni mero oportunismo, sino fruto de una decisión recia, viril -digna, se podría decir, de la mismísima muñeca legionaria- de mantener, por siempre, ese criterio firmemente cimentado ante el que sólo cabría arredrarse, callar, retroceder, acatar sumisamente las inapelables palabras de un superior en jerarquía y mando, aceptando que los historiadores, en presencia de novelas como “Mediohombre” o “Resiste Tucson”, mejor nos callamos…
    Sin embargo, el mundo es algo más complejo y no gira en torno a las opiniones, algo primarias, del autor de esas novelas (si acaso alrededor de las de Arturo Pérez-Reverte. Al menos en España). Y es así que “La novela antihistórica” de este mes no acaba aquí. Porque, les guste o no a los autores de bestsellers supuestamente históricos, los historiadores sí tenemos algo que decir respecto a esa materia con la que ellos elaboran sus novelas. Materia que primero elaboramos nosotros y que, por lo menos, podrían tener la cortesía de agradecer, en lugar de, como hacen muchos de ellos, utilizarla mal y displicentemente.
    Es lo que ocurre, por ejemplo, en “Mediohombre”. Parece evidente que algún esfuerzo ha hecho Alber Vázquez por documentarse sobre la vida y hechos del general Blas de Lezo. Al menos se ha tomado la molestia de situarlo en Cartagena de Indias en el año 1741 y enfrentarlo al vicealmirante británico Edward Vernon y no con una invasión de criaturas extraterrestres en, por ejemplo, el año 1954. Sin embargo, más allá de ese mínimo, podemos ir olvidándonos de un buen relato histórico sobre la batalla de Cartagena de Indias. Un arduo asedio que dejó en el más absoluto de los ridículos a la Gran Bretaña de aquella época que, con muy buen criterio, decidió echar cuanta tierra fuera posible encima de aquellos acontecimientos. Innoble actitud que la editorial de “Mediohombre” ha sabido utilizar oportunamente como propaganda para la portada de esa novela.

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    Es cierto que el autor guía al lector a través de capítulos pautados con las fechas claves de ese asedio que se desarrolla, según la mayor parte de las fuentes bibliográficas disponibles, entre el 13 de marzo y el 30 de abril de 1741. Es cierto también que esos capítulos describen de manera general los acontecimientos que realmente tuvieron lugar en esas fechas: la toma de Bocachica y la bahía interior de Cartagena de Indias tras rendir los fuertes exteriores, la aproximación a la ciudad tras atacar y reducir otras posiciones fortificadas, el hundimiento de los barcos al mando del general Blas de Lezo, etc…
    Sin embargo, ahí acaba, al parecer de manera voluntaria por parte del autor, todo parecido entre la realidad histórica y lo que se narra en “Mediohombre”.
    En efecto, esa novela está plagada de errores de bulto que, sumados uno detrás de otro, van a hacer un flaco favor a cualquiera que se haya acercado hasta esas páginas para enterarse de algo sobre esa batalla de Cartagena de Indias que Inglaterra ocultó al Mundo.
    Vamos con el primero de ellos. Está casi al principio de la novela. Se trata de la opinión de Vernon sobre las medidas defensivas que Lezo ha adoptado para cerrarle el paso hacia Cartagena de Indias. El general guipuzcoano -de Pasajes de San Pedro para más señas- había tendido una cadena que, junto con cuatro de los seis barcos bajo su mando, debe cerrar Bocachica. El único punto por el que navíos de alto bordo, como los de la flota de Vernon, podrían aproximarse a su objetivo final: Cartagena de Indias.
    El Vernon de “Mediohombre” opina ante esa táctica, que Blas de Lezo demuestra, una vez más, ser un loco irresponsable. Algo que lleva al historiador directamente a preguntarse, bastante asombrado, ¿por qué debería pensar tal cosa el almirante británico?. Y es que el historiador sabe que cerrar puertos con cadenas para bloquear el paso a un enemigo por mar es una táctica defensiva que un militar como Vernon debería conocer perfectamente. Y temer, por más arrogancia que lo consumiera, como parece ser -en eso todo el mundo, no sólo Alber Vázquez, está de acuerdo- fue el caso de aquel alto oficial británico.
    Ante Constantinopla había una cuando los turcos la tomaron a mediados del siglo XV. Los londinenses, mal que bien, utilizaron la misma táctica durante las guerras angloholandesas de mediados del XVII. Finalmente Pasajes, la localidad natal de Blas de Lezo, estaba defendida desde el siglo XVI por una cadena reforzada con troncos que no facilitaba, precisamente, el acceso a barcos hostiles a aquellas aguas…

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    Naturalmente cadenas como esas servían de poco a menos que estuvieran reforzadas por medio de baterías costeras protegidas correctamente por fortificaciones abaluartadas. Constantinopla no podrá detener a los turcos con su cadena. Tampoco lo harán los londinenes, sufriendo un devastador bombardeo por parte de la flota del almirante Michiel de Ruyter, que cañoneó, sin piedad, las cercanías de Londres tras sortear las defensas inglesas del estuario del Támesis en una de esas arriesgadas operaciones que, cuando salían bien -como la de De Ruyter o la de los corsarios guipuzcoanos en 1555 en Burdeos-, dejaban la moral del enemigo abatida. Pasajes no será la excepción, cayendo, con cadena o sin ella, en manos de la flota del arzobispo francés Sourdis en el verano de 1638, durante el más que fallido asedio contra Fuenterrabía.
    Sin embargo, en el caso de Cartagena de Indias en 1741 las cosas eran bastante distintas. La plaza está defendida no sólo por cadenas que cierran el paso a barcos enemigos sino, como se puede apreciar en cualquier mapa -por ejemplo el que publica Carlos Alonso Mendizabal en su reciente biografía sobre Blas de Lezo-, por accidentes naturales reforzados por una serie de fuertes y castillos abaluartados. Es decir, preparados para resistir fuego artillero enemigo de envergadura considerable y responder al mismo con una eficacia notable.
    De hecho, no resulta difícil apreciar de qué clase de maquinaria bélica estamos hablando si nos fijamos en algunas de las fotografías que ilustran este texto. Son posiciones cortadas en ángulo, como las de La Valeta en Malta. Por tanto ofrecen muy poca superficie al fuego del enemigo, sin que ello merme su capacidad ofensiva contra éste que, de hecho, en casos como el de La Valeta o Cartagena de Indias, quedaba atrapado en un gigantesco laberinto desde el que se le podía responder con un mortífero fuego cruzado.
    Una situación verdaderamente infernal que, por supuesto, convertía la cuestión de un acceso cerrado por medio de cadenas -o cadenas y barcos de guerra que actúan como baterías flotantes- en un problema muy agudo para cualquier general en sus cabales que decidiera atacar una posición tan formidablemente defendida. Como era el caso de la de Cartagena de Indias
    Suponía, para empezar, arriesgar a algunas de sus mejores unidades bajo un fuego implacable contra el que poco podrían hacer y que, más que probablemente, acabaría por hundirlas. Una detrás de otra, según iban siendo enviadas a cortar ese obstáculo. No por ningún motivo en especial, sino porque ese tipo de fortificaciones estaban pensadas, precisamente, para hacer esa función.
    Es lo que se puede apreciar sin dificultad en dos de ellas erigidas no muy lejos de donde vive el autor de “Mediohombre”. El fuerte de Santa Isabel en la entrada de Pasajes, y, en tierra, las magníficamente conservadas murallas de la ciudadela de Pamplona. Basta con ponerse junto a ellas, en el caso del Santa Isabel, que hoy se ha reconvertido en vivienda particular, o caminar por el laberinto de las de la ciudadela de Pamplona, para hacerse una ligera idea de las reducidas posibilidades de supervivencia de aquellos que, como Vernon, se arriesgasen a tomarlas.

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    Ahí, en detalles clave como esos, es donde fallan, estrepitosamente, “Mediohombre” o “Resiste Tucson”. En el caso de esta última, por ejemplo, Alber Vázquez monta una compleja situación con respecto a la instrucción militar de las mujeres que viven en puestos avanzados del Imperio español, como lo fue la que entonces era poco más que una aldea de los indios Pima, apenas cristianizados por los misioneros españoles, y hoy es una de las principales ciudades del estado de Arizona. Las desventuras del cadete Allande, hijo del capitán del presidio Pedro de Allande, enseñando a la hija del sargento Sosa a disparar un mosquete, pueden resultar tiernas o hacernos reír, pero lo cierto es que, como ocurre con las opiniones de Vernon sobre las defensas de Cartagena de Indias -y sus oportunidades reales de batirlas-, no hacen sino revelarnos que Alber Vázquez desconoce detalles básicos de la realidad histórica sobre la que ha decidido erigir sus novelas.
    En efecto, del mismo modo que una cadena cerrando una bahía protegida por fuertes como el de Santa Isabel era un grave problema táctico para cualquier flota hostil, enseñar a disparar a mujeres como las que vivieron en Tucson a finales del siglo XVIII no tiene el más mínimo sentido: la mayor parte de ellas sabían perfectamente cómo funcionaba un mosquete y, sobre todo, cómo se recargaba. Así se pensaba en una época anterior a las armas semiautomáticas o completamente automáticas. En caso de asedio o ataque, se necesitaban tantos brazos para disparar los mosquetes como manos dispuestas a recargarlos para mantener una cadencia de fuego superior a la que podía ofrecer un enemigo carente de esos auxiliares tan valiosos. Macaulay señala, por ejemplo, en su Historia de Inglaterra desde la época de Jacobo II, que las mujeres de los colonos británicos en Irlanda a finales del siglo XVII sabían perfectamente de esas tácticas. Más que nada porque la vida les iba en ello. Lo mismo solía ocurrir, por lo general, con las que vivían en plazas fuertes.
    Bajo esta luz, un buen montón de páginas de “Resiste Tucson” son, sencillamente, absurdas. Por no decir ridículas.
    Tanto como las que el autor de “Mediohombre” malgasta en tratar de convencer a sus lectores de la bestial arrogancia de Vernon, seguro de que su gigantesca flota le asegurará la victoria sobre una plaza fuerte que Vázquez se empeña -absurdamente otra vez- en considerar en inferioridad de condiciones frente a esos centenares de barcos británicos cargados con varios miles de soldados.
    Así es, Vernon sabía -o debería de haberlo sabido como militar del siglo XVIII- que en Cartagena de Indias. se estaba metiendo en la boca del lobo, que iba a introducir millares de libras en material y hombres en una empresa poco menos que desesperada. De hecho, los miles de hombres y la gran cantidad de barcos con los que cuenta no son fruto de ninguna supuesta superioridad británica.

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    La realidad es mucho más truculenta de lo que jamás haya podido adivinar Alber Vázquez: eran sencillamente carne de cañón, a arrojar a las fauces de las formidables defensas cartageneras para tratar de desgastarlas antes de que esa plaza pudiera ser socorrida por mar o por tierra. Algo para lo que los miles de hombres con los que contaban Lezo y el virrey Eslava -las cifras varían de 6.000 sobre el papel a 3.000 sobre cálculos no demostrados de autores como Mendizabal, que Vázquez parece haber aceptado acríticamente- eran más que suficientes para detener ese avance, casi suicida, que lo fiaba todo a la fuerza del número, a que si sacrificaba suficientes hombres ante las murallas de Cartagena de Indias, podría -si todo iba más o menos bien- rendirla en un plazo razonable de, pongamos, algo más de un mes.
    Justo lo que no ocurrió y llevó a Vernon, al Vernon histórico, no al de las novelas, a aceptar -aunque fuera a regañadientes-, a reconocer, que tras más de un mes avanzando penosamente sobre las defensas de Cartagena de Indias, sufriendo considerables pérdidas, no le quedaba más remedio que retirarse de allí…
    Estas son algunas de las principales razones que llevan a desaconsejar la lectura de novelas como “Mediohombre” o “Resiste Tucson”. ¿Hay alguna que permita recomendar su lectura, como decía al principio de este texto?.
    Pues sí.
    Es evidente que Alber Vázquez desconoce la época de la que habla, que su visión del pasado carece de conocimientos elementales que suple a fuerza de frases abruptas, de barra de bar de tercera regional, de simular una seguridad aplastante en lo que está escribiendo, poniéndose en evidencia más de una y más de dos veces. Sin embargo, hay una muy buena razón para seguir otorgándole un voto de confianza: Alber Vázquez ha hecho algo digno de aplauso, algo que muchos autores de novela pretendidamente histórica como los que debe padecer el lector español medio, no han querido, podido o sabido hacer. Es decir, recuperar porciones de nuestra Historia que demuestran que no es tan diferente a la del resto de las potencias europeas, que fuimos tan malos o tan buenos como cualquier inglés, escocés o francés.
    Alber Vázquez, en efecto, ha marcado la diferencia, ha dado un paso en la Transición inacabada, siempre pospuesta, de una Literatura española que, sobre todo en el género de la novela histórica, no parece haber superado los traumas y -lo que es peor- las enseñanzas envenenadas de una de las más mefíticas dictaduras que hayan arraigado en Europa. Ha recordado a muchos que jamás habrían leído una biografía sobre Blas de Lezo, lo que ocurrió en Cartagena de Indias en 1741. Ha recordado también que el imperio español llegó hasta Arizona, hasta casi la mitad de los actuales Estados Unidos para ese público al que parece que le gusta la Historia tanto como temen los libros de esa materia.
    Lo ha hecho mal. Eso no hay quien se lo quite, como acabamos de ver. Ha abundado en viejos errores, como el de la supuesta superioridad británica sobre España en el siglo XVIII, que no existe por ningún lado en los hechos históricos, remitiéndose, si acaso, a un breve período de apogeo de unos cincuenta años, entre 1854 y 1902, en los que Gran Bretaña juega el mismo papel que España hasta 1820.

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    Sin embargo lo ha hecho, y eso es bastante para recomendar la lectura de cualquiera de las novelas que ha publicado. O que vaya a publicar. Con la única condición de que se tomen lo que diga con mucha prudencia. Con muchas preguntas que deberán resolver leyendo libros y artículos de Historia que, de verdad, no son tan temibles ni tan áridos como pudieran creer.
    Al fin y al cabo, ya ven que hay historiadores que nos tomamos la molestia de escribir cosas como “La novela antihistórica” a fin de facilitar tanto como podemos las cosas en ese sentido. Que no se diga que lo hemos hecho en vano…

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    LA GUERRA DEL ASIENTO





    Nació Blas de Lezo el 3 de febrero de 1689. En aquellos tiempos se bautizaba a los niños muy poco después de nacer debido a la elevada mortalidad infantil existente en la época y al temor, según la doctrina católica, de que los niños que muriesen sin bautizar irían eternamente al limbo, sin salvación. Y así, fue bautizado en la parroquia de San Pedro Apóstol, localidad de Pasajes de San Pedro. Esta población, al pie del monte Ulía, pertenece a la provincia de Guipuzcoa y está situada muy cerca de San Sebastián. El sacerdote Juan de Sabaña ofició el bautizo, celebrado el día 6 de febrero, tres días después del nacimiento. Los padrinos de Blas fueron José de Leizaur y María Teresa de Covarrubias.


    Iglesia de San Pedro: Pasajes de España. Acuarela de Thomas Lyde en la década de 1830. Pertenece al Álbum del Siglo XIX, Diputación Foral de Guipúzcoa.
    Esta es la actual iglesia de San Pedro, junto al muelle. En ella se ha conservado una reserva de sepultura a nombre de Blas de Lezo. Pero, aunque se ha conservado una reserva de sepultura, en esta iglesia no fue bautizado Don Blas.



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    Portadas románica (derecha) y gótica (izquierda) de la primitiva parroquia de San Pedro en la localidad de Pasajes de San Pedro, donde fueron bautizados todos los Lezo.
    Actualmente su recinto forma parte del cementerio y se ubica en un elevado próximo a la actual iglesia de San Pedro, que fue construída en 1774, muchos años después del bautizo de Lezo.



    La antigua parroquia de San Pedro estaba enclavada en el altozano donde hoy se encuentra su cementerio, resguardado por un pórtico románico cegado y otro de características góticas que se abren al camposanto. Lezo y sus hermanos, por tanto, no fueron bautizados en la iglesia actual de San Pedro, que empezó a construirse en 1765 y fue terminada en 1774.
    El día que España derrotó a Inglaterra. Pablo Victoria. Editorial Áltera, 2005.
    El pueblo natal de Lezo era una localidad del Golfo de Vizcaya poseedora de un pequeño y abrigado puerto natural de aguas profundas, dedicada casi en exclusiva al mar. Muchos de sus hombres eran duros y experimentados marinos y constructores de grandes embarcaciones. Del furor del mar y de los tempestuosos vientos protegen a la población los montes Ulía y Jaizkíbel. En aquel tiempo, dicha localidad estaba sometido a la jurisdicción de San Sebastián y no será hasta 1805 cuando se unirá a Pasajes de San Juan, que estaba bajo jurisdicción administrativa de Fuenterrabía y localizada justo enfrente al otro lado de la bahía, formando lo que hoy conocemos como una sola población, Pasajes.

    La costa cantábrica vio destacar durante siglos a muchos personajes nacidos en sus tierras. Las gentes del Golfo de Vizcaya han demostrado tradicionalmente una gran vocación marinera. También, por acumulación de experiencia y conocimientos, fue tradicional la construcción naval, favorecida por la abundancia de maderas e industria del hierro. No es de extrañar, por tanto, que proliferaran los astilleros y que la zona fuese durante los siglos XVI y XVII punto de partida de barcos de comercio con las Indias y pesca de bacalao y la ballena en el Atlántico. Hubo bastantes astilleros, además de la actividad comercial y la cornisa cantábrica vio nacer buenos navegantes y marinos que sirvieron en las marinas de guerra de la época.


    Le Passage, Guipuscoa. Bibliotèque Municipale de Toulouse. Grabado que representa la entrada al puerto de Pasajes a principios del siglo XIX. Aún se conserva el torreón circular y, al fondo, el fortín. La casa de los Lezo se encontraba a la izquierda del torreón, muy cerca de él.


    (Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

    En la boca del puerto, muy cerca, casi al lado de la casa natal de Lezo, existía desde el siglo XVI una torre circular de piedra que proporcionaba defensa frente a posibles asaltos enemigos. Pero había algo más en la boca del puerto de Pasajes de San Pedro que muchos años después don Blas de Lezo repetiría en los críticos momentos que le tocaría vivir al final de su vida: la protección de la entrada a la bahía.

    Un siglo más tarde, en 1621, se levantaba el fortín de Santa Isabel, situado a la izquierda del puerto, según se entra en él. Los fuegos de sus baterías defendían muy bien la entrada, ayudados por una cadena que se templaba para no dejar pasar los barcos enemigos, en caso de peligro.

    Correspondió al capitán Villalobos proponer esta peculiar defensa en 1617, que debía situarse a la entrada del canal; estaba fabricada con trozos de mástiles guarnecidos de hierro y trabados, aprovechados de los navíos que allí se habían ido a pique. La cadena se recogía con un torno y con ella se cerraba de noche la boca para impedir la sorpresa, que muchas veces consistía en abrasar los navíos surtos en el puerto mediante algún bajel dotado de artificios de fuego. El trabajo quedó formalizado en 1636.
    El día que España derrotó a Inglaterra. Pablo Victoria. Editorial Áltera, 2005.

    Pasajes de San Pedro tenía considerable pujanza cuando nació Blas de Lezo porque desde el siglo XVI había astilleros que construían barcos para la Corona y pesqueros que faenaban en Terranova. Se construyeron allí naos y carabelas que surcaron el Mediterráneo y navegaban hasta Flandes por el Canal de La Mancha, o se aventuraban por el Atlántico, y posteriormente se construyeron naves de alto bordo para realizar expediciones balleneras cerca de Groenlandia, así como naves destinadas a la llamada Carrera de Indias. En el siglo XVIII, Pasajes se convirtió en un puerto muy importante y dinámico debido a que fue sede de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas y de la Real Compañía de Filipinas, lo que vitalizó mucho el comercio.

    En resumen, la vida de los habitantes de este pueblo giraba en torno a la actividad del puerto.

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    Escudo oficial de Pasajes.


    En el puerto de Pasajes y entre los siglos XVI y XVIII existieron, por lo menos,11 astilleros repartidos entre los términos de Lezo (Real Astillero de Bordalaborda), Pasajes de San Juan (Real Astillero del Barrio Vizcaya), Pasajes de San Pedro (Astillero Público o del Sableo, Berrachocoa, Herrera) y en Rentería (Astilleros de Basanoaga, San Francisco o Capuchinos, Ugarrice, Ribera, Arrabal y Magdalena).
    Don Blas de Lezo y Olavarrieta. Estudio genealógico e historia familiar. María Inés Olaran Múgica. Máster en Derecho Nobiliario y Premial, Heráldica y Genealogía. UNED, España. 2009.
    Esta vocación marinera de Pasajes queda perfectamente reflejada en su escudo heráldico concedido por el rey Felipe V. A la izquierda de estas líneas vemos el óleo representativo del Escudo de Armas de la Villa de Pasajes realizado en 2002 por Pedro Etxeberria Ansa como actualización del diseño oficial que, por encargo del Ayuntamiento, realizó en 1955. El diseño viene de antiguo, como comprobamos a continuación:




    Juan Antohio de Hozes y Sarmiento Chronista de Castilla y Rey de Armas Primario unibersal en todos los reinos de la Magetad Catolica del Sr.Vn. Phelipe (el Animoso) Rey de las españas y emperador de la America Quinto de este nombre (Nuestro Señor que Dios guarde).

    Certifico a los que la presente vieren que en los libros de armería, nobiliarios, Historias, fundaciones de Ciudades, Villas, Lugares de estos reinos que paran en el real Archivo de mi cargo donde se alla el original, Antigüedad y Blasones que a cada una corresponden entre las mas exornadas de Prerogatibas de Lustroso explendor se encuentran las que Ylustran y enoblezen al M.N. y Leal Lugar de Pasages, sus Pasages, sus Blasones y Armas en la forma siguiente:

    La Yllma. y nobilisima Provinzia de Guipuzcoa pte. principal del reino de españa en la europa ocupa en ella el sitio ultimo de la parte septentrional de este reino fue en lo antiguo una de las Provincias comprendidas en el Celebre Cantabria que los Antiguos Geographos llaman Bardulia, entre las Poblaciones mas YIustres que la componen es una de ellas; dos Lugares o sitios que llaman los Pasages dibididas de una porcion del Mar oceano que se introduce por un Canal o separarlas formando un Puerto capaz y seguro para todo genero de embarcaciones. La una de estas Poblaziones esta afecta a la jurisdiccion de la ciudad de San Sebastian y la otra al juzgado de la ciudad de fuenterrabia con los fueros de ellas. Ambas ciudades votan en todas las juntas así Particulares como generales. En todos tiempos an sobre salido sus noblex hixos en defensa de sus Reyes exponiendo sus vidas y haziendas por su lealtad y Amor en cuio reconociemiento con real magnifìcencia los han honorifìcado con estimables honras y concediendo a su Congreso use de las Armas y Blasones siguientes:

    Excudo de gules y en el dos Remos de plata puestos en sotuer y una flor de lix de oro en el angulo superior y en el inferior o punta del escudo quatro ondas de mar de plata y azur sosteniendo de dos sirenas aladas soportes de carnación los cuerpos y rostros y en el medio inferior sus colas de sinople escamadas de plata y surmontado o cubierto de una coronoa de oro y pedreria floreteada y a uno y otro lado varias insygnias, trophios militares, como son vanderas, espotones, alfanges, fusiles, alabardas, partesanas:

    Y para que Conste donde combenga, y ser las Armas expresadas las que pertenezen, y corresponden al referido congreso y Lugar del Pasage, doy la Presente amplificazion en virtud de la Autoridad que para ello tengo del Rey Nuestro Señor para que por ella y sin otro Ynstrumento alguno, use de los referidos Blasones, sin que se lo perturbe ni embaraze Tribunal ni Ministro alguno. Dada en Madrid firmada de mi Mano y sellada en el sello de mis Armas, a veinte y seis dias de Noviembre y Año de mil setecientos treinta y cinco.

    Juan Antonio de Hozes y Sarmiento








    Certificación emitida el 26 de noviembre de 1735 por J.A. de Hozes y Sarmiento, cronista de Castilla. Se conserva en el Ayuntamiento de Pasajes.





    En esta pujante población de vocación marinera nació Blas de Lezo. Era el cuarto de diez hermanos. Su nacimiento se produjo en el seno de una familia de la pequeña nobleza guipuzcoana con algunos marinos entre sus antepasados. También hubo algunos ilustres en la familia: un antepasado de Blas de Lezo, Domingo de Lezo, fue catedrático en Alcalá de Henares y, entre otros cargos, obispo de Cuzco, en Perú.

    El establecimiento de esta familia data de principios del siglo XIII: en 1203 el rey Alfonso VIII de Castilla fundó diferentes villas en lo que hoy es la provincia de Guipúzcoa. Un grupo, a la cabeza del cual se encontraba el capitán Guillermo de Lazón, tomó posesión de unas tierras en Lezo, próximas a Fuenterrabía, donde construyó una casa. Los antepasados de Blas de Lezo solían ser personas destacadas en servicios a la Corona o en cargos eclesiásticos. En los primeros años del siglo XVII (entre 1607 y 1629) se edificó la casa-palacio de Lezo, o Lezo Andia, en expresión muy de la tierra vascongada. El palacio estaba en la localidad de Lezo. La familia era lo bastante potentada como para tener capilla propia en la Iglesia parroquial del pueblo. También tenía escudo de armas, con dos lobos negros en campo de oro y dos luceros en campo colorado.
    Vinculados al mar desde muy antiguo, por haberse desarrollado su vida en este contexto geográfico, entre las localidades de Lezo, Pasajes y San Sebastián, don Blas de Lezo tenía impreso, el carácter emprendedor y cosmopolita que presentaban las gentes que vivían en esta zona geográfica, cercana a la frontera francesa y que día a día tenían contacto con individuos de los más diversos orígenes geográficos, que llegaban a sus puertos y se mezclaban con las gentes del lugar. A su vez, el carácter luchador, por estar situados en zonas de peligro constante amenazados por la invasión de otros pueblos como los franceses, forjó la personalidad de este héroe y marcó toda su vida y sus intrépidas acciones.
    Don Blas de Lezo y Olavarrietea. Estudio genealógico e historia familiar. María Inés Olaran Múgica. Máster en Derecho Nobiliario y Premial, Heráldica y Genealogía. UNED, España. 2009.
    Un bisabuelo de Blas de Lezo por línea paterna, llamado Pedro de Lezo Lizardi, era capitán de la Armada y propietario del galeón Nuestra Señora de Almonte y San Agustín, galeón que iba a Tierra Firme, en las Indias, y traía plata a la península.

    El abuelo de Blas de Lezo en la misma línea, Francisco de Lezo Pérez de Vicente, capitán de la Armada, litigó su hidalguía ante la justicia ordinaria de San Sebastián (los ascendientes de Francisco de Lezo ya habían probado su hidalguía pero los documentos desaparecieron por la invasión francesa en la guerra de 1638). El expediente de nobleza fue ganado en 1657.

    Así pues, Blas de Lezo nació cerca del mar, en un pueblo volcado al mar y en el seno de una familia con vinculación marinera. Su vida, en la que demostró un elevado sentido militar del deber, y su muerte, lejos de la península, sucederían igualmente junto al mar.

    El padre de nuestro marino, llamado Pedro Francisco de Lezo y Lizárraga, era capitán de la Armada y natural de Pasajes de San Pedro.

    La madre, llamada Agustina de Olavarrieta y Ubillos, era natural de San Sebastián.

    Agustina y Pedro Francisco, sus padres, se habían casado en San Sebastián en 1683. Los hijos de este matrimonio fueron, por orden de nacimiento:
    Manuel Alberto
    Agustín Cruz
    Pedro Francisco
    Blas, nuestro marino, don Blas de Lezo y Olavarrieta
    José Antonio Jacobo
    María Josefa
    Teresa Antonia
    José Antonio
    María Joaquina
    Francisco

    En el trascurso del siglo XVII la casa solar pasó a ser propiedad de la familia Muru y Lezo, y posteriormente de la familia directa de don Blas de Lezo y Olavarrieta. En 1638 la casa es incendiada tras la ocupación del puerto por parte de las tropas francesas. A partir de entonces, la decadencia económica de la familia afectaría directamente a sus posesiones, quedando en estado ruinoso el solar originario de los Lezo a finales del siglo XVII. Cuando la rama familiar se trasladó desde Lezo a Pasajes instaló su casa en la que hoy es calle San Pedro nº 32. El edificio es de sillería y está situado en pleno casco histórico junto al puerto, cerca de la Cofradía de Pescadores y de la iglesia parroquial. Sería en esta casa de Pasajes y no en la localidad de origen de los Lezo donde nacería nuestro marino.

    En el siglo XVIII se abrió un paso, salvado mediante un arco, para facilitar el acceso hacia la nueva iglesia parroquial cuya construcción data de 1774. Por el arco pasaban los peregrinos del Camino de Santiago, el que se hace por la costa. En el interior del arco existe hoy, fabricado en piedra, un escudo de armas con los cuatro cuarteles de los Lezo antiguos de la localidad de Lezo en el centro. Al lado, una placa en homenaje a Don Blas, en la que se lee Al heroico marino Don Blas de Lezo 1689-1741 Hijo Ilustre de Pasajes, junto a la fecha de la placa 11-11-1955.

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    Imágenes actuales de la casa natal de Blas de Lezo en Pasajes, Guipúzcoa. Abajo, localización de la casa mediante Google Earth.


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